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A paso de banderillas

Pepín, o cuando la plaza corea tu nombre…

Por Lázaro Echegaray - Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Volvía tras mucho tiempo Pepín Liria a Pamplona. Todos pensábamos que se le esperaba con las mismas ganas que antaño. Pero no hubo ovación de bienvenida antes de iniciar el paseíllo, ni llegando el torero al callejón. Pepín fue, y el que tuvo retuvo, uno de los toreros más queridos y más respetados del escalafón. Por el toro que mataba y por la verdad con la que siempre lo hacía. Se enfrentaba ayer a un encierro que no formaba parte de su mapa de ganaderías cuando estaba en activo. Y la corrida fue exigente. Quizás Pepín se acordó de los hierros que fueron porque las cosas no se pusieron fáciles. Complicado el que abría plaza, el murciano se vio atropellado en más de una ocasión, pero siempre resolviendo. Más potable parecía su segundo que le permitió confiarse. Fue faena en 4 tandas. No 4 tandas cualesquiera. Sucedieron en el anillo, a toro embarcado, ligado y la faena en una baldosa. Estaba hecha en cuatro tandas, como en los viejos, y buenos, tiempos. Pero ¿quién reaparece en una plaza como Pamplona y se conforma con 4 series de muletazos? Cerrado en el tercio, el maestro lucía un final de faena que parecía no haber llegado al tendido. Y empezaron los enganchones y de uno de ellos, rodillas en tierra, la voltereta. Momentos emocionantes por lo peligroso de la situación. Sensaciones: miedo, rabia, impotencia, emoción, angustia y finalmente orgullo de ser aficionado. No hay como ver el pundonor y el saber estar de un torero de poder. Eso es grandeza. Tras la cogida hubo otro susto al salir del tercio de muerte. Y entonces sí, la plaza explotó al grito de Pepín, Pepín. Le pidieron las dos orejas. La presidencia no las concedió. Aunque emocionante, la faena no fue de dos trofeos. Hubo, eso sí, ganas, preparación, sapiencia, técnica, estilo y valor. ¿Qué más se puede pedir? Pepín no necesita esa oreja porque no tiene que ganarse ningún sitio, porque en el corazón del aficionado siempre tendrá un hueco que no se conquista solo con las peludas. Con usted, maestro, por ayer, por anteayer, por las corridas duras, por el pundonor, por el saber ser torero, siempre. Por usted, maestro.