Música

Al otro lado del mundo

Por Teobaldos - Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Recital de Órgano de José María Bermejo Marín

Programa: obras de David Germán, J.S. Bach, M. Dupré, M. Duruflé y C. Saint-Saëns. Programación: Leyre Espacio Musical. Lugar: Iglesia del Monasterio de Leyre. Fecha: 11 de julio de 2018. Público: media entrada (gratis).

salir de Pamplona, estos días, y acercarse al monasterio de Leyre, es como ir al otro lado del mundo en apenas media hora. El ciclo Leyre espacio musical viene organizando un concierto de órgano enmarcado en la festividad de San Benito, que, este año, además, se agranda con la celebración del ciento veinticinco aniversario de la Confederación Benedictina, que une todas las ramas del fundador. Como el año pasado, se ha vuelto a invitar, para el evento, al organista titular de las catedrales zaragozanas -El Pilar y La Seo-, José María Bermejo. En el atril de la consola del magnífico órgano del monasterio: barroco inglés, barroco alemán, y romanticismo francés. El concierto se une al ambiente festivo con Festive Trumpet Tune de David Germán, que abre la matinée. Es una obra que transmite alegría, con un tema pegadizo que expande el órgano con un registro muy lleno. Impecable ejecución. Le sigue Juan Sebastián Bach, que sienta cátedra para cualquier organista. Esta vez con el concierto para órgano BWV 593. Los tempi allegro, sobre todo el primero, resultan un poco remolones en la potente registración del instrumento. El lento es contenido, sereno, con unos registros muy bien recibidos por la acústica. El tercer movimiento, es chispeante, bien contrastados sus registros agudos y el pedal de los rotundos graves. Cortége et Litanie, de Dupré, cambia el ambiente del recital con una atmósfera que comienza susurrante -registro muy hermoso-, pero de sonido lleno, para adentrarse en choques armónicos que se van disolviendo en un tutti acelerado y glorioso. El organista dosifica muy bien ese crecendo. El Coral sobre el Veni Creator de Duruflé, es una de esas obras que el oyente sigue con la curiosidad y el gusto de identificar el tema -el Veni Creator gregoriano- entre la selva de las variaciones;unas más enrevesadas que otras. El tema aparece y desaparece, y hay tramos en los que lo perdemos, pero siempre subyace. Ese es el misterio de las variaciones: sobrevivir ante la grandeza de las armonizaciones, para, al final, fundirse en ellas y darles contenido;en este caso, es especialmente llamativo cómo el tema -tozudo en el pedal grave- se resiste a desaparecer en el tutti. Y para cerrar el concierto, una obra orquestal muy bien elegida para el órgano: la famosa Danza macabra de C. Saint-Saëns. El órgano reta a la orquesta. Y, en esta ocasión, el matiz fantasmagórico que el instrumento de tubos aporta, hace que no se eche en falta a la formación sinfónica. Bermejo acierta con los registros extraños que elige para los solos, que contrasta con todo un inframundo de graves y trémolos, que emulan la danza del título. El dominio de los registros, el contraste exacto y cortante de las entradas del lleno, el delicado final, constataron una magnífica versión de la obra. Una cerrada ovación, con varios saludos del intérprete, puso punto final a un concierto breve pero intenso;con especial recuerdo para la danza de Saint-Saëns.