El tren de la vida

Tomás Pastor En nombre de la familia Pastor Latasa - Viernes, 20 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Lo habitual es que cada uno de nosotros conozcamos el día, lugar y entorno familiar en el que nos subimos al tren de la vida, un recorrido que a buen seguro nos deparará numerosos acontecimientos que llenarán nuestra existencia, hasta el momento y lugar últimos en el que nos apearemos en una estación a priori desconocida. Nuestro familiar Tomás Pastor Altamira se bajó del tren el pasado 13 de julio después de 81 años de intensa actividad. Un cáncer de pulmón se lo llevó tras pasar casi diez meses luchando a brazo partido por ganarle la batalla a una enfermedad que había cimentado en casi 50 años de adicción al tabaco.

Cuando cada lunes acudes al tratamiento de Oncología y en la sala de espera contemplas algunos rostros de dolor, muchos de tristeza y la práctica totalidad de resignación, es entonces, como también cuando estás ingresado en la planta de Oncología fruto de las graves recaídas, cuando entiendes la importancia de contar con profesionales de la salud como éstos, que se esfuerzan al máximo para aplicar la mejor terapia posible y cuidan hasta el extremo la atención psicológica al enfermo y sus familiares;mostrando una empatía y compasión, en un contexto siempre de dolor, sufrimiento y a menudo desesperanza, que constata su valía profesional y su calidad humana. Son realmente admirables, y eso a pesar de una carga de trabajo ciertamente elevada. Uno se convence así de que, frente a grandes proyectos de costes desorbitados y con una rentabilidad social muy cuestionada -como el tren de alta velocidad, con el que nos ahorraremos unos minutos que luego dilapidaremos tomando un refresco en una terraza, distraídos con el móvil o realizando compras en una zona comercial;megapabellones como el Navarra Arena o circuitos de velocidad deficitarios, por poner tres ejemplos-, lo que merece la pena es invertir en salud, atención social y educación.

Por otra parte, en nuestra familia entendemos que políticos y sociedad deben plantear un debate abierto, sereno, respetuoso, tolerante y constructivo sobre la eutanasia, incluido el asunto del suicidio asistido, y en el que tengan cabida todas las sensibilidades y todos los planteamientos. Como le dijo Tomás a una doctora que le atendió los últimos días: “Ponme una inyección y déjame como un pajarico”. Y es que cuando los médicos dictaminan que ya nada se puede hacer frente a la enfermedad salvo esperar a la muerte, el enfermo es consciente de ello y, además, libre y responsablemente decide que no quiere seguir luchando, que se quiere ahorrar el sufrimiento físico y psicológico de una agonía absolutamente innecesaria y evitable -y también pensando en que sus familiares y amigos se libren de esta tortura que se suma a lo ya padecido-, lo razonable y compasivo es poner fin al dolor, a una vida que ya no es existencia sino subsistencia. Y de paso ahorraríamos unos recursos económicos que podríamos destinar a otros enfermos con posibilidades reales de curación.

Para terminar, queremos agradecer, además de al Servicio de Oncología del CHN, la eficaz, cercana y amable atención que hemos recibido del centro de salud de Orkoien y también de esa prolongación natural del mismo que es la farmacia Laura Garín. Y qué decir de los familiares, amigos, vecinos y conocidos: habéis sido el aliento que ha mantenido con vida a Tomás en estos largos y duros meses de enfermedad, así como un apoyo impagable para sus familiares en estos tristes momentos. Deseamos que vosotros recibáis un respaldo similar si os llegan tiempos difíciles. Muchas gracias.