Mesa de Redacción

El retorno de las barracas

Por Ana Ibarra Lazkoz - Miércoles, 18 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Tendría unos siete años cuando montaron las barracas en la explanada entre la calle Yanguas y Miranda y la Ciudadela. Aquella ruidera de colores, olores y sonidos dejó grabados en el disco duro momentos inolvidables de mi infancia, adolescencia y de los años más jóvenes hasta que pasaron al parque de la Runa. Recuerdo, cuando era imposible burlar la vigilancia familiar, las inolvidables tardes de San Fermín de la mano de las tías o de mi madre en la que dabas una vuelta para comprar los algodones de azúcar y manzanas de caramelo, feliz si conseguías que te compraran unas trompetillas y asustarte con la bruja del tren chu-chú porque al monstruo de Guatemala ni te acercabas... Las barracas tenían todavía más chufla cuando alargabas la noche, en compañía de las cuadrillas o en pareja, y de los fuegos o de algún concierto acababas en el tirapichón con perdigones que disparabas sobre palillos y, como mucho, te caía un llavero, y aquel martilleante charlatán de las carreras de camellos peleando sin éxito por un peluche gigante. La ubicación que baraja el Ayuntamiento en los fosos de la Ciudadela me parece acertada. Para dar continuidad a la fiesta y crear espacios de transición entre la marabunta de los bares y la otra ruidera menos loca, la del olorcillo de las salchichas de frankfurt y la casa del Terror, y que el cuerpo aguante un poco más... Una ocasión única también para liberar a la Rochapea de la presión del tráfico.