Esther Isla | Actriz

“Podemos adaptar las obras, pero los clásicos son eternos”

Esther Isla se mete en la piel de Dorina, la criada que se encargará de mover los hilos de la trama de ‘Tartufo, el impostor’, esta noche en La Cava (22.00 horas)

Amaia Rodríguez Oroz - Sábado, 28 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Esther Isla.

Esther Isla.

Galería Noticia

Esther Isla.

pamplona- Olite recibe hoy, a las 22.00 horas en La Cava, un nuevo clásico:Tartufo, el impostor. Aunque la obra se estrenase en 1664, los temas que Molière planteó en el texto siguen vigentes hoy en día y, esta noche, invitarán al público a reflexionar acerca de su comportamiento en el mundo en el que vivimos. Y lo harán, además, con un lenguaje de lo más actual, cuya versión ha corrido a cargo de Pedro Víllora, y a través de un elenco formado por Alejandro Albarracín, Verónica Moreno, Vicente León, Nüll García, Ignacio Jiménez y Esther Isla y dirigido por José Gómez-Friha.

No es la primera vez que visita Olite, ¿qué le parece participar en un festival de teatro con tanta trayectoria?

-Me hace muchísima ilusión porque me parece un marco increíble, actuar en el castillo al aire libre es maravilloso, aunque haga un poco de fresquito por la noche (ríe). El Festival de Teatro de Olite es un lujo.

Acude a este espacio con una nueva versión del clásico Tartufo, el impostor, de Molière. ¿Qué verá el público sobre el escenario?

-Es una nueva versión, aunque es la versión que realmente quiso hacer Molière en el siglo XVII, pero por cuestiones de poder lo tuvo que cambiar. El final que él hizo se censuró porque el Rey dijo que era él quien tenía que castigar a Tartufo y que el poder tenía que quedar por encima del mal. Aquí, Pedro Víllora, que ha hecho la dramaturgia, hace justicia al final que quería Molière para su obra. Se critica a Tartufo, pero también a Orgón, es decir, se critica al manipulador y a los que se dejan manipular. Además, el lenguaje es muy cercano al público, que a veces piensa que por tratarse de un clásico va a contener un lenguaje complicado. En esta ocasión, Víllora, junto con la compañía Venezia Teatro, ha hecho un trabajo magnífico y ha creado un lenguaje muy cotidiano, con guiños que el público entenderá perfectamente. También sirve esta adaptación para hablar al público directamente y romper, así, la cuarta pared. Es una obra muy divertida y cercana al público, que acaba pensando que los Tartufos son los otros.

La obra de Molière se estrenó en 1664, ¿el clásico sigue vigente?

-Totalmente. Los clásicos siempre han escrito de forma universal. Jamás se van a morir sus obras porque los temas que plantean siguen ocurriendo y ocurrirán durante toda la eternidad. El final es bastante político y mucha gente acaba pensando que el partido contrario al que ellos votan es Tartufo y que ellos son los manipulados... Por tanto, está muy a la orden del día. Es una obra que invita totalmente a reflexionar sobre asuntos actuales. Los clásicos son universales y lo seguirán siendo. Podemos adaptarlos y cambiar cosas, pero la esencia y lo que ellos plantearon siempre estará vigente. Son eternos.

El texto toca temas actuales como la corrupción política o los desahucios. ¿Desde qué tono se habla sobre estos asuntos?

-Desde la historia y de una forma muy cotidiana, pero inevitablemente invita a pensar y a reflexionar. No se trata solo de identificar a los Tartufos para evitarlos, sino también de evitar ser un Orgón. Y, por supuesto, siempre desde el humor. Siempre. Sí es cierto que hay momentos más dramáticos, porque la obra es un viaje que pasa por muchas emociones, pero a través de la risa es como mejor se trabajan las cosas.

¿Qué diferencias tiene el Tartufo de esta nueva versión con el personaje que creó Molière?

-Este Tartufo encandila y enamora, y la gente, en cierta manera, lo llega a entender. Muchas personas empatizan con lo que él dice y lo entienden. Siempre parece que tiene que quedar como el manipulador y el malo, pero en esta versión es diferente... Enamora.

¿Y su personaje, Dorina?

-Dorina creo que es la primera criada escrita en un texto clásico a la que el autor da un protagonismo importante. No se queda en segundo plano, y desde abajo, desde la oscuridad, mueve los hilos de lo que está ocurriendo. El público ya verá si consigue sus objetivos o no, pero hay un apoyo del resto de la casa bastante importante en Dorina. Es un pilar fundamental y es un papel muy bonito para una criada, porque deja de ser una simple criada que está siempre en la sombra para acaparar un gran protagonismo.

¿Qué toque de Esther Isla tiene esta Dorina?

-Cuando empiezas a crear un personaje siempre hay algo muy personal de cada uno. Dorina es una intermediaria, la que intenta poner la lógica siempre desde el corazón y la razón, pero con una visceralidad increíble. Y en mi vida creo que me pasa lo mismo. Mis amigos me dicen que soy un poco coach, aunque en mi vida sea un poco desastre. A Dorina le pasa igual, que para su vida es un poco atolondrada pero que da muy buenos consejos y sabe controlar las situaciones de una forma muy buena.

Lo cierto es que la crítica le pone por las nubes y dice que defiende a su personaje en cada escena y mantiene en todo momento la atención del espectador...

-Todo lo que ha ocurrido con Tartufo y con este personaje ha sido muy gratificante y muy bonito, y toda una sorpresa. Tú te metes en un nuevo proyecto, empiezas a trabajar y a investigar desde el disfrute, aprendiendo de los compañeros y del equipo, y al final suceden cosas inesperadas que son siempre bienvenidas.

Como la nominación que recibió en los premios MAX como mejor actriz de reparto precisamente por este papel.

-Eso fue muy bonito y una sorpresa total. Es precioso que valoren tu trabajo de esta manera. Además, esa noche fue divertidísima. Es una fiesta del teatro que tiene que seguir. La experiencia fue muy gratificante y es algo adherido al teatro y a este trabajo. Estoy muy agradecida.

La obra tiene ya un largo recorrido por diferentes escenarios. ¿Con qué mensaje se queda el público después de cada función?

-Llevamos dos años ya con esta obra y, de hecho, puede que terminemos con la actuación de hoy. Si ponemos punto y final en Olite, nos haría muchísima ilusión. Sobre el mensaje, creo que hay muchas versiones. Hay quien sale pensando que es Tartufo, otro que se ve reflejado en Orgón y un tercero que se siente identificado con ambos personajes. No hay una unanimidad y no presentamos un mensaje mascado. Nosotros exponemos una serie de ideas y, después, que la gente reflexione y salga con la sensación que quiera. Pero sí es cierto que es una obra que da pie a reflexionar durante las cañas que todos nos tomamos después de ir al teatro (ríe).

Además de esta obra, en los últimos meses ha estado inmersa en otro proyecto, Una vida americana.

-Es un proyecto con el que hemos estado muy contentos y ha sido un maravilloso. También he trabajado en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Me siento muy afortunada por poder seguir haciendo cosas y vivir del teatro, algo que por desgracia es muy complicado en este país.