El rincón del paseante

De alcaldes, glacis y militares (I)

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 22 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Hola personas, ya hemos vuelto a la rutina, esta semana tocaba paseo pamplonés y así se ha hecho, he recorrido con calma el Primer Ensanche. Deleitándome. Veréis que tiene una gran historia detrás.

Dado que hay mucho que contar lo voy a hacer por entregas, en esta primera os contaré los hechos políticos e históricos que fueron necesarios para llevarlo a cabo, la próxima nos acercará al lado vecinal y humano de este bonito “barrio”. Se merece un paseo lento, mirando hacia arriba y a ras de suelo.

Como sabéis Pamplona era una ciudad encorsetada en una faja de murallas que le hacían imposible su expansión, pero ésta era necesaria, literalmente no cabía más gente en sus casas, éstas eran recrecidas hacia arriba con el consiguiente hacinamiento y la salubridad brillaba por su ausencia, era una de las ciudades con mayor índice de mortandad de Europa, las enfermedades infecciosas entre sus muros hacían el agosto y diezmaban la población. Había que hacer algo. Más allá de las murallas estaba prohibido construir por razones defensivas. Ya en 1793 con motivo de la guerra de la Convención contra los franceses el ministerio de la Guerra, demolió todo lo que estaba fuera del cinturón y era susceptible de ser usado por el enemigo para hacerse fuerte, edificios como el convento de trinitarios y de las josefinas o las ermitas de San Jorge o de San Juan de la Cadena, así como alguna casa de hortelanos en la Magdalena, fueron víctimas de la piqueta, 1.000 personas quedaron en la calle, por tanto, había que buscar una opción intramuros.

El primer contacto al respecto con Madrid lo tuvo el alcalde D. Luis Iñarra Reta con la reina Isabel II en 1854, nada se consiguió. En 1880 nuestro primer edil D. Esteban Galdeano y Garcés de los Fayos, lo vuelve a intentar y esta vez pone encima de la mesa la opción de derribar los baluartes de San Antón y de La Victoria. Poco caso le hicieron en Madrid ya que anteponían la defensa a cualquier otra cuestión. Fue en 1884 con motivo de la visita de Alfonso XII a Pamplona cuando el alcalde D. Joaquín García y Echarri se entrevista con el joven monarca y le hace ver la gravedad del problema, problema muy generalizado en todo el país en la segunda mitad del XIX, muchas capitales de provincia, Madrid, Barcelona, Bilbao, San Sebastián y otras se vieron desahogadas con sus respectivos ensanches urbanísticos. Algunas no necesitaron derribar murallas porque no las tenían y otras lo hicieron sin problemas, pero Pamplona no, nosotros éramos la primera plaza fuerte entrando desde Francia y debíamos de seguir siéndolo. Nuestro regidor argumentó que si el problema era la defensa, demoliendo solo los elementos defensivos que estaban encarados a la ciudad y que, al fin y al cabo, eran muralla dentro de muralla, su efectividad no se vería afectada. Así mismo, y como solución de segunda, se solicitó licencia para poder construir extramuros y ésta se concedió pero de forma muy poco efectiva ya que solo se autorizaron unos edificios industriales con alguna vivienda adosada y pequeñas casas de hortelanos en la Rochapea, Errotazar, Cuatrovientos y La Magdalena, y siempre con la amenaza de que en caso de conflicto serían inmediatamente demolidos, eso no era solución. El ejército llegó a presentar un ensanche muy chirene en la Rochapea, totalmente inviable por ser inundable.

Los terrenos ocupados por los baluartes antedichos y sus glacis correspondientes seguían siendo la única opción viable. El congreso aceptó por fin la petición y aprobó la ley el 22 de junio de 1888, y el 1 de julio lo hizo el senado, el día 2 de julio se comunicó la noticia en Pamplona y fue recibida con grandes fiestas saliendo a la calle músicos, gigantes y dulzaineros. Alfonso XII ya había fallecido víctima de la tuberculosis y era su madre, la reina regente Mª Cristina de Habsburgo, quién debía de sancionarla y así lo hizo el día 22 de agosto, en homenaje a esta fecha la Plaza del Vínculo se llamó Plaza del 22 de agosto desde 1890 hasta 1949 pero nunca cuajó ese nombre en la ciudadanía y solo mapas y documentos daban fe de su existencia.

El día 1 de mayo de 1889 comenzó el derribo de parte de nuestra maravillosa ciudadela. Una salvajada más.

Me llama la atención que en ningún momento nadie propuso construir en terrenos de la Taconera, el parque era la envidia de cualquier ciudad, semejante zona verde dentro de las murallas era de una gran rareza, era un lujo. Era intocable.

…¡Oh jardines deliciosos de la hermosa Taconera,

sois el más precioso adorno de la capital entera!...

Así terminaba un bien intencionado poema de D. Baldomero Barón, ”Romedobal”.

Por fin se derribaron dos baluartes casi enteros y un revellín, se allanaron los fosos y nació una gran explanada que fue totalmente gestionada por los militares. De ellos era el terreno, de ellos fue el proyecto y ellos repartieron el pastel. El ayuntamiento rechazó una primera propuesta por resultar leonina para la ciudad;en una segunda oferta, más ventajosa, se avino y las partes se dieron la mano. Acordaron un proyecto urbanístico redactado por el militar José Luna y corregido en algún punto por el arquitecto municipal Julián Arteaga. El terreno resultante formaba un hexágono irregular cuyos lados serían hoy la Avda del Ejército, como base;Avda de Pío XII , el tramo ocupado por el edificio Singular;Navas de Tolosa, que, al hacer un pequeño ángulo, son dos lados;Yanguas y Miranda y un tramo oblicuo de la plaza de Baluarte que se llegaba a unir, cerrando el polígono, con la Avda del Ejército. Una buena pieza, diría un labriego. A este espacio debemos de unir los solares de la mitad del Paseo de Valencia (hoy Sarasate) en su lado derecho, también considerados primer ensanche o ensanche antiguo.

Sabido es que quien reparte, bien reparte si se queda con la mejor parte, y así fue. El Ayuntamiento recibió una franja del pastel que correspondía a la calle Padre Moret (trasera de la audiencia), Navas de Tolosa y Yanguas y Miranda en su primer tramo, una tercera parte del nuevo terreno, en total 6 manzanas (y una de ellas era para el Palacio de Justicia, hoy Parlamento de Navarra), divididas en 51 solares en los que se construyeron 32 edificios de los cuales 4 eran públicos, la Audiencia, la alhóndiga, un colegio y una cochera, 2 eran fábricas, una de ellas la de Cervezas Cruz Azul que fundará D. Luis Ros en 1900 en General Chinchilla 5, y 26 edificios de vecinos.

En el lote también pasaban a propiedad municipal los conventos desamortizados de la Merced y el Carmen, así como el Seminario episcopal, más un terreno donde construir una cárcel nueva. En pago el Ramo de Guerra recibió el Soto de Aizoain, 750.000 pesetas (4.500 €) y el suministro de agua a los cuarteles.

Bien, una vez que ya tenemos el dónde, la semana que viene pondremos el cómo y el qué.

Permanezcan atentos a sus pantallas.

Besos pa tos.