Asiron vs. ‘Una mente maravillosa’

Por Edurne Eguino - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

recordarán muchas personas, seguro, la película que protagoniza Rusell Crowe y que versiona la vida del Premio Nobel John Nash: Una mente maravillosa. Lo traigo a colación aquí no por lo admirable de su historia de lucha contra la esquizofrenia con la que aprendió a convivir, sino, fundamentalmente, por su contribución al desarrollo de lateoría de los juegos, o de la negociación, un campo de estudio sobre la pugna entre competidores que interactúan y se influyen mutuamente, que piensan y que incluso pueden ser capaces de traicionarse uno al otro. De forma muy resumida, lo que viene a concluir es que la cooperación es la estrategia que permite obtener el máximo beneficio a todas las partes que participan del juego, mientras que el egoísmo desemboca a menudo en nula ganancia, si no en pérdidas para todas las partes.

Asiron debería haber tenido en cuenta la teoría de los juegos, antes de tomar algunas decisiones que a nadie benefician, ni a su propio partido, me atrevería a decir.

Empezaré por el principio, porque el relato de los hechos también es importante. Asiron presentó a sus socios, en nombre de EH Bildu, una propuesta cerrada de inversiones por 6 millones de euros. Suponemos, visto lo visto, previamente consensuada con Geroa Bai, puesto que la asumió como propia desde el minuto cero, anunciando que no aceptaría cambio alguno. Pasaron por alto un detalle: las inversiones se aprueban en Pleno y eso marca la exigencia de llegar previamente a un acuerdo entre las fuerzas que participamos en el gobierno municipal. Asiron, por primera vez en 3 años, de forma totalmente irresponsable, no lo hizo.

Izquierda Ezkerra y Aranzadi proponíamos modificar la propuesta en 1 millón de euros incorporando 3 proyectos de ciudad (Casa de las Mujeres, carril bici de Labrit y reforma de la Unidad de Barrio de la Milagrosa) tan importantes como algunos de los ya incluidos, léase rehabilitación de viviendas municipales, reforma de colegios de Primaria, adecuación de Antoniutti o las diversas actuaciones en barrios y asfaltado de calles.

Volviendo a lateoría de los juegos o de la negociación, quienes representamos 1/3 del equipo de gobierno proponíamos cambios por 1/6 del presupuesto disponible. Nada de vetos, ni de imposiciones, por nuestra parte. ¿Es mucho pedir participar en una negociación? La respuesta fue el ninguneo y el autoritarismo con el que el señor Abaurrea contestaba por escrito a nuestras propuestas. Es cierto que hubo un tímido acercamiento, una oferta humillante a nuestro modo de ver: 90.000 euros para los 3 proyectos que proponíamos. Una cantidad insuficiente, incluso ridícula, y sin garantías sobre su ejecución posterior.

Así las cosas, Asiron decidió llevar a Pleno una propuesta que sabía sin garantías para su aprobación. Al día siguiente, apoyado firmemente por Gómez, de Geroa Bai, cumplió su amenaza y nos echó del gobierno municipal. Se quitó de encima a los grupos que representamos la izquierda más transformadora, nos mandó a la oposición y dejó el tablero de juego en manos del nacionalismo vasco, en minoría, por cierto.

¿Quién gana con todo esto? Mucho nos tememos que ninguno de los 4 grupos municipales y mucho menos la ciudadanía, que mayoritariamente nos apoyó en un gobierno de coalición hace apenas 3 años.

El acuerdo de gobierno que firmamos en 2015 vino para hacer historia en una Pamplona gobernada por UPN durante 16 años consecutivos, con mano de hierro. Asiron estaba llamado a liderar un gobierno plural y comprometido con un cambio verdaderamente transformador de la política municipal. Tres años después el trío Asiron, Abaurrea, Gómez han decidido dinamitar ese gobierno y anticipar un año el fin de la legislatura, sembrando de obstáculos la posibilidad de un nuevo acuerdo plural en 2019.

Cuando se toman decisiones de este calado, tan radicales, se debería sopesar las consecuencias o, al menos garantizar soluciones a problemas pendientes. Ahí sigue esperando la aprobación de los 6 millones de inversiones y pronto llegarán los presupuestos de 2019, y otras muchas cuestiones que necesiten el refrendo del Pleno. Asiron, aunque no le guste, sigue necesitando a Izquierda Ezkerra y Aranzadi.

Ante la perplejidad, preocupación y decepción de la ciudadanía, Asiron no ha querido, o no le han dejado, ser el alcalde mediador y consensuador que esta ciudad necesita. Ser “jatorra” no es suficiente.

En el acuerdo programático sigue habiendo actuaciones concretas que, de forma incomprensible, se han visto cuestionadas y no abordadas.

¿Cómo es posible que Abaurrea y Asiron defiendan una nueva estación de tren en Etxabakoitz, cuando EH Bildu está en contra del TAV? ¿Por qué Asiron y Abaurrea no defienden el derribo de los Caídos, como lo hacían antes de gobernar? ¿A qué se debe que no se hayan abordado municipalizaciones de servicios importantes, como la limpieza de la ciudad, o la gestión de zonas verdes, o tantos y tantos contratos en manos de empresas privadas? ¿Cómo es posible que EH Bildu y Geroa Bai defiendan en 2016 un aumento de la plantilla de la Policía Municipal, cuando antes siempre estuvieron en contra? Los escasísimos avances en Movilidad (con un solo nuevo carril bici aún por terminar), en laicidad (con castigo incluido, impidiéndonos asistir al Privilegio de la Unión sin traje de gala), o el insuficiente reconocimiento a las víctimas de ETA, son algunos ejemplos del incumplimiento de ese Acuerdo Programático que parece pesar cada día más, como una losa, a EH Bildu y en Geroa Bai. ¿No será éste el verdadero motivo de nuestra expulsión, junto con su negativa a realizar un seguimiento del acuerdo programático, tal y como se hace en Gobierno de Navarra?

Por otra parte, las consecuencias del cese de 4 concejalías delegadas van a ser muy graves. Reemplazar concejalas y equipos directivos a estas alturas de la legislatura sólo trae consecuencias negativas. Para empezar, hacerlo en vísperas de Sanfermines ha supuesto dejar de pagar ayudas de emergencia social a más de 50 solicitantes. Nos preocupa la posible paralización del Concurso de Traslados de Trabajadoras Sociales, de la extensión del nuevo modelo de atención primaria, de las OPE, de la constitución, pendiente, de un órgano de participación de la Infancia como requisito para integrarnos en la Red de Ciudades Amigas de la Infancia o de los nuevos proyectos que íbamos a impulsar en este último año como la creación de un Servicio de Urgencias Sociales o la constitución de un Centro de Inserción Social como instrumento para generar empleo dirigido a las personas con más dificultades.

Dejar todo eso en el aire por parte de Asiron muestra una grave falta de sentido institucional y una visión autoritaria del gobierno, que pone los intereses políticos, o más bien partidistas, por encima de los servicios públicos y las necesidades de la gente. Porque las decisiones políticas tienen reflejo inmediato en la calidad de los servicios y eso no se ha calibrado.

A pesar de las buenas palabras en público, está por ver si en los próximos meses Asiron va a estar dispuesto a reconducir la situación y negociar con Izquierda Ezkerra y Aranzadi. A negociar, a dialogar, de verdad (con mayúsculas), cediendo lo suficiente para que todas las partes ganen y, por tanto, gane la mayoría social a la que nos debemos. O, por el contrario, seguirá haciendo gala de ese talante autoritario que se esconde bajo la máscara de “bonachón”, y que le está impidiendo aprobar proyectos de calado para la ciudad, al tiempo que lo desacredita más, cada día que pasa, como candidato a la Alcaldía de Pamplona en 2019.

La autora es concejala de Izquierda Ezkerra en el Ayuntamiento de Pamplona

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