la carta del día

Mapa del sufrimiento coral

Por Gorka Vierge Ortiz - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Apesar de las las reticencias del Estado y gracias a algunas personas que han puesto su mejor empeño para que se hiciera un final ordenado y seguro, ETA ha echado la persiana de la lucha armada y con ello se nos abre una ventana de oportunidad para intentar hacer un relato inclusivo y respetuoso, a través de la recopilación de todas las violencias de origen político que hemos sufrido en, por ejemplo, mi barrio.

Desde un punto de vista meramente histórico, cabe afirmar que buena parte de la sociedad asumió que la dictadura le proporcionó a ETA motivos para nacer y crecer. Una sociedad civil que, una vez muerto Franco, le fue mandando mensajes a ETA, cada vez más nítidos, para que depusiera las armas y acabara con una espiral de acción-reacción-acción que convertía en irrespirable el ambiente político y social, ya que traía consigo un reguero maldito de sufrimiento que pudimos vivir de primera mano en la Txantrea.

Recuerdo a aquella vecina que después de pasar siete días en un cuartel de las FSE sometida a todo tipo de sevicias, perdió la cabeza y nunca más la volvió a recuperar. El capitán de la guardia civil al que mataron con un coche bomba en la avenida Villava, el asesinato a sangre fría de Pelu Izura en la bahía de Pasaia o la multitud de chavales detenidos en redadas pelágicas a los que robaron su juventud a través de torturas insoportables. Me vienen a la cabeza los estragos de la kale borroka, la cruel política penitenciaria, lesiva con los derechos de los presos y sus familiares, las víctimas de los GAL o esa concejala del PSN a la que le hicieron la vida imposible. Incontable es la cantidad de vecinos que ha sufrido palizas a manos de la policía por participar en huelgas o manifestaciones legales, abrumadora la persecución a la que ha sido sometida la juventud organizada y feas, muy feas, las acusaciones y pintadas (que todavía se hacen hoy en día) tildando de traidor a quien se saliera un milímetro de la línea ortodoxa oficial.

Tampoco debiéramos pasar por alto el padecimiento de aquellas personas amenazadas, ni los colectivos que han sufrido un recorte de sus libertades democráticas y políticas, la vulneración de derechos humanos, la banalización de la vida mediante la socialización del sufrimiento, la imposibilidad de expresarse por miedo a ser detenido, la criminalización de la crítica a la política antiterrorista, el exilio y la deportación o la presencia invasiva de la policía. Son todos ellos pequeños esbozos que confluirán para elaborar un mapa (incompleto) del sufrimiento en todos estos años.

En el plano positivo, destacaría que incluso en los momentos de máxima tensión hubo una pequeña parte del vecindario y alguna organización social y sindical que predicó a favor del diálogo, la distensión, la reconciliación y el respeto de todos los derechos humanos. Su encomiable actitud contribuyó a la toma de conciencia empática para conocer el sufrimiento en el barrio y para la humanización de los comportamientos en el camino hacia la paz.