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Esa cumbia que 'parte' la herriko

Música negra, brass bands, soul y funk, electrocumbia, hip-hop, rap y trap: una nueva y ecléctica escena musical surge al margen de la programación oficial

Daniel Burgui Iguzkiza - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Los Tobogang, Javi y Carlos pinchando rap y trap en el bar Txintxarri.

Los Tobogang, Javi y Carlos pinchando rap y trap en el bar Txintxarri. (Dani Burgui)

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Los Tobogang, Javi y Carlos pinchando rap y trap en el bar Txintxarri.La nueva y ficticia peña 'Tobogang'El DJ Reimy, Xabier Apestegui.

pamplona- La música traviesa regresa a una Iruñea meztiza, gamberra, bailona, perreona, divertida y con ritmos de medio mundo. La buena onda de la calle del Carmen número 34, la humedad y el calor que rondaba los 40 grados daban un ambiente aun más caribeño y villero a la Herriko Taberna la pasada noche del martes 10 de julio. La trompeta de Alberto Sanzol resolvía con ritmos improvisados los platos del Dj Reimy que hacían que la gente la partiese a ritmo de electrocumbia mientras sostenían vasos de plástico con el lema ‘Denok etxera!” por los presos que siguen encarcelados lejos de casa. Se desarticulaba así el mito de que los navarros no tienen la cadera articulada. Pa’ arriba y pa’ abajo. ¡Viva la onda! Eran un revival de otras muchas fiestas que han organizado en este local, un showcase, pinchada por turnos, de Alberto Iriarte Dodosound, Mighty Marty, Alberto Sanzol y el citado Dj Reimy, Xabier Apestegui.

La noche siguiente, previa a la madrugada del día 11, la recién creada y ficticia Peña Tobogang hacía su debut en la ciudad: una extensa pandilla de clásicos grafiteros de Pamplona (algunos de ellos llevan casi 20 años pintando paredes y diseñando arte urbano), con pañuelicos, pancarta y una txaranga -que consistía en un bafle bien apañado como boombox- danzaban desde las entrañas de la Navarrería hasta el bar Txintxarri de la calle San Francisco. Allí, esa noche, Javier Murillo y Carlos Almagro -diseñadores gráficos pamploneses y apasionados del rap- pinchaban cinco horas de hip-hop y trap en un ambiente de gorras voladas y perreo del bueno.

Apenas un rato antes la Broken Brothers Brass Band había dado un concierto en directo en su base de Katakrak, en la calle Mayor, atrapando con ritmos bailones de raiz afro como parte del programa de música negra Black Fermín. Todo este panorama en un mismo día pinta un ecosistema musical que hace una década hubiese sido absolutamente impensable en una Pamplona sanferminera que se resolvía entre las machaconas canciones del verano al más puro estilo del levante mediterráneo, las rancheras, canciones populares y el rock radical vasco.

“Hubo un tiempo en la que la noche sanferminera se limitaba a bajar las luces de un bar, colgar una bola de colores y que sonase en un bucle sin fin la música del verano. Eso ya se terminó”, explica Xabier Maeztu (aka Triski), cocinero, socio fundador de Katakrak y programador cultural de las noches del local. El programa Black Fermín surgió hace cinco años, en 2013, como fiesta de despededida de la Hormiga Atómica, el antiguo café-librería de la calle Curía, en un homenaje a las músicas de resistencia, de comunidad, de soul, funk, y brass bands;lo que luego derivó en el festival Iruñea Nola. Recuperando esa idea para los Sanfermines, decidieron jugársela y hacer una apuesta por la música en directo y Djs que interactúen con el público. “Teníamos la sensanción de que teníamos un gran espacio, un gran local y un público que iba a disfrutar y apreciar esta música y así ha sido”, hace hincapié Xabi Maeztu. "En el directo se produce una magia, un ambientazo", explica.

Los Tobogang también estaban convencidos de que pese a la ajada idea de que Pamplona es una ciduad tradicional o cerrada, hay ganas de fiesta diferente. “Hay mucho público, lo que falta es un abanico cultural que se amplie más. Nosotros siempre íbamos a conciertos y festivales en Madrid y Barcelona y teníamos ganas de hacerlo en Pamplona y probar, estábamos convencidos de que seguro que hay gente y ganas. Y así ha sido, todas las fiestas que hemos hecho han sido un éxito”, explica Javi Murillo, diseñador gáfico de Pamplona de 33 años y residente en Barcelona.

Para Xabier Apestegui, Dj Reimy, que ha recorrido las calles del casco antiguo, sorteando cristales rotos con su vieja bicicleta amarilla de La Poste francesa repleta de su kit de vinilos y sistema de sonido, estas nuevas escenas han recuperado algo popular y moderno: “un ambiente familiar de respeto, compadreo, de baile sin compejos, sin prejuicios”. Reimy lleva más de diez años pinchando en la escena pamplonesa y si aun tienen ganas de marcha, les queda tiempo de despedirse esta noche con el Pobre de Reimy, la última sesión que tendrá lugar en Katakrak.