Los lagos azules

Venancio Rodríguez Sanz - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

En el balneario de Panticosa, lo que no es verde es azul. Azul, porque serenas son las rocas, gota a gota labradas por los siglos. Azul, porque dan confianza y fidelidad. Verde, porque esperanzadoras son la pozas del río Caldarés. Verde, porque relajan, dan calma y paz interior. Al llegar allí, como el camaleón, la gente se viste de paisaje. Verde y azul nos tornamos al empezar a caminar hacia los lagos azules. Mientras ascendemos, al descubrir un nuevo horizonte, los tonos del cielo y las esmeraldas nos van contagiando su cromaticidad. Al lado de la cuesta del Fraile, hay una catedral de sosiego y una cascada de promesas festoneada de tranquilidad y nos colgamos de ella y nos dejamos llevar. Y llegamos a la alcohólica azotea de Bachimaña Inferior y empinamos el codo y nos bebemos su inmensa apacibilidad hasta vaciar la botella… Un rosario de lagos ensartados en un vigoroso hilo celeste, se van sucediendo como perlas. Bajamos por la cremallera de su abultado escote, hasta llegar a su ombligo. A lengüetazos discurrimos sobre su entrepierna por un caos de certidumbres. Y al arribar al anhelado entorchado Azul Inferior, nos congratulamos por la gesta. Y más tarde y a los pies del terrible y marmóreo coloso, denominado Los Infiernos, nos encontramos al rendido lago Azul Superior, sin lugar a dudas, una belleza sin igual. Tiempo estimado: 6 horas. Consejo importante: no dejar prendas fuera de la mochila (se podrían enganchar en la vegetación y desestabilizarnos).