La esencia del turismo

Ramón Doria Bajo - Jueves, 26 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Consiste, sin duda, en conocer otra cultura (idioma, gastronomía, costumbres…). Según la OMT en 2018 se alcanzarán 1.400 millones de turistas internacionales. Y en la medida que se incrementa el turismo las ciudades se gentrifican (sus cascos antiguos se vacían de sus vecinos habituales -que se desplazan al extrarradio por la carestía de los alquileres- y toda su actividad se centra en servir al visitante: hoteles, apartamentos turísticos, restaurantes y el nuevo comercio de franquicias desplaza al tradicional. Según Wikipedia, en Bolonia sólo el 10% de la población vive en el casco histórico). Esos centros de las ciudades turísticas se convierten en verdaderos teatros donde se dan representaciones culturales: forasteros se disfrazan de lugareños, guían y explican la ciudad a los turistas;cocinan los platos típicos;visten los trajes regionales y bailan al son de las canciones tradicionales. Todos han aprendido su respectivo oficio en un cursillo acelerado que les ha impartido la multinacional hotelera o la franquicia de turno, y recepcionistas y dependientes obtienen un sobresueldo en comisiones por las “indicaciones” a los turistas. Nadie vive en esos viejos caserones pues sólo sirven para albergar los remozados hoteles o B&B y, en sus bajos, los locales de las franquicias. Todo parece un precioso decorado por el que transitan rebaños de turistas empeñados en fotografiar/grabar/adquirir todo aquello que les suene a típico. Las calles comerciales de las ciudades turísticas son tan idénticas que uno no sabe si está en Ámsterdam, París, Londres o en Roma. Hasta la Naturaleza queda mancillada cuando la visitan hordas de turistas.

Ocurre entonces que el viajero avezado descubre la ficción cultural y no repite el viaje pues éste nada le aporta. Es decir, el propio incremento logarítmico del turismo asfixia el turismo: el turismo muere de éxito. Y si el sector turístico acapara el 80% de la economía productiva, la muerte del lugar turístico está cantada. ¿Qué futuro tiene una ciudad, como Barcelona o Florencia, que reciba cada año tres o cuatro veces el número de sus habitantes? ¿Quién es el verdadero beneficiario de este aberrante turismo masivo? Salvo los turistas aborregados que disfrutan ordenando sus fotos y torturando con ellas a sus conocidos, los claramente más beneficiados son las compañías de transporte, hoteleras o las franquicias comerciales y de restauración, que pagan a sus empleados temporeros salarios indignos.

En el nuevo Orden Internacional parece que a Europa le toca ser el gran decorado turístico. ¡Estamos buenos!