Editorial de diario de noticias

No eran rebeldes, eran europeos

La decisión de un tribunal alemán de admitir la extradición por malversación pero no por rebelión del expresident catalán abre una nueva vía en Europa para negociar el derecho de los pueblos a decidir su futuro

Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

l a defensa del expresident catalán Carles Puigdemont recurrirá ante el Constitucional alemán para evitar su extradición a España ya que entiende que supondría un “ridículo internacional” que se juzgara al líder del procés por malversación en una causa con otros procesados por rebelión. El tribunal alemán de Schleswig-Holstein ha rechazado que el referéndum del 1 de octubre de 2017 fuera rebelión y lo ha hecho ocho meses después de que el juez Llanera, en una estrategia absolutamente represiva y con claras vinculaciones con el PP, se hiciera cargo de la causa abierta contra la cúpula independentista catalana, con 18 procesados a las puertas de un juicio que previsiblemente se celebrará a finales de 2018 o principios de 2019. Los jueces alemanes han determinado que el delito equivalente de alta traición alemán “está basado en un nivel de violencia a la que no se llegó” durante el 1-O. “Con el referéndum no se llegó a un nivel de violencia que llevara a una separación inmediata de España, y según la voluntad de Puigdemont, era sólo el preludio de más negociaciones”, remarcan. Y los “choques violentos” entre votantes y la Policía española tampoco tuvieron una magnitud suficiente como para “amenazar el orden constitucional español”. No eran tan rebeldes y delincuentes por tanto los líderes catalanes que trataron de llevar adelante la consulta. La detención de Puigdemont y los más de nueve meses de prisión puede que haya servido de algo, al menos para que Europa -y Alemania desde su liderazgo económico- reflexione sobre los retos más políticos que judiciales a los que se enfrenta y no sólo en el territorio catalán. Baviera, Escocia, Cerdeña, Córcega, la República Srpska o Bretaña también tienen movimientos secesionistas que no van a menos. Quizá porque el cinturón de Europa se aleja cada vez más del centro de intereses de una ciudadanía que busca proximidad en la toma de decisiones, mayor participación y un modelo económico y social menos globalizado. Aquel referéndum se llevó adelante gracias a la voluntad del pueblo catalán aunque de manera casi surrealista. Un 42% del censo, más de 2,2 millones de votos y un 90% a favor de la secesión, fue el aval y desafío a un Estado incapaz de escuchar y de negociar. El derecho del pueblo catalán a decidir su propio futuro, al igual que el derecho a la autodeterminación, seguirán estando en el tablero político de una nueva Europa. Con un nuevo interlocutor en el Gobierno español.

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