Lo barato sale caro, sobre todo a los trabajadores

Por Iñaki Bernal - Sábado, 28 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los días 25 y 26 de julio, muchas personas que habían comprado y reservado su viaje de vacaciones con la compañía Ryanair se encontraron con las jornadas de huelga de la plantilla de tripulación de cabina y sin poder realizar estos viajes programados con antelación.

Como primer punto de análisis, es destacable saber cuáles son las reclamaciones laborales que está realizando esta plantilla. Las demandas principales son que se les reconozcan los derechos laborales, la legislación laboral, los convenios colectivos o el Estatuto de los Trabajadores del país en el que están desarrollando su labor profesional.

La propia empresa de viajes low cost nos hace creer que sus ofertas de viaje son mejores y más competitivas que las de otras compañías aéreas, pero lo que no sabemos es que este abaratamiento de costes sólo es posible recortando derechos y salarios de las plantillas de trabajo. Desde una perspectiva de análisis marxista, nos encontramos en el propio siglo XXI ante una situación de explotación hacia la clase trabajadora. Para aquellos que dicen que las teorías de Carlos Marx están obsoletas en el año 2018, vemos cómo es de plena actualidad esta relación de poder asimétrica, en la que la plusvalía y el enriquecimiento del capital se basan en la explotación laboral.

Y digo una más porque cuando desde el propio neoliberalismo económico se nos está ofreciendo una visión del proceso de globalización mundial como un elemento de desarrollo, lo único que se ha globalizado es el modelo económico neoliberal, los derechos laborales y la protección social de la mayoría social y trabajadora no se ha globalizado, y las personas que trabajan elaborando los productos que consumimos lo hacen muchas veces sin ningún amparo laboral y en situaciones de esclavitud laboral.

Y hoy es la huelga y la reclamación de la plantilla de Ryanair, pero también hemos visto cómo en estos últimos meses multinacionales como Glovo, Deliveroo, Uber... están aprovechando la oportunidad que les ha ofrecido las reformas laborales impuestas a los estados de la UE, como por ejemplo las realizadas en el Estado español, para establecer relaciones laborales abusivas con su plantilla laboral.

Ha sido necesario que las plantillas de estas empresas hayan sido reconocidos como falsos autónomos para que se les reconozcan sus derechos laborales. Destaco el caso de Coca-Cola Fuenlabrada, una plantilla que representa la dignidad y la lucha de la clase trabajadora en este país. A pesar de las sentencias judiciales positivas hacia las demandas de esta plantilla, la multinacional no cumple con las mismas.

Recuerdo una charla sobre economía en la que participaba el gerente de una empresa de economía social y en la que nos instó a que el cambio de estas situaciones de abuso laboral está en las propias personas que consumimos estos productos y servicios low-cost, puesto que si no consumimos sus productos, evitamos que se enriquezcan a costa de explotar a la mayoría social y trabajadora.

El autor es senador de IU/I-E en la Coalición Unidos Podemos