Música

El tiempo detenido

Por Teobaldos - Jueves, 19 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Homenaje al organista José Ignacio Martínez Zabaleta

Organistas y programa: Pedro Mari Ardáiz: Coral Todos los hombres deben morir de Pachelbel. José Luis Echechipía: Coral de Brahmsy Voluntary de Maurice Greene. Raúl del Toro: Preludio coraly Jesu meine Fraude de Johan Ludwig Krebs, y Canzonetta BuxBV 173 de D. Buxtehude. Coro -miembros de la Capilla de Música del Aula de la Universidad- dirigido por Ricardo Zoco. Txistu: Raúl Madinabeitia. Lugar: iglesia de Santo Domingo de Pamplona. Fecha: 17 de julio de 2018.

Una de las referencias ineludibles del panorama musical de Navarra, durante los últimos cuarenta años, José Ignacio Martínez Zabaleta, ha encontrado su morada definitiva entre el recuerdo de los suyos, de sus alumnos -hoy profesores- y de todos los que hemos vivido y seguimos viviendo el extraordinario acontecer de la música llamada clásica. Ciertamente su lugar preeminente está entre el aire bien ordenado de los tubos del órgano, pero no sólo;porque a Zabaleta, algunos le conocimos cantando en el Orfeón Pamplonés, dirigiendo pequeños coros alrededor de una consola de cualquier órgano de iglesia, y, como director -administrativo y musical- del Conservatorio, con aquellos Mesías del Conjunto Coral, que, tozudamente, se empeñaba en que sonaran bien pronunciados en inglés. Su magisterio -no sólo pedagógico, sino también organizativo- fue extraordinariamente eficaz: vital para el desarrollo del Conservatorio;y entusiasta en la Asociación Navarra de Amigos del Órgano -restauración e interpretación-. Una eficacia que venía de su dedicación diaria, del trabajo de fondo, como el bajo continuo;nunca de declaraciones aspaventosas o arbolarias. Por eso, de sus muchas actuaciones, retomo hoy una crítica del concierto dado en el órgano de la parroquia de Lecumberri (Navarra Hoy 5-10-1992), en colaboración con el oboísta Jorge Bronte, como resumen de su filosofía: colaboración con otros músicos, y lugares donde importe más la tradición musical, la cercanía y respuesta de la gente, que el relumbrón de una gran sala de conciertos. En aquel programa: el maestro, o sea Juan Sebastián Bach, que no podía faltar, y César Franck: símbolo de la densidad y solidez sonora que era capaz de sacar al órgano con una sabia “registración”. De todos modos, para muchos aficionados, entre los que me encuentro, la mayor aportación de Zabaleta a nuestra visión musical, fue la pionera y no siempre bien comprendida, revolución interpretativa de la música barroca, y de la música antigua en general. Teníamos las grabaciones de Karajan de la Pasión San Mateo, y las de Sir Adrian Boult del Mesías, con coros y orquestas de más de cien intérpretes. Y en el órgano escuchábamos las versiones de abultado grosor que Taberna hacía de Bach. Zabaleta nos decía, para nuestro escándalo, que aquello era un disparate, que escucháramos a Karl Richter. Y nos descubrió toda la tendencia historicista que vendría después, y que él transmitió a sus alumnos: soltura y claridad en los teclados;vocalizaciones limpias en coros reducidos;diferenciación y luminosidad en la frondosidad de las fugas. Todo dicho con humildad y ejemplos, y, a veces, siendo despreciado por los inmovilistas. Pero el tiempo le ha dado la razón. Su tempo. Ese tempo de presbiterio vaticano -sin prisa pero sin pausa- que tenía para todo. Un tempo que sigue fluyendo en las manos de sus compañeros y alumnos, que, después del funeral oficiado por al Maestro de Capilla, Aurelio Sagaseta, le han ofrecido un cariñoso y recogido homenaje musical. Pedro Mari Ardáiz, como ejemplo de servicio de lo que es el organista titular de una parroquia -Zabaleta lo fue de Santo Domingo-;y José Luis Echechipía y Raúl del Toro, como continuadores, de la espléndida y renovada esa escuela organística, por él fundada. Un tempo, hoy detenido y, también registrado en su disco del órgano de San Nicolás (Ediciones EMLO 1991).

Ricardo Zoco dirigió al coro que cantó, entre otras obras, el In Paradisum del Réquiem de Fauré: “Que el coro de ángeles te acompañe y salga a tu encuentro…”. Que así sea.