Cliché sefardí en el medievo

de estafadores a asesinos, el poeta jon juaristi detalló la figura estereotipada de los judíos en la literatura medieval

Un reportaje y fotografía de Julen Azcona - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Juaristi, en la conferencia inicial de la Semana de Estudios Medievales.

Juaristi, en la conferencia inicial de la Semana de Estudios Medievales.

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Juaristi, en la conferencia inicial de la Semana de Estudios Medievales.

usureros, deicidas o siervos del diablo. Así identificaba la sociedad medieval a sus vecinos judíos, a través de relatos y personajes que los ridiculizaban y que pueden encontrarse hoy al revisar la literatura de la época. Lo explicaba ayer el filólogo y escritor Jon Juaristi (Bilbao, 1951) durante la conferencia inaugural que sirvió de pistoletazo de salida de la 45º Semana de Estudios Medievales de Estella-Lizarra, cuyo tema central analizará, hasta el próximo viernes, los Rostros Judíos del Occidente Medieval.

Juaristi desgranó con ejemplos en la literatura esas tres figuras negativamente estereotipadas que trovadores y juglares recitaban desde la comedia. “El tratamiento no era simpático”, aclaró el filólogo. “Sino odioso, debido a que los judíos no reconocían la divinidad de Cristo”.

La comedia es la principal diferencia en el tratamiento literario e iconográfico hacia los judíos frente a los musulmanes (este último, más serio). “La diferencia reside en que para los cristianos de la época, que creían estar sumidos ya en el Apocalipsis, los musulmanes no jugaban otro papel que el Anticristo en la historia de la salvación”, explicó Juaristi. “Los judíos, por el contrario, resultaban indispensables”.

El poeta relató cómo las creencias de entonces, basadas en la Biblia, consideraban que la conversión de los judíos al cristianismo era “condición necesaria” para la segunda venida de Cristo y la resurrección de los muertos. “Así que había que someterlos a una presión continua para su bautismo pero sin matarlos o, al menos, sin matarlos a todos”.

El ‘buen’ judío Para el pueblo de Sefarad, la única vía de escape de ese retrato negativo en el que le encierra la literatura medieval es, según Juaristi, la figura del buen judío, es decir, la del converso al cristianismo. El resto son todo figuras “grotescas, folclóricas y radicalmente ausentes de realismo”.

De todos los estereotipos, el “más socorrido como motivo cómico”, apuntó el experto, es el rol de usurero, “el primero en aparecer en las letras hispánicas, nada menos que en el Cantar de mío Cid”. Juaristi lo consideró un cliché “chocante”. “Los judíos destacaban por sus actividades como médicos, administradores o astrónomos y no solo como prestamistas”, afirmó, añadiendo que sin embargo “esta última es la más fácilmente reducible a estereotipo”.

El segundo de los estereotipos más comunes, el del judío deicida (asesino de Jesús), está “vinculado a la premisa de que los judíos mataron a Cristo y cada Viernes Santo renuevan las torturas y la crucifixión infligidas a Jesús en una inocente víctima cristiana (en general, un niño)”. Las leyendas de niños crucificados aparecen en el siglo XIII y resurgen en el XV, “el siglo más antijudío de la Edad Media”.

Finalmente, para el tercer cliché, el del hijo del diablo, Jon Juaristi señaló las representaciones teatrales en las que una voz diabólica animaba a pecar a los judíos, representada en los Misterios medievales “con una Boca del Infierno situada a la izquierda del tablado, como se hace hoy todavía en las pastorales vascas de Zuberoa”.

Para ilustrar la conferencia, el escritor echó mano de conocidas obras medievales, desde Milagros de Nuestra Señora (Gonzalo de Berceo, 1246-1252) a Disciplina clericalis,escrita en la primera mitad del siglo XII por el converso aragonés Pedro Alfonso de Huesca.