"CUATRO DÉCADAS DESPUÉS SIGUE SIENDO ESPECIAL"

38 años de lectura de la entrega del Tributo

Marcelino Landa, secretario de la Junta del Valle de Roncal, lleva desde 1981 dando lectura al acta del Tributo de las Tres Vacas al pie de la Piedra de San Martín

M. Zozaya Elduayen - Sábado, 14 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Marcelino Landa, secretario de la Junta del Valle, junto a la piedra de San Martín.

Marcelino Landa, secretario de la Junta del Valle, junto a la piedra de San Martín.

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Marcelino Landa, secretario de la Junta del Valle, junto a la piedra de San Martín.

“El Tributo es sobre todo un día auténtico de encuentro entre vecinos”

isaba/izaba- Dice Marcelino Landa Pasquel que nunca mira el tiempo que hará la mañana del 13 de julio, día de la firma del Tributo de las Tres Vacas, porque tiene que subir de todos modos a la Piedra de San Martín, ya que forma parte de su trabajo como secretario de la Junta del Valle de Roncal. Reconoce, sin embargo, que es un día que se sale totalmente de la rutina y él mismo lo califica de “ilusionante”.

Así lo viene haciendo desde 1981, año en que subió por primera vez como secretario y vecino de Urzainqui y se estrenó en la lectura del acta de la entrega del Tributo de las Tres Vacas, al pie del mojón 626, la línea divisoria entre los valles de Roncal y Baretous, con el que los baretouneses pagan con 3 vacas el derecho a que su ganado paste y beba en tierras roncalesas , según el acuerdo firmado en 1375.

Es el tratado de paz más antiguo de Europa sellado con las palabras “Pax Avant”, (paz en adelante), repetidas por tres veces antes de la firma de representantes de los tres valles, Baretous, Roncal y Ansó. De ella el secretario dará fe y gestionará hoy mismo en la sesión previa al archivo del acta que suma el número 642.

“Lo asumo como trabajo y porque forma parte de la tradición, que creo hay que mantener, que nos muestra además, un modo de ver cómo en aquellos tiempos de guerras pudieron encontrar la mejor solución para seguir viviendo en paz”.

Marcelino valora la supervivencia en el tiempo del acto que dura en sí diez minutos. “Cómo se ha mantenido sin carreteras, subiendo por los montes a pie o en machos, en periodo de paz y de entreguerras. Aquí ha nevado, ha llovido y granizado y se perpetúa como un lugar sobre todo de encuentro entre vecinos a los dos lados de la muga”.

Casi cuatro décadas y nueve Juntas después, Marcelino Landa sostiene que el acto se mantiene igual, en esencia que marca la celebración de la convivencia en paz por encima de coyunturas políticas. “En mis primeros años aún quedaban reminiscencias del régimen de Franco, y éste era un lugar de encuentro entre las personas exiliadas en Francia y las que vivían aquí. Era un día muy especial, de fiesta, un día sin aduanas, en el que se notaba que sólo era una barrera física, la de los Pirineos, la que nos separaba”, expresa.

Para Marcelino, el 13 de julio es un día especial, y sin duda también lo es para los valles. “Un acto que no necesita publicidad y se mantiene en la memoria o como mucho con un boca a boca recordatorio. “Nos vemos el 13 de julio en la Piedra de San Martín”. Sabes perfectamente que te vas a encontrar con personas que no has visto desde el año pasado, pero que repiten cada año. También que vas a conocer a gente nueva que viene como turista.

Por el collado se encontrarán con el secretario ataviado con el traje de roncalés, al menos por dos o tres años más, hasta su jubilación.

El Tributo seguirá “a perpetuidad como un acto auténtico, singular y ejemplar”, concluye Marcelino Landa, antes de tomar parte en la comida popular y fraternal.