la carta del día

Osasunbidea positivista

Por Manuel Rekalde Glaría - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

No me cabe la menor duda de que el escaso interés demostrado por parte de quienes recibieron el encargo de organizar la asistencia sanitaria de esta comunidad ( ya llevan tiempo) por las aportaciones de Edmund Husslerl no va a ser nunca motivo de que nadie se haga el hara-kiri. Sin embargo, creo que merece la pena hacer algún comentario sobre la deriva positivista de dichos estrategas, consecuencia tal vez de que en algún momento vislumbraran en el pensamiento de August Compte alguna esperanza (tal vez la última) de hacer realidad la utopía de salud integral para todos en 8 minutos (y gratis ).

Dicho planteamiento consiste en ver a los usuarios como máquinas (esto ya lo planteó Descartes) medibles con otras máquinas: el electrocardiograma, el tensiómetro, una ecografía o el aparato de la saturación, cuantos más chismes mejor. De hecho, la aparición del último supuso la de un objeto-concepto (la saturación de oxígeno) más, en el que apoyar la mencionada visión robotizante de la asistencia;y como consecuencia otra excusa para no preguntar ¿qué le ocurre?, ¿cómo se encuentra?, ¿qué le aflige? Algo tan simple, pero que suele traer consigo una respuesta difícilmente manejable con protocolos. Así pues el objetivo es medir, aunque la mayoría de las veces no sea necesario ni conveniente en ese momento concreto de la asistencia, y por tanto no lo recomiende ningún protocolo internacional.

Pero en lo que el actual modelo sí es hussleriano es en lo que atañe al concepto clave de intencionalidad (que el fenomenólogo tomara de Brentano), dado que como los mencionados patrones de actuación se repiten, no deberíamos caer en el error de achacarlos a la casualidad. La intención del protocolo es que el sanitario, en sunoesis, en lugar de personas termine viendo cosas que entran por la puerta, un fenómeno que explica la práctica tan habitual de, cuando alguien acude nervioso, hacer un ECG (atraparle entre cables), medir la tensión (más atrapamiento) y diagnosticar una crisis de ansiedad (más que ansiosos terminan acojonados). Puro positivismo comptianoque, ya digo, no figura en ningún protocolo. La segunda parte, en la misma línea, consiste en mandarle a Salud Mental a que curen su estructura psíquica alterada (psicologismo).

Y así pasamos la mañana, hasta que al final a alguien se le ocurre hacer la pregunta clave, ¿qué le pasa? Pero para entonces hemos convertido al usuario en una cosa, una nueva máquina averiada.

De esta manera, el enfoque que pretendía ser la solución termina acrecentando el problema, pues es imposible asistir a la ingente cantidad de humanoides averiados (todos los seres humanos en cuanto que padecen) con la consiguiente medicalización (aunque siempre se puede culpar a las multinacionales). Imposible solucionar el problema aplicando las mismas herramientas que lo causaron, es decir, más protocolización.

Claro que de cara a la opinión pública siempre queda el recurso (positivista por excelencia) de la estadística. Así, si la manera de alcanzar la salud prometida es mensurar los cuerpos y las almas de los clientes con máquinas para lograr buenos rendimientos a fin de curso son muy útiles las encuestas, que siempre salen tan bien.

El autor es especialista en Medicina de Familia