Elogio del cuaderno de apuntes

Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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DIARIO

DIARIO VOLÁTIL

Autor: Miguel Sánchez-Ostiz. Editorial: Pamiela, 2018. Páginas: 144

diario

El veterano Sánchez-Ostiz profundiza en la elección entre coherencia e incoherencia de las relaciones sociales de hoy.

Leer un diario es conocer otro punto de vista, el punto de vista del otro, el de los otros, el punto de vista de quien busc

DIARIOS (2015-2016)

Autor: Eduardo Laporte. Editorial: Pamiela, 2017. Páginas: 112.

mundo.es(Andrés Trapiello) y Dorados días de sol y noche (Luis Antonio de Villena) son dos de los tomos de apuntes que acaba de presentar Pre-Textos, justo cuando las editoriales dan a conocer dicho tipo de cuadernos y el sello navarro Pamiela nos regala otros dos diarios de autores pamploneses a los que separan la edad y la productividad pero une el interés por plasmar el presente en obras de reducido tamaño pero dotadas, también, de cierta agilidad narrativa. Diario volátilsigue las directrices y el estilo de algunos dietarios de Miguel Sánchez-Ostiz, aunque el tono es ahora algo más contenido;Diarios (2015-2016) nos acerca a la sociedad actual de la mano de Eduardo Laporte, autor de otros libros como la novela breve La tabla.

El veterano Sánchez-Ostiz profundiza en la elección entre coherencia e incoherencia de las relaciones sociales de hoy: “No puedes quejarte de agravios recibidos por haber estado donde sabías que no era tu sitio ni aquella la mejor compañía posible”.Diario volátil está estructurado, además, en forma de capítulos temáticos, como La hora de los murciélago o Caza de citas, no exentos de atractivo en sus nombres y en sus contenidos. Estos poemas pueden también valorarse como conjuntos de ideas varias sobre la tarea de vivir: “A cierta edad te animas como puedes. Eres tu propio botillero y juegas en solitario, como cuando eras crío, la derecha contra la izquierda, y viceversa”.

Eduardo Laporte se vale, en Diarios (2015-2016), de un estilo similar pero no suele asociar las anotaciones bajo un título y esas notas contienen no pocos destellos de lucidez: “Para crear, es necesario que te pasen cosas. Antes, durante y después. Los Beatles escribieron todas las canciones de los Beatles en plena vorágine de los Beatles”. Por todo ello, leer un diario es conocer otro punto de vista, el punto de vista del otro, el de los otros, el punto de vista de quien busca desesperadamente otra forma de lucha por la supervivencia: “Mis padres nunca enfermaron. Cuando lo hicieron, lo hicieron de una vez por todas, pero no recuerdo nunca a mi padre sin ir a trabajar por una gripe. Haciendo espeleología en la memoria consigo recordar a mi madre en bata, una bata de tela fina, color vainilla, cuando volvíamos del colegio. Eso significaba que había estado enferma, asociaba mi mente infantil”.

Eran otros tiempos… y gracias a diarios como estos y otros editados en años de sagas literarias más bien livianas, podemos profundizar en el alma humana, un alma ausente demasiadas veces de esas novelas fantásticas pobladas de seres vistosos y bien distintos de los que pueblan los cuadernos que nos ocupan, unos seres reales que terminan pareciéndose mucho a ti y a mí: “Aprender a despedirse sin volver la vista atrás… ando buscando el manual de instrucciones y no lo encuentro”, suelta Miguel Sánchez-Ostiz enDiario volátil. Y no se queda tranquilo… más bien, nada tranquilo, algo que también parece suceder a Eduardo Laporte en sus Diarios (2015-2016) y a todos cuantos se enfrentaron y se enfrentan (diariamente) a la verdad, que no está la realidad para ficciones…