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Por Txus Iribarren - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ilustración: J.J. Aós

Ilustración: J.J. Aós

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Ilustración: J.J. AósTxus Iribarren.

Y llegó el temido fin de semana. La señal de las emisiones festivas provenientes de la antena telescópica Navarrería 1 llegaban incluso hasta la órbita de Plutón, el planeta más lejano de lo que es la vía láctea, utilizada el resto del año para peregrinaciones religiosas en busca de la fuerza que les acompañara… El caso es que los Sanfermines habían pasado de ser una fiesta universal a ser un evento galáctico. Pese a las enormes distancias, los adelantos tecnológicos permitían una afluencia de lo más variopinta. Así, en horas estarán ya por aquí Alien y los otros siete pasajeros, ET con toda su cuadrilla, se oirán los ruidos del botellón en la Soyuz 7, una horda de selenitas estará aterrizando en el viejo aeropuerto de Noáin ya en desuso, Darth Vader habrá aparcado su lanzadera en el rincón de Pellejería, oleadas de ciborg con garrafas de gin kas subían por la Cuesta de Santo Domingo, la plaza de los Burgos estará llena de avatares sentados en corro, habrá bandadas de gremlins por todas partes, Chewacca estará comprando un collar a un inmigrante jupiteriano llegado de Solaris en la calle Olite, varias traineras siderales están a punto de atracar en el embarcadero del Club Natación. Las estadísticas hablan de 8 millones de humanos, 3 de alienígenas y 760.000 replicantes de juerga. El sistema GPS se colapsó de la avalancha de selfies enviados a la estratosfera. La constelación de Navarrería era un ir y venir de australianos propulsados por motxilas reactor. La Plaza del Castillo estaba cruzada por meteoritos festivos sin rumbo. La Estafeta parecía Marte en el juevintxo orbital. Iruña basculaba entre el Independence Day del planeta vecino y convertirse en un agujero negro. No se podía dar ni un paso ni por tierra ni por aire. La ciudad estaba colapsada y no se veía ni la magnetosfera mientras los decibelios caen como asteroides por todas las calles camino de transformarse en asqueroides. No es nada nuevo. A principios de siglo también se vivían estas aglomeraciones pero todo se complicó cuando Jemin R2 way difundió por Amazón su novela Festus que se convirtió en un bestseller galáctico. Tampoco había ayudado mucho el programa de intercambio espacial Cosmus que traía a miles de estudiantes extraterrestres a Iruña, aunque había venido bien a numerosos pamploneses que se hartaron de esperar a que hubiera Facultad de Medicina en la UPNA y pudieron estudiar esta carrera en la Estación Mir. Pocos de ellos habían vuelto a casa para fiestas. Y menos durante el fin de semana. Sabían lo que había. Como la población autóctona que llegado este día siguió al pie de la letra el protocolo de evacuación-protección instaurado por las autoridades y se refugiaba en los espacios subterráneos habilitados en la red de parkings y en los baños públicos de la ciudad. El ambiente casta se trasladaba durante 48 horas varios metros bajo tierra. El subsuelo para los de casa. La Comparsa no salía durante el fin de semana pero sí prestaba los kilikis, cabezudos y zaldikos para recorridos bajo techo. Las txarangas sonaban bulliciosas en el primer y segundo piso subterráneo del céntrico parking de la Plaza del Castillo mientras que el de la Plaza acogía la tradicional feria del Toro. El recinto bajo el suelo de la estación de Autobuses servía de escenario para un parque ferial de mínimos (sin noria, pero con autos de choque) mientras que las cuadrillas y peñas se juntaban por barrios en los parkings vecinales donde se improvisaban calderetes. Todo un mundo paralelo sobrevivía bajo tierra mientras por encima los alienígenas agotaban todas las existencias y dejaban la superficie del planeta Iruña arrasada como en una guerra nuclear. Pero todo pasa y, efectivamente, en la mañana del 15, tras un íntimo Pobre de Mí en el recinto protegido del Antiguo Mercado de Abastos, la fiesta tocaba a su fin. Los invasores volvían a sus planetas, asteroides y cometas mientras que los pamplonautas salían de nuevo a la superficie y hacían balance de daños y colgaba en sus tendederos las coladas blancas de rendición… Aunque hubo quien siguió montando el tradicional encierro de la Villavesa que hacía la ruta entre la Rotxapea y la constelación de Pegasus… ¡Qué valor!

etiquetas: sanfermines 2018