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Ah, la fête de Pampelune

Vascofranceses, bajonavarras, bearneses, occitanos, vecinos/as todos de allende Roncesvalles aprovechan como todos los años su fin de semana festivo, el 14 de julio, para arrimarse a las fiestas de San Fermín y afrancesar nuestra ciudad

Un reportaje de Daniel Burgui Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Una cuadrilla de jóvenes del departamento aquitano de Las Landas toma el aperitivo en el café Iruña de la Plaza del Castillo.

Una cuadrilla de jóvenes del departamento aquitano de Las Landas toma el aperitivo en el café Iruña de la Plaza del Castillo. (IÑAKI PORTO)

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Una cuadrilla de jóvenes del departamento aquitano de Las Landas toma el aperitivo en el café Iruña de la Plaza del Castillo.

sí, sí, somos de un pueblito del otro lado de Roncesvalles”, así con esa concreción geográfica tan amplia y tan sencilla, tan navarra, se despachaba ayer el joven bearnés Bastien Costés para explicar de dónde venían. Bastien estaba acompañado de su hermano y el resto de su cuadrilla que proceden de Lasseuve, una comuna de unos 1.700 habitantes entre Pau y Olorón, así que tan “al lado” no está.

Tanto él como otras tantas centenares de cuadrillas francesas -adolescentes, jóvenes, maduros e incluso jubilados- habían llegado ayer y antes de ayer de ese concepto tan ambiguo que es la Francia para nosotros: lo que se extiende más allá de nuestras montañas, que lo mismo puede ser Baigorri, París o llegar a Estrasburgo, pero también tan ligado a nuestra historia y a nuestro carácter.

Un fenómeno que se reproduce cada 14 de julio, en el que todos esos franceses y francesas canjean este día festivo -que en conmemoración de la toma de la Bastilla que dio inicio a la Revolución Francesa se convirtió en Día de Fiesta Nacional- y provoca un pequeño “puente veraniego” por las fiestas de San Fermín: Las fêtes de Pampelune.

“Somos mucha gente joven en el pueblo y nos pasamos el día moviéndonos de fiesta en fiesta, en invierno vamos mucho a Jaca y ahora por aquí”, explicaba Bastien. Eso sí, a pesar de no ser la primera vez que vienen a Pamplona, Bastien estaba un poco consternado por la logística y le rondaba una duda organizativa en la cabeza: “A ver, a ver, pero esto se termina ya hoy, ¿no?”, preguntaba. Bastien quería saber si el domingo iba a haber ambiente en la ciudad o no, querían planificar cómo y dónde podrían ver la final del mundial de fútbol que jugará la selección francesa. Una vez le desvelamos con crudeza que a partir del Pobre de mí, tan solo estaremos los mejor de cada casa de Pamplona echando los restos por la ciudad se convence de que tendrá que ir a casa de un amigo de Pau a ver el partido de la final.

A pocos metros de allí, a mediodía, Esther Lafourcade estaba mucho más tranquila y despreocupada sobre lo que les depararía este fin de semana, tomando el vermout con sus amigos Thomas Pallarés Y Damien Lille y otros 14 más de cuadrilla, todos ellos y ellas de Dax. Esther y sus amigos habían salido en autobús de su ciudad a eso de las 8 de la mañana y habían y llegado a Iruñea hacia las 11 de la mañana. No se marcharán hasta hoy a las 13 horas de la tarde y posiblemente estarán de fiesta “hasta que aguanten” así que lo de pensar si será Griezzman el hombre que marque la diferencia en este campeonato de balompié poco o nada le inquietaba. “Venimos todos los años, organizamos el trayecto y el viaje entre varias cuadrillas de amigos que nos interesa venir aquí, no es una agencia, pero sí que nos lo planificamos y alquilamos nosotros con un chófer profesional”, explicaba Esther que había viajado en ese autobús con otras 39 personas y un pequeño convoy de vehículos extra.

Estas historias recuerdan a las del escritor catalán Josep Pla que en 1942 publicó su librito Viaje en autobúsen el que observa cómo los jóvenes de un pueblito van al baile del pueblo del lado y los del pueblo del lado se marchan al siguiente y así sucesivamente, tan solo por ver si la música es mejor, las muchachas más picantes o los mozos más resueltos. Lo cierto es que parece que esto no ha cambiado mucho. La mayoría de los visitantes galos que llegan este último fin de semana de fiesta a nuestra Pamplona son aquitanos, una extensa colección de vascofranceses, bajonavarros, bearneses, y algún occitano o gascón que viene ya de algo más que allende el Garona y se van recorriendo los pueblos de sus carreteras secundarias recogiendo a todos los que se vienen de fiesta. Esto parece que no ha cambiado durante los últimos decenios.

castas y habitualesEl también bearnés Benoît de Balincourt tiene 49 años y lleva desde los 25 visitando las fiestas de San Fermín. Nos lo encontramos un poco más arriba de la curva de Mercaderes, en un bar de la calle Curia junto a su alegre cuadrilla de Orthez, cuna de los mosqueteros y del rey navarro Enrique III, según se afanan en explicar el resto de sus amigotes mientras alegremente se despachan con una gigantesca botella de licor de armagnac. Son unos castas. Forman parte de la peña taurina Romería, fundada en 2012 y que tiene como padrinos a El Fundi, César Rincón y Juan José Padilla. Animados por el sol y el licor narran emocionado la apoteósica corrida que el día anterior realizó el pirata Padilla.

Lo que tampoco parece haber variado es el gusto por “invadir” algunas zonas como la Plaza del Castillo, donde ayer lo mismo había grupos de cosmopolitas gabachos discutiendo en las terrazas del Café Iruña sobre Kylian Mbappé o bailando dentro del local como si ya fuesen las tantas de la madrugada. En cambio, en el entorno de la Navarrería se repetían como en loop sin fin cuadrillas de Baiona o de Donapaleu-Saint Palais y Kanbó entonando el estribillo “Nuuuuun hago, zer larretan, Urepeeeeeeleko artzaina” de la canción Xalbadorren heriotzean.Así una y otra vez. Y venga, otra vez. Lo único que podemos achacarles a nuestros entrañables vecinos es que a Iruña se viene cantado de casa.

“Bueno, a nosotros lo que más nos gusta es estar aquí con las peñas sanfermineras y en las calles que no son para extranjeros, vivimos las fiesta también como en nuestros pueblos y ciudades”, puntualiza Esther como ese rollo no fuese con ella. Algo de razón no le falta porque lo cierto es que el ambiente afrancesado que se genera este día da mucho juego y es parte del cuerpo festivo propio de los Sanfermines y de una ciudad, la nuestra, que por historia y tradición ya es o debería ser de por sí algo afrancesada. Así que por qué no... Vive las fêtes de Saint Firmin! Gora San Fermín!