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A paso de banderillas

Muy duros los Miura

Por Lázaro Echegaray - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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se espera siempre la corrida de Miura en Pamplona, y en cualquier otra ciudad o plaza de toros. Son el último vestigio de los toros de antes. El encierro de ayer no lo desmintió. Hubo, eso sí, un borrón entre todos los lidiados: la tanqueta que salió con el hierro de Fuente Ymbro y que le tocó en suerte a Rafaelillo. Un toro fondón y acochinado que en breve ya no podía con su cuerpo, con sus seiscientos y pico kilos. Sus compañeros de lidia fueron altos, largos y ágiles. Especialmente feo y mal presentado el quinto de la tarde, que parecía una vaca con edad, o un dóberman venido a más, de cara estrecha, zancudo, agalgado y muy escurrido de carnes. Descuadró la presentación del encierro, aunque la línea ya se había roto con el de Gallardo. Sin ser una corrida válida para el triunfo, el denominador común fue la emoción. Porque fueron complicados, salían con un aire de nobleza y terminaron no pasando, ni dejando pasar. Esto hacía a los toreros torear sobre los pies que es la forma en la que tradicionalmente se ha toreado este encaste. Torear sobre los pies, por mucho que haya quien diga que no, es torear. No todo es la estética en la tauromaquia. Además, en más que aconsejable empezar a analizar el daño que la dichosa estética está haciendo en el campo bravo. Y es esa, precisamente, una de las razones por las que ni las figuras, ni los inmediatamente siguientes en la jerarquía, quieren saber nada de este encaste. Otra, porque el toro está siempre con el torero, no se despista, sabe dónde está la pelea y la afronta, te gana siempre un paso y repone hacia adelante. Eso, es emocionante.

Se escucha por ahí que estos de Miura también han ganado en toreabilidad, que son más manejables que sus hermanos de antaño. No fue ayer así. Corrida dura, muy difícil, para tragar y enfrentarse, para tener el físico bien preparado, para, entre unas cosas y otras, dejar el vestido hecho una sopa al terminar, sudar y sudar. Una corrida de Miura, en resumidas cuentas. Una corrida no solo necesaria, imprescindible en el panorama taurino. Por muchas flechas que le tiren los amigos del torete amigo.