Encierros de hoy y ayer

Txomin Rodríguez Soria - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Ya me he retirado de correr los encierros, tras más de 30 años. Tuve la fortuna de conocer a José Joaquín Esparza el 8/7/77. Lo que para mí fue el primer encierro, para él fue el último (vaya contrapunto), como el contraluz del Ayuntamiento con Mercaderes. He corrido en todos los tramos del recorrido. 850 metros en 30 años que me dieron para mucho. No viví obviamente aquellos encierros de los carniceros con sus mandarras en Santo Domingo. Pero sí una persona que me incitó a correr. Se llamaba Jerónimo Echagüe. Quería morir en el encierro. No lo consiguió, aunque tuvo 7 cornadas. La última, en la Plaza de Toros. Hoy día han evolucionado mucho. Donde más corrí fue en la curva de Mercaderes con Estafeta porque para mí significaba una especie de segundo encierro y reconducir los toros. Discrepo con Javier Solano (comentarista televisivo) sobre el error de tomar la curva por la izquierda. Cada unos tenemos, igual que los animales, nuestras querencias: mirar el desafío que te hace el toro con su mirada... No sólo su mirada, también su cornamenta, el hocico baboseando eran todo un reto para mí;una transmisión en la que el toro terminaba con poca nitidez mirándote y tú le decías... “A mí no me vas a coger”. ¡Los toros son muy inteligentes! Al margen del cuidado con el que los tratan los ganaderos en su dehesa (que parecen como un perrico tuyo en casa), obedientes, pero que a la vez desvirtúan la esencia del encierro. Normalmente los toros evitan obstáculos. Recuerdo cuando había aceras que los astados procuraban no subirse, con el inconveniente de 90 grados de curva. No les hacía falta ningún ingrediente químico artificial. Hoy día está claro, la tecnología avanza enormemente. Sin desmerecer por supuesto tirolinas, etc. Para mí las tirolinas de los años 80 eran aquellas que veían en la calle Estafeta que cruzaban de lado a lado: las ikurriñas.