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Historias de Elizondo

Mutildantza contra las agujas del reloj

Por Lander Santamaria - Miércoles, 25 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Grupo de mozos dantzaris en fiestas de Elizondo antes de 1930.

Grupo de mozos dantzaris en fiestas de Elizondo antes de 1930. (Foto: Archivo)

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Grupo de mozos dantzaris en fiestas de Elizondo antes de 1930.Mariano Izeta bailó hasta 1996.

La fotografíase le debe a Juan José Sagastibelza, hijo de José Mari, el elegante txistulari que ejerció un tiempo en Elizondo. y la autoría a algún miembro de la familia Mena casi con entera probabilidad. Los protagonistas son, arriba, Tomás Garayoa, José Mari Sagastibelza (txistu y tamboril), Pascual (txistu y tamboril) y Eugenio Larumbe, tamborilero. En el medio están Esteban Belzunegui, Manolo Lizardi, Tomás Belzunegui, Florencio Iribarren, Manolo Gómez y Paquito Garmendia, y abajo, Eusebio Izeta, Sinforoso Xinfo Etxeberria (inolvidable “marqués de Villaquesos”), Pedrito Garmendia, Barnó, Nemesio Satrustegui y Vidal Baylón.

Es, sin ninguna duda, anterior a la puñetera Guerra (In)civil pues los hermanos Larumbe de Lekaroz (Pascual y Eugenio) marcharían” voluntarios forzosos” reclutados por las malas y fallecerían lejos de Baztan sin saber cómo ni porqué. Sobrevive su hermano Francisco, veterano hortelano de la Residencia Iriarte, salvado de la leva falangista gracias a a su amatxo, que, de rodillas y llorando, imploró que dos de tres era suficiente y al menos uno necesario para las labores del campo y para la casa.

Ninguno nos queda de aquellos recordados adolescentes (sorprende la ausencia de Mariano Izeta, nagusie hasta 1996, año de su última salida) que, adecuadamente ataviados, se disponían a (o volvían de) marcar en la plaza los pasos hirupuntukoa y aunitz urtez! (por muchos años) de saludo a la concurrencia con que se inicia la más baztandarra de las dantzas. Luego, los mutildantzaris se ajustan la txapela (la funda-mental) y como desde que ni hay memoria se suceden los movimientos, unos de rotación sobre sí mismos y otros de traslación, adelante y atrás, de frente o de espaldas, y se mueven siempre en contra y en torno al txistulari y el atabalari que son el eje de este grande y misterioso reloj humano. ¿Y por qué contra la marcha de las agujas del reloj, contra el paso del tiempo quizás, que, sin detenerse, marcará simbólica e inevitablemente a protagonistas y espectadores? No hagamos cábalas, una cosa es segura: hoy y en todas las fiestas , el mutildantza estará en la mente y el sentimiento de todos los elizondarras.