Telmo Esnal DIRECTOR DE ‘DANTZA’

“Tenemos que conseguir que los niños vuelvan a bailar, pero también que continúen bailando”

‘Dantza’ es el último proyecto de Telmo Esnal, una película en la que los bailes vascos son relato e hilo conductor y que presentará en la próxima 66 edición del Zinemaldia

Sábado, 21 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Esnal posando.

Esnal posando. (D.N.)

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Esnal posando.

PAMPLONA- El baile como relato es el hilo de Dantza, el último proyecto de Telmo Esnal (Zarautz, 1967), que desde el folclore vasco y su simbología ofrece al espectador una historia universal. Su estreno tendrá lugar en la 66 edición del Festival de San Sebastián, como proyección especial en la Sección Oficial.

Presenta una película por y para la danza. ¿Cuál es su relación con la misma para sumergirse en el reto de abordar una película bailada?

-Bailé de joven, hasta que me fui a Madrid a trabajar. Cuando bailaba ya estudiaba cine y tenía en mente hacer algo con los bailes y hace unos años me junté con Koldobika Jauregi, hablamos del tema y dijimos que era el momento. Es un proyecto muy personal a ese nivel, también el hecho de que yo haya sido dantzari me ha dado posibilidades de cambiar algunas coreografías junto a Juan Antonio Urbeltz y adaptarlas a lo que se quería contar.

Menciona el llevar cada baile hacia aquello que quieren contar: ¿Dan-tzaes un documental, un largometraje de ficción, o es Dantza, sin etiquetas...?

-No es un documental, porque al final lo que hemos creado es una ficción. Es un documento en el cual sí se van a ver muchos bailes del País Vasco, pero lo que hemos hecho es contar una historia, que es bastante sencilla: la historia de un pueblo. Y es evolutiva, cuenta un año de labranza: la gente trabaja en el campo y ese trabajo hay que protegerlo, de ahí sale un árbol y el árbol da frutos que hay que proteger... Una vez se protege el fruto y nace, en nuestro caso es una manzana, y de la manzana sale la sidra, de la que se genera una fiesta y en la fiesta se dan relaciones especiales, que acaban con una ceremonia. Es una historia que realmente puede ser en cualquier lugar. Son bailes vascos, pero es que tenemos aquí un montón de bailes que en esencia y simbología son muy parecidos a otro tipo de bailes tradicionales de todo Eurasia. Desde la península hasta incluso Japón, puedes encontrar muchas similitudes en cuanto a simbologías.

En base a estos simbolismos de bailes tradicionales vascos, ¿bajo qué criterio se ha seleccionado el repertorio que finalmente ha formado parte del proyecto?

-Realmente en lo que me he apoyado es en la trayectoria de Juan Antonio Urbeltz, en todos sus trabajos que lleva haciendo, las hipótesis en las que trabaja, de qué y de dónde vienen los bailes, qué simbologías hay detrás de eso... Y he tirado desde el repertorio de Argia, de bailes que conoce todo el mundo;y también otros que ya son coreografías más recientes creadas por Juan Antonio Urbeltz.

Se ha tratado de un trabajo y desarrollo conjunto, entonces.

-La película es un trabajo a tres bandas. Por un lado estoy yo, que hago la película y la dirijo;por otro está todo el mundo de Juan Antonio Urbeltz, todos sus trabajos, los ensayos que ha escrito acerca de la procedencia de baile, sumado a todo ese trabajo coreográfico que él hace;y luego, por otro lado, está Koldobika Jauregi, que ha creado dentro de la historia que le planteo un universo propio de trajes y de escenografía. Hemos querido darle un toque de lo que estamos contando y qué simbología hay detrás de cada baile, y se ha trabajado todo esto para crear personajes dentro de la película. Hay distintos personajes: gente del pueblo, otros que son una amenaza, la plaga...

Afirman que su objetivo siempre ha sido hacer una película bella. Siendo la belleza un concepto abstracto, ¿qué enfoque han dado al plano visual y estético de las escenas y el acompañamiento musical?

-Hay tres cosas en las que se ha trabajado. Primero en los decorados donde hemos rodado, ya que prácticamente todos son naturales. Hemos trabajado para que sean sitios que no sean muy reconocibles. Por ejemplo, hemos rodado en Leitza porque nos interesaba estéticamente el pueblo, con los caseríos sueltos;o rodamos en las Bardenas porque buscábamos un sitio árido, donde no hubiese nada. Por otro lado está el concepto artístico, que lo ha llevado Koldobika Jauregi: los trajes, el atrezzo... Queríamos darle una visión muy distinta a la que estamos acostumbrados cuando vemos los bailes vascos, ese “con la boina” y tal. Es absolutamente distinto. Y por último está el tratamiento de la música, hay una adaptación de ciertas piezas musicales en las que cambiamos instrumentaciones e incluso arreglos para que ayuden a contar lo que queremos. Si hay una secuencia de amor, darle un toque más sutil... Cuando hablamos de película bella pensamos es en que estés a gusto viéndola. No hay diálogos, pero que se entienda lo que cuentas a través de un hilo conductor sencillo, sin subtramas ni nada, y que cada vez que haya un baile sea estético y bonito.

Dantza narra una historia universal, la del ciclo de la vida, a través del folclore vasco, que incluso al igual que la propia danza quizá hoy día ha perdido parte de valor y protagonismo. ¿Puede ser el largometraje una forma de reivindicarlo?

-Sí, subyace esa idea. Tenemos aquí un potencial de bailes impensable en cualquier otro repertorio. Hay mil tipos de danzas en todo el folclore vasco, que es muy rico, y lo hemos tenido banalizado, como si fuese algo “que hacen los niños”. Siempre he querido enseñarlo de otra manera para empezar a valorarlo. tenemos un potencial que va más allá del aurresku... Siempre decía que tenemos que conseguir que los niños empiecen a bailar de nuevo, pero también que sigan bailando. Tenemos que conseguir volver a darle valor a la danza.

El filme se estrenará en septiembre, en la Sección Oficial del Zinemaldia, como proyección especial. ¿Qué impulso da esto al proyecto?

-Es una ventana maravillosa, el festival de Donosti siempre lo es. Muchas veces al ser de aquí lo tenemos como cercano y dices que bueno, que lo normal es estar ahí... Pero no es así. El hecho de que la película esté ahí, en este escaparate tan bonito... Estoy deseando que llegue el día, para enseñar la película y que empiece a andar sola, para vosotros (risas).

las claves

“Hemos trabajado la simbología de cada baile para crear personajes dentro de la película”

“Hay mil tipos de danzas en todo el folclore vasco, que es muy rico, y lo tenemos banalizado”

“El festival de San Sebastián es una ventana maravillosa y un escaparate muy bonito, siempre lo es”

en cortoSinopsis. Una historia sobre el ciclo de la vida y la muerte, de la lucha por la supervivencia. Donde le paso del tiempo viene marcado por el curso de la naturaleza. Y la danza es el lenguaje elegido para contarlo. La música acompaña las rutinas cotidianas. ¡La vida es ritmo!