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Y el público disfrutó

Las apuestas diseñadas para los Fueros convencieron a decenas de miles de personas y el jazz y las músicas del mundo de la Compañía fueron equilibradas.



Un reportaje de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Andoni Zulet - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Público asistente al concierto de Berri Txarrak, el más multitudinario de estas fiestas.

Público asistente al concierto de Berri Txarrak, el más multitudinario de estas fiestas. (ANDONI ZULET)

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Público asistente al concierto de Berri Txarrak, el más multitudinario de estas fiestas.

A falta de cifras oficiales, la percepción es que la programación musical de los escenarios sanfermineros ha funcionado este año mucho mejor que la del pasado. Eso sí, permanece la sensación de que tal vez es preciso contar con más diversidad en los géneros y de que no estaría de más traer alguna banda de pop rock indie para contentar a sus miles de adeptos. Por lo demás, acierto en la elección de grupos de los Fueros y equilibrio entre el jazz y las músicas del mundo de la plaza de la Compañía. Tampoco faltaron las verbenas en la Plaza del Castillo, que siempre tuvo público, incluso cuando entre semana los bares de algunas calles casi siempre concurridas estaban prácticamente vacíos.

Eso sí, y con todo el respeto a las orquestas, cuyos componentes se curran las fiestas de todo el Estado, sigue dando pena que no haya alguna cita destacada siquiera una en el espacio más céntrico de la ciudad. Al margen del programa oficial, volvieron los Herri Sanferminak, con actuaciones de bandas como Pitikens, Flitter, Las tipex, Eskorzo, Strombers, Blackbeltz y Koban, entre otras. Y no faltó, por supuesto, el txoko del Oinez. La plaza de los Fueros volvió a ser, un año más, el escenario principal de la música. Y no solo por las citas de las 23.30 horas, sino también por la sesión de la tarde, que combinó talleres, bailes, juegos, etcétera.

En cuanto a la noche, abrió fuego La Pegatina, una apuesta segura que, en efecto, cumplió con lo previsto. El grupo catalán reunió, con Los Caligaris por delante, a más de 20.000 personas. Rozaron las 15.000 Nathy Peluso, que precedió a los navarros Iseo y Dodosound, que se sobrepusieron a la lluvia que ha amenazado varias de las veladas sanfermineras sin cobrarse ninguna suspensión. Y nuevamente sumaron 20.000 asistentes los Berri Txarrak, que se hicieron dueños de la noche con un concierto eléctrico de principio a fin que contó con una antesala algo deslucida de Jupiter Jon.

Y hasta aquí los datos facilitados por el Ayuntamiento, que completará el balance en los próximos días. No se conoce, pues, la asistencia a las actuaciones de The Offensive y Skakeitan, EME Dj, Rawan y Luci Paradise y Dj Txurru. Tampoco la de los italianos Talco, pero a tenor de lo visto en la plaza, volvió a ser una noche muy animada.

Se puede afirmar, por lo tanto, que el cartel ideado para este espacio fue un éxito, teniendo en cuenta, asimismo, que se consiguió atraer a espectadores más jóvenes, aunque cabría pedir que en años sucesivos sea más compensado, de modo que no concentre a las bandas más solicitadas al principio, dejando las jornadas intermedias un tanto desatendidas. Se entiende que los fines de semana mandaron a la hora de fijar los bolos, pero hay que tener en cuenta que entre semana también estamos los de casa. La plaza de la Compañía alcanzó su objetivo. El jazz volvió a estar presente con primeras figuras como Clarence Milton Bekker y Kenny Garrett, pero también hubo espacio para otros sonidos de la mano de propuestas de mujeres con arte y personalidad como Carmen París, que demostró la solvencia que dan décadas de trayectoria;La Yegros, una grata sorpresa;Les Filles de Illighadad, música y empoderamiento a partes iguales, y Soleá Morente, raíces y modernidad.

El equilibrio marcó la programación de este espacio, que volvió a contar con público fiel. Pero estas no fueron las únicas citas con la música. Las verbenas fueron nuevamente elegidas por numerosas personas de diversa edad, destacando las de la plaza de la Cruz, dirigidas a un público algo más veterano, que disfrutó bailando con las orquestas Euro, Mediterránea o Stylo, y las de la Plaza del Castillo, con más jóvenes y familias entre los asistentes, que bailaron al ritmo de Nueva Saturno, Maremágnum o ABBA The New Experience.

Tampoco faltaron las manifestaciones culturales propias de la tierra, como el bertsolarismo, presente en tres actuaciones en el paseo de Sarasate;las habituales jotas, con recitales diarios de diversas escuelas todos los mediodías en el mismo lugar;la música de bandas y las danzas de mayores y pequeños.

Y, por supuesto, los ciclos de artes escénicas dieron lo que prometieron. Por un lado, títeres y marionetas, con el incombustible Gorgorito, que sigue cosechando aficionados generación tras generación, y con compañías que ofrecieron espectáculos en euskera y castellano. Lo mismo sucedió con el teatro de calle, algo más variado y muy vistoso, que contó con artistas experimentados como los Titiriteros de Binéfar y con otros como Tutatis, La Fam o Almonzandia. Por último, no hay que olvidar la presencia de La Cubana en el Teatro Gayarre, que se quedó todos los días con nosotros despidiendo a su querido Arturo.