Judíos antisionistas

Por Patxi Aranguren Martiarena - Miércoles, 25 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el Parlamento israelí se atrevió a aprobar la controvertida ley Estado-Nación, que protege la identidad judía de Israel, al que denomina “hogar nacional” del pueblo judío, y deja el hebreo como única lengua oficial, pese a que el 20% de la población israelí son palestinos de lengua árabe. El propósito de la ley “es asegurar el carácter de Israel como un estado democrático judío en el espíritu de los principios de su Declaración de la Independencia”. Pero un Estado que se define en base a conceptos raciales y/o religiosos no puede ser de ninguna manera un estado democrático. La ideología sionista se basaba en la creación de la nación judía y en el resurgimiento de la lengua hebrea para unificar a una enorme variedad de judíos dispersos. Fue a partir de los años veinte y, en especial a raíz del Holocausto, cuando surge el sionismo político, que requería de un Estado y unas fuerzas armadas para proteger a los judíos del antisemitismo. Pero no puede existir ideología más opuesta al judaísmo que el nacionalismo. Llámese nazismo o sionismo. Los nacionalismos han sido los mayores enemigos de un pueblo judío que, a lo largo de sus 4.000 años de historia, ha sido el más cosmopolita del mundo. Las comunidades judías se han extendido por todo el mundo conocido desde hace milenios y ha sido precisamente la diáspora y el exilio lo que alimentaba y reforzaba su condición de judíos.

Las críticas al sionismo son tachadas de antisemitismo con demasiada frecuencia. Pero si estas críticas provienen desde dentro de la comunidad judía de Israel, ese supuesto antisemitismo se desvanece. Avraham Burg, presidente del Parlamento de Israel entre 1999 y 2003, y figura intelectual y política destacada en la sociedad israelí, abjuró, en septiembre de 2003, del sionismo a través de un polémico artículo tituladoLa revolución sionista ha muerto. Al año siguiente se retiró de la política institucional, pero inició un periodo de actividad pública en contra del sionismo y del carácter judío del Estado de Israel. En una entrevista publicada en 2007, Burg afirmó que la definición de Israel como estado judío le llevará a su destrucción. Su tesis es que Israel, como Estado que privilegia a los judíos, solo puede sostenerse a través de la violencia, augurando que ésta será cada vez más brutal. Sostiene que la presión que observa en Israel contra los árabes tiene paralelismos con la que sufrieron los judíos con los nazis en Europa.

Burg publicó un ensayo tituladoVencer a Hitler, donde compara el actual Estado de Israel con la Alemania nazi. Su libro provocó airadas reacciones. Burg construye una analogía entre la Alemania nazi y el actual Estado israelí: “Nos produce un profundo sentimiento de humillación nacional, la convicción de que el mundo entero nos rechaza, la importancia central del militarismo en nuestra identidad… Miremos el papel que tienen en la sociedad todos esos oficiales en la reserva, la cantidad de civiles armados en nuestras calles, los gritos contra los árabes. En la Ley del Retorno,se concede la ciudadanía israelí a cualquier persona considerada judía según una definición tomada literalmente de las leyes de Nuremberg. “Rechazo ver mi identidad -prosigue Burg- definida por Hitler. Debemos vencerlo. Mi libro debería haberse titulado Hitler ha vencido. De no haber ocurrido el Holocausto, Israel no existiría. No existiría ese Estado establecido por la fuerza y por la fuerza sostenido, ese Estado maquiavélico que ejerce la violencia sobre un pueblo oprimido que se levanta contra él en el territorio ocupado. No existiría ese Estado arrogante, que no se apiada de los derrotados y vilipendiados palestinos, del pueblo más próximo genéticamente a los judíos orientales. Israel ya sabe lo que es oprimir y victimizar, una experiencia que siempre se le había negado al pueblo judío. Judíos locos de poder, eso es lo que son los israelíes. Para Burg, en el judaísmo siempre existen alternativas y el error estratégico del sionismo ha sido eliminar otras alternativas.

La creación del Estado de Israel en 1948 supuso la expulsión de los judíos de todos los países árabes y el comienzo del conflicto árabe-israelí. El sionismo es el responsable de provocar el antisemitismo en todo el mundo, dijo el rabino Weiss en unas declaraciones realizadas en 2017. Este rabino es miembro de Neturei Karta International, una organización de judíos que se opone al sionismo y sostiene que “esta ideología nacionalista está absolutamente en contradicción total con el judaísmo y oramos constantemente por un desmantelamiento rápido, pacífico y total del Estado sionista”. Weiss ha arremetido en varias ocasiones contra el terrorismo de Estado de Israel en los territorios ocupados, y sostiene que la violencia es ajena al judaísmo.

De no haber ocurrido el Holocausto, Polonia, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Ucrania o Alemania estarían ahora mismo pobladas por miles de judíos. Podrían calcularse en unos 25 o 30 millones el número de judíos que vivirían ahora en Europa. Ciudades europeas donde floreció la cultura judía, como Berlín, Varsovia, Praga, Kiev o Cracovia deberían propiciar el reasentamiento de los judíos de origen europeo. Figuras de la talla de Einstein. Freud, Kafka o Carl Marx brillaron, pese a ser judíos, por ser europeos. Eran judíos perfectamente integrados en sus sociedades. El sionismo busca trasladar a Israel a todos los judíos del mundo, convirtiéndolos en intrusos en la tierra palestina. El sionismo, sin quererlo, se ha convertido en la mayor amenaza para la supervivencia del pueblo judío. Israel quiere involucrar a todo el mundo judío en su brutalidad, atrayéndolos a un Estado ficticio asentado en un territorio desértico y sin fronteras naturales que, tarde o temprano, acabará siendo destruido. Durante siglos en todo el mundo árabe, incluida Palestina, han convivido en plena armonía árabes y judíos orientales de lengua árabe. Por eso ha sido un tremendo error trasladar judíos del centro y este de Europa a Oriente Medio. El conflicto árabe-israelí nunca se habría producido entre árabes y judíos orientales. Como dijo el Rabino Weiss, no hay ningún conflicto religioso entre musulmanes y judíos. De hecho, el pueblo judío ha disfrutado de la hospitalidad y la amistad de los países árabes durante siglos. Tenemos que reconocer que es una mezquindad afirmar que los árabes y los musulmanes odian a los judíos. Solo odian a los colonizadores. La solución al problema palestino pasa por el paulatino trasvase de judíos de origen europeo a la Unión Europea. Europa no puede cruzarse de brazos y mirar hacia otro lado como si el problema no fuera con ellos. El Holocausto sucedió en el corazón de Europa y ésta debería abrir sus puertas a los judíos de origen europeo y darles cobijo. ¡Qué menos!

El autor es economista de la UPNA