40 años del viaje artesanal de Estella hacia el mar

La ii bajadica del ega RECORDARÁ la aventura fluvial HASTA TUDELA de 6 JÓVENES que en 1978 PARTIERON AL MEDITERRÁNEO EN SU PROPIA BALSA

Un reportaje de Julen Azcona - Viernes, 13 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Los seis integrantes de la balsa ‘FRJ4’ en agosto de 1978, a punto de partir desde Estella rumbo al Mediterráneo.

Los seis integrantes de la balsa ‘FRJ4’ en agosto de 1978, a punto de partir desde Estella rumbo al Mediterráneo. (Foto: cedida)

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Los seis integrantes de la balsa ‘FRJ4’ en agosto de 1978, a punto de partir desde Estella rumbo al Mediterráneo.

un grupo de seis estelleses fabricaron en 1978 un artilugio flotante con el sueño de viajar con él desde la ciudad del Ega hasta la desembocadura del Ebro, en el mar Mediterráneo. Dieron la vuelta en Tudela, a los nueve días de la partida, pero cuarenta años después Estella-Lizarra aún recuerda aquella hazaña y la conmemora a través de la Bajadica del Ega, una competición que tendrá lugar el próximo 27 de julio.

El objetivo de la segunda edición de esta carrerainter-chabisques (la primera tuvo lugar en 2015) es -además de animar a los jóvenes de Estella-Lizarra a salir de sus bajeras para relacionarse entre ellos- premiar la mejor balsa artesanal.

De esta forma pretende la casa de la juventud María Vicuña homenajear a aquellos seis jóvenes estelleses que fabricaron su propia embarcación fluvial (bautizada como FRJ4) a finales de los años 70.

Se trataba de Jesús Ros, Félix Bacaicoa, Raúl Fernández, Joaquín Pinillos, Pepe Ayúcar y Julio Echeverría;tenían edades comprendidas entre los 20 y los 30 años;y provenían de distintas cuadrillas.

“Lo hicimos desde una mentalidad localista”, recuerda Félix Bacaicoa, uno de los participantes, que señala que hay que entender que hace cuarenta años “no existían los medios de comunicación de hoy en día” y “no era habitual hacer los viajes que se hacen ahora”.

También subraya el espíritu social con el que decidieron fabricar ellos mismos el artilugio (de casi 1.000 kilos, fabricado con pino americano y hierro). “En 1978, un año muy movido, nos motivaba desligarnos del consumismo”, afirma.

La construyeron junto al Ega en el edificio del actual Museo del Carlismo, al que tuvieron que quitarle el marco a las ventanas para poder sacarlo al río, sujeto con unas cuerdas. Ya en el agua, comenzaron las pruebas por los alrededores, durante 5 kilómetros hasta la localidad de Arinzano.

El viaje duró alrededor de nueve días en los que recorrieron 130 kilómetros. “A medida que íbamos avanzando íbamos recortando la meta, hasta que paramos en Tudela porque estábamos cascados y habíamos perdido bastantes kilos”, asegura Bacaicoa.

Fueron quince horas de navegación al día, durmiendo donde podían y sin tener casi contacto con su hogar. El propio Ayuntamiento de Estella selló un certificado oficial en el que rogaba a otros Consistorios a “atender” a los “pioneros estelleses” por el espíritu “social” y “deportivo” de la expedición.

Entre las muchas anécdotas, Bacaicoa recuerda cuando los acogieron en la iglesia de Lerín. Durmieron desnudos, debido al calor, y se despertaron tarde, con los gritos de unas feligresas escandalizadas.