la carta del día

El poco coste de servir al pueblo

Por Ioseba Moreno y Rubén Ziganda - Viernes, 20 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

una mentira, por mil veces repetida, no se convierte en verdad. Un trozo de la historia, por más que se manipule y se subraye, nunca sustituye al conjunto de hechos que dan cuenta de lo que sucede en determinado momento y lugar. Esto es algo que Joseba Otondo, alcalde de Baztan, no acaba de entender. Así lo pone de manifiesto en el artículo publicado en este medio el pasado 16 de junio: El coste de servir al pueblo, no al capital. En el artículo se vierten afirmaciones y consideraciones de distinto tipo sobre el proyecto de Aroztegia en Lekaroz. Sin entrar en las dirigidas de forma directa a los promotores, queremos puntualizar varias inexactitudes, por no decir mentiras directas, referidas a otras cuestiones. Es asombroso, para empezar, que el alcalde equipare el uso que se hace de la plaza para organizar “ferias, bailables, conciertos, cabalgatas, actos finales de manifestaciones o encuentros evangelistas” con una acampada de parte para protestar contra un proyecto sensible. Sabe bien él que nada tiene que ver una cosa con la otra, porque este proyecto, aprobado por el Ayuntamiento, y que cuenta con los permisos del Gobierno de la Comunidad formado por una coalición de partidos a la que propio alcalde pertenece, cuenta con la oposición de un sector minoritario de ciudadanos. Frente a actividades lúdicas o festivas que nadie discute, el alcalde ha protegido en esta ocasión una actividad partidista y contraria al sentir de la mayoría. Dice él que suena a broma, pero en absoluto es broma: lo único que suena a broma es la actitud de un alcalde, auténtico verso suelto e incontrolado dentro de la EH Bildu, que cual trasplantado Ortega toma el Ayuntamiento como finca particular en la que cree que puede hacer cuanto le viene en gana, aun teniendo solo cuatro concejales entre trece. O seis frente a siete, si contamos el apoyo de Ezkerra. Siempre en minoría, en cualquier caso. Puede citar a Roque Dalton o a Robespierre, si le apetece más: lo que autores hayan dicho en otros lados no le da ninguna autoridad moral mayor, porque aquí lo que cuentan son los votos. Nuestro alcalde sabe que el proyecto fue aprobado por el Ayuntamiento, aun cuando él votó en contra. Quienes votamos a favor estamos convencidos de que esa actividad va a generar puestos de trabajo y va a generar riqueza para todos. Eso, no otra cosa, es lo que el valle necesita. Pero el alcalde, en lugar de defender de forma decente y leal lo aprobado en el pleno, que es lo que tiene que hacer con lealtad, le guste o no, se ha puesto en contra y ha trasladado la discusión a la Junta del Valle. Sabe bien el alcalde que la Junta no tiene ninguna competencia en este tema, pero da igual: es el coste de servir al pueblo. La Junta General es una institución demasiado seria para nosotros como para practicar con ella el juego de la manipulación. Pero eso es lo que el alcalde ha hecho, sabiendo perfectamente que desde el punto de vista legal nada tiene que hacer. Aún más, no ha tenido problema en que la Junta sea asistida por servicios jurídicos pagados por el propio ayuntamiento: es decir, los servicios jurídicos del Ayuntamiento actúan contra el Ayuntamiento que les paga, azuzados por el alcalde. Parece una grave irregularidad que quizás tenga también consecuencias en el futuro. Nada tiene que hacer desde el punto de vista legal: las querellas particulares seguirán su curso y serán los jueces quienes dictaminen, pero esta forma de proceder del alcalde contra su propio ayuntamiento ha costado ya de momento a los baztandarras 10.000€, que hubieran venido muy bien para atender necesidades de los vecinos. No es el alcalde quien paga esa cantidad, claro, sino el pueblo del que él se erige poco menos que en salvador. La sentencia tildaba a la Junta de “temeraria” en su proceder. La temeridad tiene un responsable no único pero sí mayor: Otondo. Sabe también el alcalde que en absoluto es cierto que Lekaroz no apruebe el proyecto, más allá de manifestaciones en plazas o en discusiones de bar: quienes apoyamos el proyecto obtuvimos más votos, también en Lekaroz. Y sabe asimismo que los que apoyamos el proyecto decidimos no participar en aquella consulta sin garantías porque todo nos parecía una tomadura de pelo. Cuando tenemos mayoría en el pleno negamos las propuestas para hacer una consulta, y cuando dejamos de tenerla, nos acogemos a ella. Faborez. Al alcalde no deben gustarle los ricos, y está en su derecho, porque es una cuestión de gustos. Pero qué fácil resulta disparar con pólvora ajena, plantear recursos sabiendo de antemano que va a perder, como está sucediendo, pero que a él no le van a costar un euro, porque para eso están los dineros ajenos, los dineros de la caja del Ayuntamiento. No, no se confunda: no es el acalde un hombre castigado por quienes mal le quieren, sino alguien incapaz de distinguir entre lo que se le pide a un servidor público como es un alcalde, que debe velar para que se cumplan los acuerdos adoptados por la mayoría, le gusten o no, y un ciudadano que se vale del cargo para imponer, por encima de todo y de todos, su real gana. Sabiendo que los desaguisados nunca los va a paga él. O quizás algunos sí: entonces solicitará nuestro apoyo frente al enemigo exterior.

Los autores son concejales de Geroa Bai en Baztan