Historias de Elizondo

¡Chupinazo y Baztanzopak!

Por Lander Santamaria - Martes, 24 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Tomás Belzunegui, Manuel Olabe, Juanito Zaldúa y un cuarto, en los años setenta.

Tomás Belzunegui, Manuel Olabe, Juanito Zaldúa y un cuarto, en los años setenta.

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Tomás Belzunegui, Manuel Olabe, Juanito Zaldúa y un cuarto, en los años setenta.Remigio y sus Baztanzopak. Fotos: Ondikol

a las doce en la plaza, se dice para estar donde hay que estar. Hoy, el pueblo, el gentío, con los gigantes, los kilikis que, si queda alguno de los originales, cumplirá tres cuartos de siglo desde que los compró Leandro Imbuluzqueta Mainz en 1943 como alcalde jurado (y 25 años de la primera mujer kiliki, su nieta María), txistularis, gaiteros y la txaranga, venga saludos y abrazos a los elizondarras y baztandarras que vuelven a disfrutar de estos días, con decenas de foráneos que están entre nosotros. Así es ahora, pero no lo fue siempre. El chupinazo al mediodía lo instituyó, se cumplen 59 años, con Manuel Olabe Viela (1959-60) de titular en la Herriko Etxea, a quien vemos (2º izqda), con parte de la cuadrilla, Tomás Belzunegui (1º izqda), Juanito Zaldua y un cuarto que no acabamos de confirmar. Antes no había chupinazo aunque sí coheterío (voladores, les decían) y los Santiagos comenzaban a las ocho de la tarde con el bandeo general de campanas y la Salve en la parroquia que cantaba y canta (¡loado sea dios, algo queda!), cuando los elizondarras terminaban la jornada laboral y volvían mayormente “de las piezas” o del ordeño, un ejemplo. En la actualidad, también se dispara chupinazo vespertino, currelo obliga, para quienes no han podido vivirlo al mediodía, por más que Elizondo tiempo hace que dejó de ser agrícola y ganadero.

Sopa con tenedorLo que sí había, antes y ahora, eran Baztanzopak de víspera, igualmente por partida doble, a las doce y al anochecer, en la cena de cuadrillas que es el primer pienso de las fiestas. A la “sopa que se come con tenedor”, versión autóctona de las migas de pastor pero más caldosas, se le hace compañía con txuri eta beltzy con guisado de oveja, una cena contundente, de levantar la boina, o sea. En el recuerdo, las que elaboraba (¡y el marmitako mientras asaban el zikiro) el inolvidable Remigio Lizasoain, en octubre cinco años que nos falta, con receta personalísima. En el pastoril caldo de oveja, antes de empapar las lonchas de pan, un frasco entero de guindilla picante y hasta ¡…dos o tres botellas de whisky!, con lo que te subían al rostro unos sudores saharianos para el empiece que pa’qué. ¡Cómo iban a faltar ganas de juerga!