Luis F. Jiménez | director artístico del festival

“El festival no debe servir solo para exhibir, sino también para que se cumplan sueños”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Iñaki Porto - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Luis F. Jiménez, en una imagen de archivo.

Luis F. Jiménez, en una imagen de archivo. (IÑAKI PORTO)

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Luis F. Jiménez, en una imagen de archivo.

PAMPLONA.- Está a punto de comenzar su segunda edición al frente del Festival de Teatro de Olite, ¿siente esta programación más suya que la anterior?

-No sé, es todo muy distinto. En la primera edición se trataba de afrontar el reto, quedó bien y generó una gran satisfacción. Y, claro, en la segunda se buscan resultados con respecto al año pasado, con lo cual la responsabilidad es mayor y el compromiso por mi parte también. El listón está alto, me he embarcado en una apertura internacional, lo que crea otra dinámica.

¿Y diría que lo programado esta vez lleva más su sello?

-Diría que no. Yo llevo ya muchos años como programador y muchas veces no soy el que diseño los contenidos, sino que es la organización del festival la que me dice ‘hay que hacer esto o lo otro’. Yo tengo mis ideas, ellos tienen las suyas y poco a poco se va cuadrando todo;a veces no sabes muy bien cómo.

¿A qué se refiere?

-Por ejemplo, yo no conocía las propuestas de las Escuelas de Teatro que van a reunirse en Tafalla. Solo conocía la de la Escuela de Burdeos -La vida es sueño-, que he visto en febrero en Madrid con la Joven Compañía de Teatro Clásico. Y el resto ha ido encajando. Yo tenía en mi mente la idea de que teníamos que abrirnos a lo internacional y resulta que la Escuela Navarra de Teatro hace una obra de Angélica Lidell, que es la más internacional de las autoras actuales;y la ESAD de Sevilla ha montado a Lorca, nuestro dramaturgo más internacional. Si a eso le sumas el Calderón de la de Burdeos, ellas solas me han hecho el festival (ríe). Me lo han puesto en la línea de lo que creo que debe ser, con su sello y su identidad.

El año pasado ya quitó el adjetivo clásico del nombre. ¿Si no es un festival de teatro clásico, qué es Olite?

-Debe ser un festival primero para el pueblo de Olite, para la Comunidad Foral de Navarra y para el público tan maravilloso que acude todos los años a esta cita y que también viene desde San Sebastián, Zaragoza, Salamanca o Madrid. Y debe abrirse a ese otro tipo de teatro que no se ve durante la temporada. El gran festival de teatro clásico en España es Almagro. Tiene una programación inmensa que luego nutrirá las temporadas de teatros como el Gayarre. Así que Olite debe, en efecto, tener inspiración clásica, pero a la vez ofrecer al público la posibilidad de ver otras cosas.

¿Por ejemplo?

-Por ejemplo, el segundo día tenemos Mendoza, de la compañía mexicana Los Colochos. Fueron Premio Almagro Off en 2014, llevan girando por todo el mundo desde entonces y la de Olite será la última función de esta versión maravillosa de Macbeth que han hecho. Y lo mismo pasa con los argentinos Índigo Producciones, que en La fiesta del viejo han hecho una de las mejores adaptaciones de El Rey Lear, según la crítica. Después de Olite va a ser muy difícil verla.

Y creo que espera mucho del primer fin de semana.

-Sí, porque si nos fijamos en el fin de semana, el público de Navarra va a poder disfrutar de los múltiples acentos del castellano. Tendremos a los sevillanos con Luces de bohemia, a los mexicanos con Mendoza y a los argentinos con La fiesta del viejo. En tres días vamos a tener una riqueza enorme y un encuentro muy bonito.

El año pasado comentaba que uno de sus objetivos era, precisamente, hacer una relectura de los clásicos. Sin duda, inaugurar con una obra del siglo XX es toda una declaración de intenciones en ese sentido.

-Pues sí, vamos a tener esa hermosura que es Valle-Inclán, un clásico contemporáneo, y más aun con Luces de bohemia, que su primer esperpento. Además, con Valle-Inclán traemos al programa a la Generación del 98, que es nuestro otro Siglo de Oro. Porque es hablar de él, pero también de Unamuno, de María de Maeztu, de Azorín... Son autores que han marcado al menos a mi generación y que ofrecen una interesante relectura de lo cotidiano.

Sin duda, el esperpento está muy presente en nuestra sociedad.

-(Ríe) Y tanto que sí. El otro día comentaba con unos amigos que si Valle-Inclán levantara la cabeza no tendría que escribirLuces de bohemia, simplemente le valdría con adaptar los nombres propios de los personajes a la realidad (ríe). Para mí es muy gratificante poder abrir con un Valle-Inclán que, además, está dirigido por Alfonso Zurro, que ha sido finalista a la mejor dirección escénica con esta obra en la última edición de los Max. Sin olvidar que Mendoza y La fiesta del viejo ofrecen lecturas totalmente contemporáneas de estos clásicos. La mexicana se va de Macbeth a Juan Rulfo y los argentinos convierten El Rey Lear en un cabaret de barrio. Las tres obras ofrecen una visión muy cercana a nuestras vivencias cotidianas y creo que eso es muy importante en la apertura del festival a otras propuestas.

Siempre tiene muy en cuenta al público.

-De hecho, antes de pensar en un grupo o en una obra siempre pienso en qué ha pasado este año, qué situaciones políticas y sociales ha vivido la gente;porque, aunque sea de verano, el festival no debe ser solo un entretenimiento. Nos tiene que hacer disfrutar, pero también pensar. Ya lo decía Lorca: ‘La sociedad que no potencia su teatro es una sociedad muerta o moribunda’. La programación debe ofrecerle al público la posibilidad de sentir una comunión con un texto, con un autor, con un director, con unos actores... Pensando en eso, hay dos propuestas muy curiosas.

Que vienen de Francia.

-Así es. Una de ellas es la que protagonizará Candelita, una clownque se instalará en Olite como una vecina durante todo el festival para escuchar las historias de la gente y luego contarlas. Irá apareciendo por el pueblo por la mañana y por la tarde. Además, de Baiona llegará Negua, espectáculo de rituales y danzas vascofrancesas. Cuando supe que también iba a dirigir el festival este año, me reuní con el coreógrafo Mathieu Vivier y le comenté que tenía que ir a ver el carnaval rural de Olite para ver si podía incorporar algo a lo que él hace habitualmente. Y lo hizo. Así que el sábado 21 de julio veremos el Negua original que él ha montado con su gente y el 4 de agosto, último día, lo veremos con elementos del carnaval local, lo cual es muy grato para mí por la conexión local que establece. Olite es la anfitriona y las compañías que llegan tienen que sentir que les acogen. Y lo mismo pasa con las compañías navarras programadas, que también quiero que reciban a los profesionales que llegan de fuera, que se relacionen y que haya una comunión permanente entre ellos. Es que si no vivimos el teatro, ¿para qué?

El año pasado recuperó el encuentro de escuelas, que vuelve a celebrarse en Tafalla.

-Es que es muy importante. Fíjate que viene la Escuela de Burdeos, que es la que más actores aporta al año a la Comédie Française. Tiene un nivel de formación impresionante y aquí va a presentar un trabajo absolutamente mágico en francés y en español con la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico y el Coro de Jóvenes de Madrid. ¿A ver quién Mueve 14 actores de la Escuela, 3 de la Compañía Nacional y 70 cantantes? Pues yo, que estoy loco y me lo permiten (ríe). Va a ser único. El nivel de las escuelas es muy alto.

Tanto es así, que el grupo del Institut del Teatre que vino el año pasado tuvo tanto éxito que se ha constituido como compañía.

-Y ha sido una sorpresa muy grata. A raíz de su actuación en Tafalla dentro del Festival de Olite, la sala Tantarantana de Barcelona programó su espectáculo -Los bancos regalan sandwicheras y chorizos- durante un mes, recibió críticas excelentes, les salieron más funciones, han creado compañía y van a estar en la Fira de Tàrrega de este año y durante un mes entero en 2019 en el Teatro Español de Madrid. Y todo esto nació en Olite. Ese resultado es hermoso. Las cosas pequeñas pueden ser muy grandes. Como soñar y creer.

Otro espectáculo gestado en el festival, Gris/Mar, se va a estrenar este viernes.

-Así es. Se representó el año pasado en el ciclo de poética teatral. Luego estos muchachos retomaron el trabajo, cosa que me encantó porque no creo en los microteatros y pienso que se debe ir más allá. Lo reescribieron, llamaron a José Padilla, que a su vez lo reescribió y se estrena en Olite el primer día. De 20 minutos ha pasado a una hora y es una propuesta de calidad que perfectamente puede hacer el circuito de Navarra durante la próxima temporada. Son estas pequeñas cosas que luego dan resultado las que yo ando buscando para dotar al festival de su propia identidad;las que lo van a hacer diferente, sin competir con nadie. No podemos hacer coproducciones porque no hay dinero, pero sí tenemos posibilidad de hacer pequeñas cosas que luego pueden ser muy grandes. Este año tenemos otras cuatro propuestas navarras en el mismo ciclo y me gustaría que las cuatro siguieran el mismo camino, que las compañías encuentren pequeños coproductores, acaben el montaje y tengan funciones. Por eso invito a los programadores a que vengan a verlas. El festival debe abrir la puerta, no debe servir solo para la exhibición, sino que también debe posibilitar los sueños.

“Durante el primer fin de semana, el público va a tener la ocasión de disfrutar de los distintos acentos del español”

“El listón está alto, este año se esperan resultados, así que la responsabilidad es mayor y mi compromiso también”

“No podemos hacer coproducciones, pero sí pequeñas cosas que luego pueden ser muy grandes”