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Feria del Toro | Apunte crítico

Las huestes de Borja dan gloria al Pirata

Por Patxi Arrizabalaga - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Cayetano, en un momento de la faena, elegante y queriéndose justificar.

Cayetano, en un momento de la faena, elegante y queriéndose justificar. (Foto: Patxi Cascante)

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Cayetano, en un momento de la faena, elegante y queriéndose justificar.

T ras días espesos, donde la feria perdía sus mayúsculas, la tarde del viernes 13, el de asustar para los americanos, el del corriente de 2018 es una fecha para recordar. Y lo es por muchas razones. La principal, obviamente era la despedida de Juan José Padilla del coso pamplonés. Un Padilla que llegaba in extremis de una grave cogida que le había levantado la cabellera, y todos los corrillos taurinos mentaban con qué iba a llegarse a la Monumental, dado que la montera no era pieza que pudiera encajar en su cabeza con decenas de puntos y grapas. El pañuelo pirata. Creedme. Ese va a llevar, mentaba yo a más de un incrédulo. Otros decían que si la épica de ayer de Pepín rozaba la locura hoy íbamos a ver una autoinmolación. No, les repetía. Este viene más que toreado. Y a su casa. Por medio, los toros de Borja Domecq, que se lleva el mayor y mejor de los agradecimientos y reconocimientos primero del diestro jerezano. Ni en sus mejores sueños podría esperar el ciclón de Heré que su paisano tenía semejante pozo de nobleza y calidad guardada para él. Los dos toros de la tarde, dos sobresalientes bravos, eso sí nobles y con mucha calidad, han propiciado que El Pirata disfrutara como un crío en un charco. Hoy Juan ha disfrutado. Y el público también. Y se ha volcado todo el mundo con él. Y el pueblo le ha reconocido todo. Lo bueno que nos ha dado, que ha sido lo más. Y lo menos bueno también. Un torero de esta tierra desde que cuajara aquel Bombito de Miura allá por 1999. Y hoy, en su despedida, con su toreo, con su esfuerzo, con su exquisita preparación, un hombre que ha sido castigado sin doblez por la profesión que ama, toma el olivo en loor de multitudes y aroma de gloria. Alegrémosnos de ello. Y también Cayetano, torero de inspiración, hondo, profundo, tardío, y por ello de valiosa sin escuela, diferente como pocos deja sus toques con agradable presencia. Y es que le falta creerse que esta puede ser su plaza. Como lo fue de su abuelo. Y está más que claro que tiene que tener un toro como este para expresarse. Y lo ha tenido. Y lo ha hecho. La roca que no desfallece ni con varetazo en su glúteo es el chico de Lima, Andrés Roca Rey. Tiene mucho que torear y aprender por delante. Pero ganarse al público y echarle entrepierna pocos hay hoy en día que le puedan superar. En eso es un tornado. Y vuelve a romper cifras y récords. La gente sale embebida. Pocos olvidarán este día tan memorable. Hablaremos del Pirata al que le piden que se quede. Del chico peruano que es una bomba, y del guapo Cayetano que todo lo hace bien. Y van a pasar muchos años. Pero muchos. Y dirán, yo estuve allí. Pero a todos. A todos sin remisión. No olviden ninguno que eso sucedió porque un ganadero independiente de apellido Domecq y de nombre Borja no se arredró, trajo la corrida más armónica, pareja, baja y bien hecha, y propició triunfo y gloria a El Pirata Padilla.