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De músicas, colores y lenguas varias

la plaza nueva, que el día del cohete sigue vibrando con la historia de serapio, tiene diversas zonas y tonalidades

Un reportaje de F. Pérez-Nievas Fotografía U.B. /N. A. /J. A.M/F.P-N - Miércoles, 25 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

1. Vista panorámica de la plaza de Los Fueros teñida de rojo en el momento de salir el cohete. 2. Un grupo de jóvenes, con kalimotxo, saludan a cámara. 3. Varias jóvenes siguiendo la charanga de la peña La Teba al pasar por la calle Muro. 4. Eneko Larrart

1. Vista panorámica de la plaza de Los Fueros teñida de rojo en el momento de salir el cohete. 2. Un grupo de jóvenes, con kalimotxo, saludan a cámara. 3. Varias jóvenes siguiendo la charanga de la peña La Teba al pasar por la calle Muro. 4. Eneko Larrarte, Domingo Sánchez (AER) y Uxue Barkos.

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1. Vista panorámica de la plaza de Los Fueros teñida de rojo en el momento de salir el cohete. 2. Un grupo de jóvenes, con kalimotxo, saludan a cámara. 3. Varias jóvenes siguiendo la charanga de la peña La Teba al pasar por la calle Muro. 4. Eneko Larrart5. El calor hizo que el beber fuese algo fundamental, empleando cualquier instrumento. 6. Un tudelano da de beber con una curiosa pistola de agua. 7. Niños y mayores a punto de empaparse con el agua en la calle Carrera. 8. La plaza, a vista de pájaro.
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No sé qué tendrán los antiguos éxitos fiesteros para seguir siendo auténticos hits en la plaza de Los Fueros y conectar con ellos como conejitos Duracel cuando el sol cae a 35 grados sobre las cabezas de los imberbes tudelanos. Así pasó ayer, una vez más. Desde que la nueva corporación apostó por volver a recuperar los Serapio, Qué bonito es el amor o Sale el sol por la mañana, y eliminar a los Iglesias o Pitbull, la animación que se vive a pie del balcón es otro mundo. Parece mentira que jóvenes de entre 15 y 20 años sigan cantando y animándose con la historia del tudelano al que le llaman el Tablón porque le gusta el morapio. De esa manera, otras historias como las del anillo de JLO o los Despacito quedan para los bares de después y se dan por desaparecidas de los momentos precoheteros. Lo mismo ha sucedido con aquel elefante sobre una tela de araña cuya letra se alteraba convenientemente con un tinte ciertamente machista y que acertadamente se decidió eliminar de la megafonía.

Como en un círculo cromático, el tono casi tinto de los jóvenes que están más cerca de la Casa del Reloj se va transformando en rosado hasta el blanco conforme la masa humana se aleja hacia la calle Carrera y la media de edad pasa también de los 15 a los 45 años quienes, más apartados, se ponen en los extremos.

Igualmente las banderas dieron su juego, aunque este año tuvieron menor protagonismo. Hubo muchas españolas y navarras, y en el último momento llegaron también ikurriñas e incluso alguna de Colombia y Brasil. Todo cupo en el horno de la plaza de Los Fueros, todos los colores y todas las lenguas.

arribaEl balcón de la Casa del Reloj fue un continuo ir y venir de gente que salía por el balcón central. Las protagonistas se asomaban una y otra vez como sin creerse del todo que iban a ser las estrellas del día.

Cinco minutos antes del lanzamiento del cohete, sin que se sepa muy bien por qué, la música se detuvo y en ese tiempo interminable los timbaleros tampoco arrancaron a tocar, apretados como estaban contra un extremo del balcón por la masa de cerca de 20 fotógrafos, cámaras y periodistas que entran con calzador en el diminuto espacio entre los barrotes y la fachada. “Santi”, “Santi”, repetía el ujier del Ayuntamiento intentando conectar sin éxito con el timbalero: “¡Que empecéis ya!”. Mientras, los fotógrafos, derretidos después de ganar su sitio durante cerca de una hora sin un ápice de sombra, intentaban pasar de poner el foco de atención de la plaza al cohete. Luego todo explotó.