Editorial de diario de noticias

De los recortes a la cohesión social

El repunte de la tasa de fecundidad y la reducción de las tasas de riesgo de pobreza son indicativos de que la recuperación económica no basta, y de que son necesarias políticas redistributivas de la riqueza

Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El balance ofrecido ayer por el vicepresidente de Derechos Sociales Miguel Laparra no sólo arroja cifras positivas en términos de creación de empleo, de atención de personas dependientes, pensionistas y sectores vulnerables, de impulso a la rehabilitación y a la vivienda social y, en definitiva, de las políticas más proteccionistas del cambio. El crecimiento de un 42,67% del presupuesto de este área en estos tres años así lo corrobora. La mejora de algunos indicadores claves como la reducción del desempleo (10.857 menos en tres años), de las tasas de riesgo de pobreza y del número de ejecuciones hipotecarias, o el repunte de los índices de natalidad, nos permiten hablar también de una mejora del nivel de vida y bienestar de los navarros y navarras, de un apoyo real a todas las familias -frente al discurso de la derecha-, y especialmente a las que más han sufrido los recortes de UPN, y son el reflejo de una sociedad sin duda más cohesionada. Quizá pase de largo el dato pero las malas expectativas laborales, la caída de los salarios y el mercado de la vivienda desanimaron a las parejas a tener hijos durante la crisis, y la mejora de la economía a nivel global no ha logrado tirar de la natalidad como se esperaba en el conjunto del Estado. Han sido necesarias políticas redistributivas, como lo ha hecho Navarra, no sólo confiar en la recuperación económica para tirar del carro de la fecundidad. En este momento, somos la segunda comunidad con mayor índice de fecundidad (1,46), que ha mejorado una décima en el último año (2017). Un indicador de que los jóvenes en edad de tener hijos ven con confianza el futuro. Jóvenes a los que no echan de casa por deshaucios como ocurría hace apenas tres años, con una rebaja del 70% de las ejecuciones hipotecarias. Las 23.297 personas que recibieron en 2017 formación para empleo, el doble que en 2015, también animan. Por otro lado, el incremento de un 42,5% de las familias con derecho a percibir la renta garantizada desde 2015 es uno de los factores que ha influido sin duda en una reducción del 7,8% de la tasa de riesgo de pobreza. O elevar 50 millones más (el doble) al año el gasto en prestaciones por desempleo que complementan las del Estado. Queda un año por delante para poder consolidar muchas de estas políticas, para seguir impulsando la vivienda de alquiler social en un mercado inflacionista, y para seguir apoyando a los más jóvenes en políticas activas de empleo.

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