Insaciabilidad

Por Ignacio Pérez-Ciordia - Lunes, 16 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

ya falta menos para el glorioso San Fermín;todavía menos para el inicio de la mejor liga del mundo. El tiempo faltante se hace eterno, pero la ilusión, los partidos preliga contra alguna selección (se habla de selección de Bosquimania) y los fichajes (muy en entredicho), harán mas soportable este tiempo vacío.

Eduardo Galeano ya lo manifestó de manera contundente: el fútbol es la única religión que no tiene ateos. Es una frase sonora, de fácil recordatorio y dicha en un momento donde las gónadas contribuyeron al resultado, en un momento de euforia y posiblemente de soledad, grata compañía cuando se tutea con ella.

El fútbol es deporte y sentimiento, pero también política, negocio y espectáculo. Habrá quien solicite la venia en alguno de los apartados, otros realzarán las ausencias y habrá quien manifieste abusos sin parangón.

a) Fútbol política. La obsesión de todo electo es acercarse al pueblo. Y eso es lo que hicieron como prioridad absoluta el señor alcalde y la señora presidenta, ir a visitar El Sadar, en palco por supuesto. Nada diferente de lo que hicieron sus ancestros ni lo que harán sus sucesores. Pareciera como si los políticos en ciernes y a futuro asumieran los mismos instintos que permiten que el negocio del fútbol, sacrosanto, continúe siamesizado con los políticos: donde el juego limpio, el respeto a las reglas y al rival es ridículo e incluso nocivo, donde más que a los héroes insumisos se aplaude a los villanos sumisos. Dudo de la primacía del fútbol sobre la política o viceversa, pero los efectos y consecuencias son radicalmente similares. Los debates sobre fútbol-política tienen tal grado de infantilismo que provoca vergüenza y sonrojo. Es idéntico en el plano nacional e internacional. Compaginamos la mano extendida con decisiones políticas de alto rango: Qatar 2022 es un claro ejemplo. Las sonrisas se convierten en rictus sardónicas, las chaquetas en chaleco amarillo de Don Corleone y los zapatos son una charolada de Scarface. El dado de la timba nada tiene que ver, sí los intereses geoestratégicos;los dirigentes nacionales e internacionales constituyen un magma pegajoso, impermeables a la crítica, al ridículo y al razonamiento.

Ruanda, entre los 20 últimos países del mundo en el Índice de Desarrollo Humano, patrocina el Arsenal con 30 millones de euros, con el único requisito de aparecer en la manga de los jugadores. Si abren los ojos verán razones poco sibaritas y mas infernales que el pensar en la promoción del turismo.

b) Fútbol negocio. Telefónica, antigua Matildes, regala 1500 millones a los clubs para poder retransmitir fútbol;y la deuda de estos con Hacienda asciende a 260 millones. En lo particular, el tal Cristiano adeuda 30 millones al fisco, que multa con 3,5 millones al tal Leo. En su boda, comunica a los invitados del mundillo que sus regalos los donará a una ONG. Ello supuso un montante de 36,5 euros por invitado, auténtico escupitajo a la dignidad, propio de cutres, fariseos y heriditas, de ego superlativo a quienes la humanidad les humilla;bioperversidad en estado puro.

El informe The Investment In World Football, señala que la inversión de la industria del fútbol supera los 65 mil millones de euros anuales y en España supone el 1% del PIB;los grandes clubs españoles se han convertido en autenticas multinacionales.

Y todo este desparpajo promueve las cloacas del balón, con tramas para el amaño de partidos y donde la corrupción ya instalada deja a los políticos como inocentes bebés. Ángel Villar, al frente de la organización durante 30 años y detenido por (presunta)corrupción es sustituido por su tesorero;agua al mar.

En el fútbol roban los directivos-deberían prohibirse las permutas inmobiliarias entre clubs y Ayuntamientos-, los intermediarios- la lujuria de los fichajes es pura psicopatología-y los fútbolistas-nominas de millones de euros mas incentivos. Y todos ellos vituperados y jaleados por una hinchada feliz (Tots som Messi). El negocio llega a considerar a Thanatos susceptible de enriquecimiento a través de los columbarios que se han establecido en varios clubs, especialmente en el del 3%, con ventajas para socios, peñistas y exjugadores (señalan en su marketing)

c) Fútbol espectáculo. Titularizado por el aficionado de bufanda, capaz de hacer (casi)cualquier cosa por sus colores. Sobre la masa, que hace del eslogan su ideología, domina un grupo rufianesco de déspotas exaltados, promovidos e incluso financiados por el propio club con la artimaña que dan espectáculo. Constituyen el gallinero que enseña sus espolones y siempre gana quien manifiesta el griterío más estridente, el paradigma de la idiotez;necios, en quienes la boca va siempre por delante de su cabeza y donde la irracionalidad es sinónimo de apasionamiento. Son los verdaderos artífices del fin de semana y sus sentimientos valen su peso en oro para quien rige los destinos del espectáculo. El poder de algunos criminales, también llamados ultras, tiene con frecuencia consecuencias dramáticas y si no encuentran el enemigo, lo inventan;les basta con una nariz. No se trata de estigmatizar a nadie pero al aficionado(forofo) le sobra un ojal o le falta un botón.

d) Fútbol deporte. De la cadena de eslabones que conforman el deporte rey, es el mas débil;el grupo mas numeroso, pero quien tiene menor poder de decisión, son quienes sufren en silencio, como las hemorroides. Es fascinante la desunión de este grupo aun cuando fuera únicamente para exigir responsabilidades ante los fracasos deportivos y la impunidad de los directivos ante las promesas infundadas e incumplidas.

Los aduladores se convertirán en espectros y las emociones trastocarán en información;mientras, actuemos con humildad franciscana.

El autor es profesor asociado UPNA