El rincón del paseante

De manteros, toros y toreros

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 15 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola personas, ¿sobrevivimos?, bueno, hala, que ya han pasado, ya no hay que levantarse inquieto porque no llegamos a la cita, ya no hay que volverse loco porque no encontramos las entradas de los toros, ya no hay que hacer un esfuerzo para recordar con quien estuviste ayer, y ya no hay que almorzar, comer, merendar y cenar por obligación, ya llega la normalidad, no hay más que mirar a tu alrededor ahora, en este momento de este domingo 15 de julio, el día más vacío del año.

Mi paseo de hoy ha durado una semana y ha habido de casi todo. Resumo:

Habrá otra cosa que, como las enumeradas al comienzo, no habrás de hacer, no habrás de sortear más las miles de mantas extendidas en el suelo de Carlos III con una mercancía que está producida de forma ilegal, que se importa de forma ilegal, que se vende de forma ilegal, por trabajadores en situación ilegal, y que ilegalmente no dejan un pavo en las arcas del común y perjudican gravemente a fabricantes y vendedores que sí cumplen escrupulosamente con las estrictas reglas que el estado y el ayuntamiento requieren, paradójicamente el mismo ayuntamiento que hace la vista gorda y que permite y facilita la perpetración de semejante lista de ilegalidades convirtiéndose, por lo tanto, en cómplice de todas ellas. ¡No hay derecho!, ¡es una vergüenza! No seré yo quien esté en contra de que se socorra a todo necesitado y si vienen y se adaptan a lo establecido, bienvenidos sean y si necesitan ayuda, formación e integración que la tengan, pero así no. ¿Con qué medios se puede ayudar perjudicando a quien los produce?

Esa pobre gente no son más que esclavos de unas mafias que controlan toda esa venta y toda esa mercancía, el favor que se les hace a ellos con la dejación es muy magro comparado con el que les estamos haciendo a los que de verdad se llenan los bolsillos con semejante atropello a la legalidad. Antes Carlos III estaba lleno de músicos callejeros, magos, malabaristas, marionetas y muchas cosas más que daban color y vida y que atraían a los niños y los dejaban boquiabiertos, se podía pasear, se podían sentar ciudadanos como mis padres, por ejemplo, nonagenarios, en los bancos del paseo a disfrutar de la fiesta, hoy no, hoy antes de empezar la venta todos ellos estaban ocupados por los manteros y su mercancía. Literalmente. No exagero ni un pelo. Esto ha de terminar.

Bueno, dicho lo cual, con la seguridad de que nadie me va a hacer ni puñetero caso hablaremos del resto. Yo he pasado la fiesta entre trabajo, diversión y paseo. Ya a mi edad las juergas pesan como losas y no compensan, las mañanas sanfermineras son una delicia y en este momento de mis calendarios me gustan tanto como en otro momento de los mismos me gustaban las noches.

¡Qué noches las de aquellos días!

Primero, en los años adolescentes, fueron las verbenas en las piscinas, siempre era más fácil negociar en casa una verbena social, que pasar la noche de calle en calle. Yo era un chico formal, pero luego… lo que pasa, los amigos… esas cosas.

A finales de los 70 empezó a nacer el fenómeno “San Juan”. Con la llegada de míticos bares como Conocerte es Amarte Baby, Lo que el viento se llevó, o la Discoteca Young Play, empezó a convertirse en la zona favorita de la movida pamplonesa. Luego llegaron el Tio Enrique, el Café Cream -mi segunda casa-, El Cole, el Jokers, toda la travesía: Papillón, Locos, Glorys, Brujas, Octanos, más allá el Negro Zumbón, y muchísimos más. Las noches sanfermineras en San Juan eran memorables: música, copas, color, calor, chicos, chicas, vida, mucha vida;después a Larraina, a las barracas, a las dianas, al encierro, a desayunar, a bailar un poco al casino, al gas a almorzar y si no había mejor plan a casa, solo o en compañía de otra. ¡Ay, juventud, qué rápida te vas, jodida! De todos modos que nadie vea añoranza en mis palabras sino gratos recuerdos, estoy bien como estoy y ahora son otros mis Sanfermines. No me faltan elementos comunes a los de antes como son mis amigos, mi gente, unas cañas y alguna cuchipanda gastronómica. Una cámara de fotos es prolongación de mi mano prácticamente todo el tiempo, todo lo guardo. A veces me acompaña mi guitarra y me junto con unos gamberros cargados de instrumentos y de alegría y le damos “Gracias a la vida” que nos ha dado tanto. Son amigos de un tal Negro José.

La acumulación de años no perdona y he de reconocer que no soy una excepción y que soy un poco cascarrabias y cebolleta, aun así el 90% de las veces me callo y miro para otro lado porque entiendo que no son mis Sanfermines son los suyos y están en su derecho de hacer lo que les dé la gana. Sanfermines son fiestas en libertad. Pero me fastidia mucho que huela tanto a meado, que haya tanta mierda, que haya tanta gente rara intentando esquilmarte, que haya tanta niña ciega, gritona y meona, que haya tanto zangolotino meón cargado de testosterona, borracho, dando voces, empujando y entrando en los bares como elefante en cacharrería, eso y alguna que otra bagatela sin importancia alteran mi habitual paciencia. Una persona que suele venir conmigo me dice que soy un gruñón insoportable. Será que me quiere.

En lo taurino, también me he convertido en cascarrabias y descreído, durante años he estado abonado a la plaza de Pamplona y a otras, he visto muchísimas corridas y me he divertido con lo que pasaba en el ruedo y con lo que pasaba en el tendido, pero ahora nada o casi nada me llena, nada o casi nada me convence y me aburro, me aburro sobre manera. Toros, las más de las veces, descastados, sin fuerza, sin picante, sin interés, que caen en los engaños de toreros desmotivados unos, bisoños otros, malos sin paliativos algunos, incapaces muchos y cuatro elegidos que hacen que el corazón te dé un brinco con una trincherilla, un natural o un pase cambiado. Pero esos son pocos y las ocasiones escasas. Por lo tanto mejor no voy. Este año fui el día 10 y salieron seis bueyes por el portón de los sustos que asustaron poco, con esos mimbres es imposible hacer un canasto y… los de luces aún hicieron algo. Se lo inventaron. Meritorio.

Por último he decir que este año me ha llamado poderosamente la atención el bajón de visitantes que ha habido, no sé por qué pero me da a la nariz que entre violadores y periodistas desinformadores, manipuladores, y mercachifles de los medios, nos están poniendo a la altura del betún en lo que a seguridad se refiere, cuando aquí nunca pasa nada, lo del 16 no tiene precedente, casos los ha habido, sí, por desgracia en todas partes los hay y los habrá. El “hijoputa” no necesita cultivo, se da silvestre.

Por lo demás nada, lo hemos pasado bien y lo seguiremos pasando. El que no quiera que no venga. Él se lo pierde.

Ya falta menos.

Besos pa tos.