La semifinal más larga de la historia

Tenis Anderson gana a Isner 26-24 en el quinto set tras más de seis horas y media de juego y se clasifica para la final de Wimbledon

Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Kevin Anderson devuelve con esfuerzo un resto.

Kevin Anderson devuelve con esfuerzo un resto. (Foto: Efe)

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Kevin Anderson devuelve con esfuerzo un resto.

Londres- El sudafricano Kevin Anderson derrotó en un agónico partido al estadounidense John Isner, por 7-6 (6), 6-7 (5), 6-7 (9), 6-4 y 26-24 en seis horas y 36 minutos para alcanzar la final de Wimbledon por primera vez, la segunda del Grand Slam en su carrera.

Fue el segundo partido más largo en la historia de Wimbledon, y la semifinal más larga de la historia del Grand Slam, y en ella, Anderson, de 32 años y 58 días, octavo del mundo, finalista del Abierto de EEUU el año pasado y verdugo de Roger Federer en cuartos esta semana, fue el más fuerte.

El de Johannesburgo se enfrentará el domingo en la final del All England Club al ganador del duelo entre el español Rafael Nadal y el serbio Novak Djokovic, que al cierre de esta edición no había acabado.

Chispeando, con el cielo negro barruntando tormenta, y con ambos jugadores agotados, devorando plátanos y chocolatinas para mantenerse, ingiriendo líquidos sin cesar, disparando sus tiros como podían acabó un partido histórico, que el público de la central presenció sin moverse, atenazados por el dramatismo.

El jugador de Johannesburgo se ha convertido así en el primer sudafricano en alcanzar la final de Wimbledon desde Brian Norton en 1921. Kevin Curren, nacido en Durban, disputó la de 1985 contra el alemán Boris Becker, pero dos años antes había cambiado a estadounidense.

Isner es reconocido como aquel jugador que junto con el francés Nicolas Mahut protagonizaron en Wimbledon 2010 el partido más largo de la historia (1ª ronda 6-4, 3-6, 6-7 (7), 7-6 (3) y 70-68) en número de juegos, 183, y tiempo: 11 horas y 5 minutos.

Ante este hombre maratón, Anderson ganó los dos últimos sets, los únicos en los que no hubo desempate, con una rotura final en el juego 49, cuando el de Greensboro daba señales de calambres en sus piernas y cabizbajo sabía que se le escapaba la oportunidad de disputar su primera final de un Grand Slam. - Efe