Christina Rosenvinge | cantante

“Quizá hay que explicar que el feminismo también defiende a los hombres”

‘Un hombre rubio’ es el último disco de la cantautora Christina Rosenvinge. Hoy lo presentará a las 22.00 horas en San Adrián, en una cita del programa Kultur

Ana Jiménez Guerra - Jueves, 19 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Christina Rosenvinge.

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Christina Rosenvinge.

pamplona- “¿Cuando una mujer habla de la soledad como emoción universal debería hablar en masculino para incluir a los hombres?”. Ésta es una de las preguntas que Christina Rosenvinge lanza junto a su nuevo disco, Un hombre rubio. Porque en su última colección de canciones, la cantautora española de ascendencia danesa ha abrazado un yo masculino, tratando de comprender la soledad del hombre desde dentro. Todo ello en un compacto “lleno de melodías, muy pop y pensado para tocar en directo”. Y eso hará esta noche, tocar, a las 22.00 horas, en la plaza Fructuoso Muerza de San Adrián, en una cita enmarcada en el programa Kultur.

Un hombre rubio surge a partir de la canción Romance de la plata, una oda y homenaje a su padre, quien falleció cuando usted tenía 26 años. ¿Qué le empujó a sumergirse en este homenaje y reencuentro personal con él?

-Fue todo un cúmulo de circunstancias casuales... o no tan casuales. Rocío Márquez me pidió que le escribiera un romance flamenco para su disco Firmamento, tuvimos una reunión y me preguntaron qué relación tenía yo con el flamenco. Les conté la historia de cómo mi padre era un enamorado del género y en mi casa se escuchaba mucho el flamenco, había muchos discos... pero que yo le había vuelto la espalda porque lo relacionaba con mi padre, con quien tenía mala relación. Me propusieron que escribiera sobre ello, pero pensé que era demasiado íntimo y escribí ese romance sobre otra cuestión. Y meses después, cuando estaba escribiendo una canción para mi disco, me di cuenta de que tenía métrica de romance y salió Romance de la plata.

¿Consecuencia, casualidad...?

-No es pura casualidad, porque había estado escuchando sus discos y su fantasma había reaparecido. Pero lo extraño es que la noche que lo escribí se cumplían 26 años de su muerte, y él murió cuando yo tenía 26 años... Me pareció que había una casualidad esotérica y con esta excusa me fui a su tumba a interpretar el romance, como una especie de ofrenda. Después de esa experiencia, empecé a escribir canciones que giraban en torno a la relación padre-hijo o hijo-padre y también en torno a la relación del hombre con su soledad. Todo esto mientras yo en realidad estaba escribiendo un disco muy pop, lleno de melodías, pensado para tocar en directo... Y de la combinación de estas dos cosas aparentemente irreconciliables, ha salido el disco, que ha tenido muchísimo impacto y yo soy la primera sorprendida. Supongo que es porque lo más potente, esa relación con nuestro padre, siempre es una historia muy potente en todo el mundo.

Ha mencionado el proceso de escritura de las letras girando en torno al hombre y su soledad, ¿qué le llevó a ello y cómo abordó el reto de sumergirse en este yo masculino?

-Forma ya parte de un proceso más largo. Yo he escrito siempre desde una óptica femenina y feminista y darle una vuelta interesante a eso era intentar meterme en la piel de estos hombres, anquilosados en una masculinidad tradicional que también es un poco castradora, e intentar entenderlo desde dentro. Hay muchos hombres solos en el disco, pero a veces están escritos desde una cara más humorística, otras son canciones de desamor, otras son más sexys o de desengaño... y algunas están planteadas el punto de vista de un chico joven, desde un hombre que se tiene que enfrentar a unos modelos de comportamiento con los que no se identifica. Al final yo tengo dos hijos, que son dos varones, además.

En ese sentido, ¿puede ser el feminismo, desde este lugar que se ha hecho en la sociedad, una vía para tender puentes y cambiar esos modelos de comportamiento mencionados?

-Las mujeres hemos avanzado muy rápido en las últimas décadas, quitándonos de encima y sacudiéndonos la inercia de los roles heredados. Sin embargo, eso mismo todavía no ha ocurrido en los hombres... o sí que está ocurriendo, pero no hay un movimiento significativo en cuanto a las nuevas masculinidades, y es algo también muy necesario.

¿Por qué cree que hay muchos hombres que pueden temer al feminismo hoy día?

-Porque no lo entienden, claramente. A lo mejor porque no se está explicando del todo bien, quizá hay que explicar que el feminismo defiende también a los hombres. El feminismo supone un tipo de estructura social más libre, en el que las personas eligen sus roles en la sociedad dependiendo de sus preferencias, no dependiendo del sexo que han nacido, es como quitar un corsé... ¿Sabes por qué creo que hay esa reacción y ola en contra? Porque a lo que se le da más voz, retuits y titulares es a la parte más escandalosa, ruidosa y exagerada: se entresaca de una conferencia una frase que en sí misma resulta explosiva y se enmarca. Ante eso muchos hombres se sienten atacados, pero porque no están leyendo el discurso entero. Muchos hombres y muchas mujeres, ¿eh? Además, no es una forma de pensamiento único, sino un proceso de pensamiento imparable. La transformación social es necesaria y forma parte además de algo todavía más grande y pendiente, que es la lucha contra la desigualdad.

En el mundo musical, uno de los pasos que se ha dado es la creación de la Asociación MIM (Mujeres en la Industria de la Música). Desde su dilatada trayectoria, cuyo origen se remonta a los años 90, y la evolución de la industria que ha experimentado en primera persona. ¿Existe todavía ese techo de cristal en la música?

-Sí, sí que existe. Estoy involucrada también con la MIM, me parece un proyecto muy interesante, sobre todo porque está comandado por las mujeres que están detrás de los escenarios, las que forman parte de las promotoras y de las compañías. Una cosa va ligada a la otra. No hay por ejemplo mujeres haciendo crítica musical, mujeres dedicadas al trabajo de comisariado de a quién se contrata, para qué ciclo y cuánto se le paga;o en los sellos discográficos, para decidir cuánto dinero se invierte. Si no entran las asociaciones feministas en las bambalinas y en la estructura musical, tampoco entran en el escenario.

En este hombres y mujeres, hay un músico que ha sobrevolado las canciones: David Bowie.

-Sí. La muerte de Bowie supuso un golpe para todo el mundo y para el mundo de la música fue un impacto tremendo. Lo que ocurrió fue que, de alguna manera, sus últimas obras son increíblemente trascendentales, como un colofón a una carrera impresionante... Y era muy difícil abstraerse de esos discos y es verdad que cuando empecé a componer, todas esas sonoridades las tenía en la cabeza.

Éste es un disco que, según afirma, “responde a la energía de tocar en vivo”, ¿enfocó esa composición de los temas desde este concepto de banda?

-Después de mi anterior disco, he estado de gira con una banda de rock y me apetecía escribir canciones que se salieran del mundo más intimista, que también me gusta muchísimo, pero con el que en este momento no me siento tan identificada. Quería hacer canciones mucho más sonoras y asertivas, por ese camino desde el momento en que componía las canciones. Y para sonar más sólido, en las composiciones tienes que ser mucho más simple: cuanto más sencilla sea la composición y menos acordes complicados metes, más fácil es llevarlo al mundo del rock.

Siendo una colección de canciones tan ligada a los conciertos y a esa energía de la música en vivo, ¿cómo es su puesta en directo?

-Somos un cuarteto clásico: batería;bajista que también toca teclados;guitarrista;y yo, a la voz y que también toco guitarra y teclados. Tenemos además elementos de electrónica, pero eso ahora mismo es muy fácil llevarlo, solo tienes que dispararlos. En cuanto al concierto de esta noche, el disco Un hombre rubio es protagonista en el repertorio, pero también rescatamos temas del compacto anterior, Lo nuestro, pero sin olvidarnos tampoco de otras canciones más clásicas.