Lo que podía haber pasado

Por Alberto Ibarrola Oyón - Viernes, 20 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

la grave y profunda crisis económica, política y social que comenzó aproximadamente en 2008 y que afectó de modo tan singular al Estado español, hubiese ocasionado una hecatombe institucional, social y tal vez territorial si esta hubiese ido acompañada de los atentados mortales a que nos tenía acostumbrados la banda terrorista ETA. Para cuando los efectos de la crisis comenzaron a ser notorios y persistentes, ETA estaba dando ya sus últimos coletazos. Recordemos que los grandes golpes policiales contra la organización terrorista, los que la dejaron inoperante, se dieron sobre todo a partir de 2004. Y ya para 2009 se producía el sorprendente hecho de que la policía se adelantaba a la acción de los comandos, a cuyos miembros se les detenía antes de actuar, en acciones preventivas que abortaban nuevos crímenes semejantes a los perpetrados durante toda su tétrica y luctuosa historia. Los atentados mortales eran muy infrecuentes aunque no se hubiese lanzado todavía el comunicado de cese definitivo de la actividad violenta. La muerte por agotamiento de ETA no le permitió arremeter contra el Estado durante la crisis, lo que constituye un logro sin precedentes del aparato policial español. ¿O es que en el fondo ETA no ha querido infligir un daño de tal magnitud a la democracia española por responsabilidad histórica? ¿Se dio cuenta de que atacar a España durante lo peor de la crisis hubiera puesto en riesgo la seguridad del pueblo vasco? Tal vez cuando Rodríguez Zapatero afirmó que Arnaldo Otegi era un hombre de paz, el presidente del Gobierno sabía que la izquierda abertzale estaba dispuesta a renunciar a asestar un durísimo golpe, que podía haber sido defintivo, a la democracia española del 78. Tal vez en la misma línea en que hacia 1989 Herri Batasuna se abstuvo para permitir la investidura de Felipe González pese a la constancia de la implicación del PSOE en el GAL, la izquierda abetzale ha preferido mantener de algún modo el estatus quo antes que promover un retorno al franquismo, tendencia que saben existe en la política española aunque algunos piensen que eso sería imposible.

La crisis económica ha sido la causa de dos fenómenos políticos cada cual más trascendente: el fin del bipartidismo y el procés. Si a esto se hubiese sumado una campaña de terror, como la que la ponencia Oldartzen puso sobre la mesa en los 90 del siglo pasado, las estructuras del Estado español hubisen crujido y tal vez se hubiesen resquebrajado y habríamos asistido a una hecatombe de dimensiones imprevisibles. Ahora que la crisis económica ha pasado, aunque persisten sus consecuencias, podemos dar gracias de que ETA para 2009 0 2010 estuviese ya acabada e inoperante. Las cosas no hubiesen sido iguales de haberse repetido, en plena crisis económica, con un índice de desempleo que superaba el 26%, con unos recortes sistemáticos, con un ascenso vertiginoso de una formación política revolucionaria o populista como Podemos, con una clase política juzgada por corrupción, el periodo de los años de plomo. Ni el Estado ni la sociedad lo hubiesen soportado o, por lo menos, el sufrimiento hubiese sido inigualable y las consecuencias muy trágicas. Me atrevería a afirmar que gracias a la acción de todos los agentes sociales, políticos, a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a la intensa colaboración ciudadana que han cooperado en que el fin de ETA como organización terrorista operativa se produjese en un momento previo a la profunda crisis económica y social que arrasó el Estado del bienestar, en la actualidad podemos seguir hablando de que vivimos en un Estado de derecho. No olvidemos que la UE y la ONU son expertos en lavarse las manos ante los conflictos. El que ha estudiado el periodo histórico de la Guerra Civil española del siglo XX sabe muy bien que la intervención exterior no se hubiese producido en el sentido que muchas personas de izquierdas esperarían. Si el procés ha llegado a darle jaque al Estado por esa razón, una ETA fuerte como la de hace dos o tres décadas hubiese socavado los pilares del Estado español y nada hubiese vuelto a ser igual. España ha tenido mucha suerte. Pero gracias a eso ahora gozamos de un periodo de paz como no habíamos conocido.

El autor es escritor