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La noche más larga

Un gentío resistió en el ocaso de los Sanfermines y continuó de juerga hasta entrado el domingo

Joana Lizarraga | Unai Beroiz - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Una pareja vuelve a casa por la vacía calle de Pozo Blanco en el Casco Antiguo de Pamplona.

Una pareja vuelve a casa por la vacía calle de Pozo Blanco en el Casco Antiguo de Pamplona. (UNAI BEROIZ)

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Una pareja vuelve a casa por la vacía calle de Pozo Blanco en el Casco Antiguo de Pamplona.

pamplona- Ya falta menos. El reloj más importante para los pamploneses y pamplonesas, el de Kukuxumuxu, ya ha iniciado su cuenta atrás: 354 días para volver a teñir la ciudad de blanco y rojo.

Con velas en mano y lágrimas en los ojos, miles de personas desanudaron su pañuelico del cuello y Pamplona dijo adiós a estas fiestas sin igual. Aun así, la juerga pesó más que el emotivo Pobre de mí y los que se resignaron a despedirse de las fiestas honraron, una vez más, a San Fermín con una última noche de juerga.

encierro de la villavesaLos vasos de plástico brindaron al grito de “¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermín!” hasta que salió el sol dominguero que advirtió la última parada de las fiestas: el popular encierro de la villavesa.

Decenas de mozos se congregaron frente a la hornacina de Santo Domingo para rogar al santo en el ultimísimo encierro en el que no hubo ni Miuras, ni villavesa, pero que contó con la tradicional presencia de Induráin en bicicleta.

La carrera más multitudinaria de los últimos años fue limpia, sin heridos por hasta aunque con algún que otro contusionado por los pequeños montones que se pudieron formar a lo largo del recorrido de 875 metros.Una vez concluido el encierro, la mayoría de mozos se retiró a casa para desintoxicarse de los nueve días de fiesta ininterrumpida. Sin embargo, hubo quien se resistió a dejar marchar los Sanfermines y desayunó una caña al son de las últimas canciones de los bares que seguían abiertos a las 9 de la mañana.

Conforme pasaban las horas el rojo de las calles fue desapareciendo. Los últimos uniformes sanfermineros se mezclaron con la gente vestida de calle y tocó asumir que el día 15 había arrebatado las fiestas de San Fermín.

Por su parte, algún guiri rezagado despertó descolocado en los bancos de la Plaza del Castillo todavía con pañuelico al cuello y litrona en mano.

la resacaLos fantasmas de los Sanfermines se adueñaron de una Pamplona dormida y, posiblemente, resacosa.

Una vez despejadas las calles, los servicios de limpieza del Ayuntamiento trataron de borrar las últimas secuelas de los nueve días de juerga.

La vida hostelera, mucho más relajada, trató de volver a la normalidad, aunque hubo comercios que decidieron dejar echadas la persianas para poner a punto sus locales o tomarse un merecido día de descanso. San Nicolás o Estafeta hicieron un fuerte lavado de cara mientras calles como Jarauta, en los que se mueve la juventud, seguían apestando a una mezcla de kalimotxo y gintonic.

Aunque cada día los operarios de limpieza se esforzasen por limpiar las calles y así evitar que las zapatillas se pegasen al suelo, ayer tuvieron que poner mucho empeño para que la ciudad se recuperase de la juerga con las mínimas secuelas.

Un año más los Sanfermines han pegado fuerte, y aunque la ciudad recupera su ritmo habitual, son muchos los pamploneses que tardarán en recuperarse de la resaca.