Música

Bach en la intimidad

Por Teobaldos - Viernes, 27 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El músico Ekhi Ocaña, que se mueve por los siglos de la música con el desparpajo del inquieto investigador -del Renacimiento al Flamenco, pasando por el repertorio clásico-, vuelve, sin embargo, al maestro de maestros, para asentar su enorme valía de solista de flauta. Al fondo, siempre Bach. Y si un flautista lo aborda como Ekhi, luego puede tocar cualquier cosa. En estas luminosas tardes de verano, se ha propuesto el villavés, un viaje inverso del Camino de Santiago, en tres conciertos -Zizur, Arre y Roncesvalles- con el maestro de Leipzig en la flauta sola. Una maravilla. Con una flauta de poderosa y cóncava resonancia por la acústica de la iglesia Sanjuanista;con un colorido pastoso, lejos de la frialdad del metal, que, sin embargo, siempre es clarísimo en la digitación. Con una flauta travesera convencional, pero perfectamente ajustada al mandamiento bachiano, de extremada exigencia técnica y de inteligente libertad interpretativa. Entiende, así, muy bien, Ocaña que Bach no decretó la abolición del compás, pero que deseaba que, con todo respeto a la medida, ésta se olvidara, y se imprimiera una elasticidad casi de rubato;y, así, tuvimos, durante toda la velada, un fraseo de profundo bienestar y sentimiento -la zarabanda de la partita, por ejemplo, como uno de los puntos álgidos del concierto-. Habrá, también, el comprometido y abundante virtuosismo, pero nunca mecanicismo. Y, por supuesto, el control del aire -el fiato- de extenuante exigencia y, sin embargo, con la sensación de desahogo, por lo menos para el oyente. Con este planteamiento, Ocaña aborda una trascripción -muy del gusto de la época-, y la partita para flauta sola en la menor. Llevar a la flauta la suite para violoncelo solo nº 1, es un capricho, y una rareza, del atrevido intérprete. Es otra forma de adentrarse en obra tan conocida. El preludio sorprende, pero no se echa en falta el violonchelo, ya que los graves de la flauta suenan francamente robustos;asentando los temas de la zona aguda. Va a ser otra de las características del concierto: la homogeneidad del sonido en toda la escala, sin que ningún tramo pierda, sin que avasalle el agudo, de natural, más brillante en este instrumento. La Allemande combina el recreo de la melodía con los graves. La Courante se desarrolla en un virtuosismo controlado y tranquilo, sin aspavientos. La Zarabanda es ligada y de un fraseo, tenido. Y los minuetos y la Giga, sutiles y equilibrados. Pero es en la partita para flauta donde mejor admiramos la madurez del músico, que ya hace versión propia de lo tocado por tantos. Se recrea Ekhi Ocaña en el carácter un poco melancólico de la partitura, pero, a la vez, la dota de una serenidad envolvente que lo ocupa y lo llena todo: elige el tempo adecuado para que el sonido -francamente grande- de la flauta fluya con densidad, a la vez que los tramos de virtuosismo lo colorean todo. De propina, Ocaña se va por los cerros de Bach, Falla, el flamenco… Lo dicho. Por cualquier siglo.

Ekhi Ocaña: recital de flauta travesera

Programa: Juan Sebastián Bach: trascripción de la suite para violoncelo solo número uno. Partita para flauta sola en la menor (BWV 1013). Lugar: Iglesia Sanjuanista de Cizur Menor. Fecha: 25 de julio de 2018. Público: lleno.