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Emociones gigantes

La comparsa de gigantes y cabezudos protagonizó un nuevo “chupinazo” el último día de fiestas en una plaza Consistorial repleta de niños y niñas muy ilusionados.

Un reportaje de Miren Yoldi. Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Los gigantes echan sus últmos bailes en la plaza Consistorial bajo la atenta mirada de muchas familias.

Los gigantes echan sus últmos bailes en la plaza Consistorial bajo la atenta mirada de muchas familias. (IÑAKI PORTO)

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Los gigantes echan sus últmos bailes en la plaza Consistorial bajo la atenta mirada de muchas familias.

Los más pequeños tuvieron que despedirse ayer de sus personajes más queridos. Después de nueve días corriendo y disfrutando con ellos, el momento más triste llegó. Triste y a la vez divertido, pues la despedida de la comparsa es uno de los actos más bonitos de los Sanfermines, pero a su vez, anuncia que las fiestas están a punto de terminar.

La plaza Consistorial estaba abarrotada, pese al calor insoportable que hacía. Y no solo por txikis y padres, también había gente sin hijos que se acercó para gozar del espectáculo, porque la verdad, merece la pena.

Una vez más el kiliki Barbas fue el gran animador de la despedida. Comenzó saliendo de uno de los balcones de la Casa Seminario, bromeando como siempre. Primero llamó a los que cogen de la mano a los niños y niñas, los cabezudos, que fueron saliendo por los balcones de diferentes edificios de la plaza. Luego llamó a su cuadrilla, a los que persiguen y dan vergazos, los kilikis, que hicieron lo mismo. Seguidamente nombró a los más salvajes, los zaldikos, que estaban escondidos en el Ayuntamiento. Y la música empezó a sonar. Pero faltaban los más grandes, y al ritmo del tambor por fin aparecieron. Los niños como locos se acercaron a darles besos mientras los gigantes se agachaban, y como es tradición, se les entregaron los chupetes. Así duele menos. Desde el Ayuntamiento el alcalde Joseba Asiron y otros concejales lanzaron cientos de caramelos que hicieron que se desatara la locura por conseguir uno, buscando por el suelo entre todo el gentío.

A continuación los gigantes bailaron un vals, el último para la desgracia de los pequeños de Iruña. Tal y como dijo Xabier, uno de los tantos padres que estaban viendo el acto, “a los críos les encanta y al final tienes que venir, es una tradición que les hace ilusión y a los mayores también”. “En invierno ya están pidiendo que les pongamos los gigantes en la tele”, añadió. Otra de las madres, Amaia Martín, comentó que a su hijo Oier le apasionan tanto los gigantes que intenta llevarle a todas las salidas de los pueblos de al rededor. A algunos, sin embargo, todavía les da miedo Caravinagre.

La corporación del Ayuntamiento también se lo pasó en grande. Asiron y compañía jugaron a lanzar bolas a cubos que sujetaban los zaldikos desde abajo, mientras Barbas les vacilaba, diciéndole por ejemplo a Enrique Maya, que ya le gustaría ser alcalde. La gente se moría de la risa.

Toda la plaza coreó el Riau riau, para mantener la magia del ambiente, mientras los miembros de la corporación bailaban agarrados. Entre baile y baile, los más pequeños no pararon de darles besos a las figuras de más de tres metros, y es que no hay nada comparable con el amor que les tienen, fruto de su pura inocencia. Todos respondían emocionados e ilusionados a todas las preguntas que formulaba Barbas, gritaban, reclamaban y aplaudían.

la mañanaEn su última salida de fiestas, la comparsa de gigantes y cabezudos inició su recorrido a las 9.30 horas del Palacio de Ezpeleta en la calle Mayor, para continuar por San Francisco, Eslava, Jarauta, San Saturnino y Plaza Consistorial. Desde ahí acompañó a la corporación a la Octava por las calles San Saturnino y Mayor y siguió su camino por las calles Mercaderes, Chapitela y Calceteros. Para terminar, a partir de la 1 de la tarde, concluyó con la despedida de los niños de la ciudad en la plaza Consistorial, donde el Ayuntamiento invitó a los balcones de Casa Seminario a miembros de Cermin y de las peñas txikis.

La Comparsa no volverá a salir hasta el Privilegio de la Unión. Hasta entonces los niños y niñas tendrán que esperar ansiosos a que los gigantes y kilikis vuelvan a tomar las calles.

Comparsa

Kilikis. Son un cortejo de ediles, cuya misión es asustar y divertir al pueblo. Fueron construidos a comienzo del siglo XX y son seis: Napoleón, Patata, Barbas, Verrugas, Coletas y Caravinagre.

Zaldikos. Son seis caballos de cartón llevados por mozos. Cuatro de ellos fueron construidos en 1912 y la pareja restante en 1941.

Gigantes. Las cuatro parejas actuales las encargó el Ayuntamiento de Pamplona en 1850 al artesano Tadeo Amorena. Son ocho, dos por raza o color. Representan a los cuatro continentes del mundo, ya que su creador se olvidó de Oceanía.

Cabezudos. Son los serios de la comitiva, porque no bailan y caminan muy dignos. Las cinco figuras fueron compradas en 1890, y son: Japonesa, Concejal, Japonés, Abuela y Alcalde.