Transparencia en la OPE de Educación

Por Emilio Castillejo Cambra - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La Oferta Pública de Empleo del departamento de Educación del Gobierno de Navarra, cuya fase de oposición acaba de cerrarse, ha generado una nueva polémica que se ha repetido también en otras comunidades autónomas. Tienen razón los opositores, sindicatos, partidos políticos, al exigir un mayor grado de transparencia en los procedimientos de acceso a la función docente. No es de recibo que, según denuncian, no se haya especificado convenientemente los criterios de evaluación o se impida a los opositores revisar los exámenes. Estas prácticas significan la pervivencia de un sistema opaco de larga trayectoria en España, que sólo se ha ido corrigiendo en el sistema democrático actual, por lo que se ve, sólo parcialmente. Esa opacidad hunde sus raíces en el procedimiento penal del Antiguo Régimen: Michel Foucault, en su imprescindible Vigilar y castigar,recuerda que los procedimientos secretos de la Inquisición o de los tribunales civiles de la época (denuncias anónimas, imposibilidad del acusado de acceder al auto) responden al principio de que sólo al soberano corresponde establecer la verdad. No son prácticas pertinentes ni en el sistema judicial ni en el sistema educativo de una democracia participativa.

La mencionada OPE también ha provocado protestas por el porcentaje importante de plazas que han quedado desiertas, sin cubrir. El mensaje, al menos implícito, de los tribunales es obvio: han quedado plazas desiertas porque los opositores no han aprobado por la falta de preparación, conocimientos y destrezas para ejercer la función docente. La protesta de los sindicatos también va con mensaje: prima cubrir los puestos de trabajo. Dejan en segundo plano la capacitación de los futuros profesionales: incluso ha habido sindicatos que se han atrevido a pedir que se baje el nivel de exigencia. La misma presidenta del Gobierno de Navarra, Uxue Barkos, ha terciado para pedir una reflexión sobre lo ocurrido.

Pero esa reflexión debe llegar hasta el fondo, porque los resultados de las oposiciones (la escabechinaque se denuncia), lo mismo que la opacidad a que he aludido antes, tiene raíces profundas. De hecho, estos resultados han puesto al sistema educativo en su conjunto contra las cuerdas. Evidencian un fracaso colectivo. Esas raíces creo que hay que buscarlas en la cultura política imperante. Una cultura que identifica el éxito vital con el título universitario, y la Formación Profesional con el fracaso;que valora más la forma que el contenido, la apariencia que la realidad, el título académico que el caletre y la pericia intelectual, el tener que el ser. Una cultura que no recalca el compromiso que implica el conocimiento, en que sólo se ven posibilidades de promoción social. Es la cultura política de una sociedad que, sin rozar apenas la modernidad, que es proyecto de futuro, ha mutado en poco tiempo los valores fuertes del franquismo por la liquidez e indeterminación posmodernas de que habló Zygmunt Bauman. Y, paradójicamente, tiene que ver con la transparencia, que no es sólo libertad de acceso a la información, sino algo más pernicioso: para Byung- Chul Han, en la sociedad de la transparencia, la atomización y sobreexposición de los individuos permiten su mejor control, y a la vez impiden la acción común de un nosotrosy la búsqueda de la verdad. La reflexión de profesores, alumnos, padres, opositores, administración educativa, mediadores del currículo, creo que debería girar en torno a esas trampas, desenfoques, dislates y espejismos. No se trata de una mera cuestión de transparencia.

El autor es doctor en Historia