Música

Christina Rosenvinge, artista culta y popular

Por Javier Escorzo - Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

concierto de christina rosenvinge

Fecha: 19/07/2018. Lugar: Plaza Fructuoso Muerza, San Adrián. Incidencias: Concierto enmarcado dentro del programa Kultur del Gobierno de Navarra, que acercará diversas actividades artísticas a varias localidades navarras. En esta ocasión, la plaza se llenó;muchos de los asistentes no conocían el repertorio de Rosenvinge, pero, a juzgar por lo visto, todos disfrutaron su actuación. Le acompañaron Manuel Cabezalí en la guitarra, Antonio Díaz al bajo, Juan Diego Gosálvez en la batería.

hacía muchos años que Christina Rosenvinge no tocaba en la plaza de un pueblo. Su propuesta fue masiva a finales de los ochenta, cuando militaba en Álex y Christina, y a principios de los noventa, cuando arrancó en solitario con discos como Que me parta un rayo. Después fue construyendo una carrera sólida, personal e intransferible que la situó en los márgenes de la industria. Conforme su obra fue ganando en calidad, también fue dejando de sonar en las radiofórmulas. Pero ella, que andaba más ocupada en componer buenas canciones que en mantener innecesarias y agobiantes cotas de popularidad, siguió a lo suyo, creciendo como artista, investigando y despachando grandes discos. El último de ellos, Un hombre rubio, se ha publicado este mismo año y está entre los mejores que ha firmado jamás. La plaza Fructuoso Muerza de San Adrián se llenó para degustarlo: en las primeras filas, sentados en el suelo, niños de muy corta edad que también habían presenciado las pruebas de sonido. Detrás de ellos, de pie, decenas de personas, muchas de ellas venidas de otras localidades expresamente para el concierto, que conocían al dedillo su cancionero. Algo más alejados, abarrotando las terrazas de los bares, lugareños de todas las edades.

A las diez en punto salieron los músicos;inmediatamente después, Christina, con pantalones de campana negros y camisa blanca, como una Patti Smith rubia. Se colocó detrás de su teclado, del que se separaría en ocasiones para tocar la guitarra eléctrica, y comenzó a desgranar el repertorio, centrado en su último trabajo. El pretendiente, con esas guitarras tan Bowie, Berta multiplicada, en honor a la activista ecologista hondureña Berta Cáceres, asesinada hace dos años, Ana, con su irresistible estribillo (“cuando acabe el mundo, que se acabe así”), o Romance de la plata, dedicada a su padre, un ingeniero danés que, tras enamorarse de España y del flamenco en su viaje de novios, se fue a vivir a Madrid, según explicó al presentarla. También rescató alguna canción de sus discos más recientes, como Jorge y yo, en la que rememora los veranos que pasó junto a su hermano,La distancia adecuada, que abandonó el folk intimista para vestirse de sonidos más sintéticos, o Alguien tendrá la culpa, irónico mantra contra la corrupción (esta canción abre los conciertos de El Drogas con su Rythm &Blues Band, por cierto).

Las mayores sorpresas llegaron en los bises, con dos temas que no suele interpretar en directo: Alguien que cuide de mí, esa gema pop con alma de ranchera, y el viejo e imperecedero hit Voy en un coche, que puso a bailar y a aplaudir a toda la plaza. Muy pocas veces interpretan esta canción en España, aunque la llevan ensayada, ya que cuando viajan a Sudamérica se ven obligados a tocarla. Fue el broche de oro para una de las mejores propuestas de las que podemos disfrutar en nuestro país, demostrando que lo culto y lo popular no tienen por qué ser antagonismos.