Profetas de género/adas

Por Ilia Galán - Lunes, 23 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Pasaron el vídeo por el teléfono móvil, como un gran escándalo, pero, por desgracia, ya apenas me escandaliza nada. Los niños escuchaban a sus maestrosen Madrid, tomada la ciudad por los colectivos transexuales, convertida con público dinero y procesiones multitudinarias en templo homosexual para promocionar la diversidad. De defender la igualdad legal se ha pasado a fomentar la superioridad de quienes predican otras formas de utilizar nuestros órganos genitales. No solo dejaron de ser raros o anormales, como de ellos se decía no hace tanto, sino que “la mitad de nuestros niños” puede pertenecer a los colectivos que se han apropiado de los colores del arco iris: “Es mejor ser homosexual”. Los predicadores de estas maneras de usar el cuerpo han sido pagados y fomentados por el ayuntamiento de la Corte en que Antonio Pérez, uno de los mayores traidores de la historia de España, fuera juzgado por sodomía, en aquellos poderosos tiempos de Felipe II. Esta nueva iglesia adiestra anales dogmas a sus nuevos presbíteros, con anticatecismos que todos subvencionamos: “El profesor debe ser guía y enseñar que el sexo es plural, abierto, sin límites y enseñar que entre personas del mismo género se disfruta más porque conocen mejor su cuerpo”. Por ello, añaden, han de saber “que ser penetrado analmente por otro hombre no es una perversión sino algo normal y placentero. Este Estado español patriarcal me lo impide”. Esta es la normalidad que ha de generalizarse, predicada por un varón quejoso de nuestra sociedad, machista, ¡claro!

El recurso de un padre de los niños que iban a los talleres denunciando la falta de neutralidad ideológica frenó, por el momento, esta campaña apostólica de los colectivos multisexuales, pero volverán a la carga con nuevas doctrinas supuestamente igualitarias, como la que está surgiendo a partir del juicio de la repugnante manada de machos que en Pamplona abusó de una joven. Si pedir un “sí” explícito antes de disfrutar del encuentro erótico -como exige la ministra- o un certificado es no entender las pasiones amorosas, forzar a cualquiera, en cambio, resulta repugnante;casos como el célebre de San Fermín -intimidatorio- deberían castigarse.

Eros se está convirtiendo en Marte, y cada vez más se usa la igualdad para invertirla en todos los sentidos. Si un varón dice ciertas palabras a su mujer en una discusión de pareja puede verse en la cárcel acusado de maltrato psicológico y posible agresión, pero al revés nada sucedería. Que haya cientos de miles de denuncias por falsas agresiones no ha llevado a afinar las leyes para evitar abusos, injusticias, de uno y otro lado. ¿Igualdad? ¿Mas qué fue de Amor?