El rincón del paseante

De alcaldes, glacis y militares (II)

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 29 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola personas, ¿qué tal la caló? Haced caso a las autoridades sanitarias que, por si somos tontos y no nos hemos dado cuenta, nos dicen que no estemos al sol en la plaza de Écija a las 15.00 horas del 8 de agosto, que no hagamos deporte al aire libre en las horas centrales del día, que tomemos bebidas frescas abundantes, y que a los ancianos mejor no sacarlos al parque. Listooos.

Bueno, a lo nuestro, la semana pasada me di una vuelta por el Primer Ensanche de Pamplona y conté en una primera entrega cómo la ciudad se había hecho con unos terrenos intramuros en los que poder construir un desahogo y una solución a una situación patética de insalubridad, si bien, ese no fue exactamente su mayor logro ya que en seis manzanas, y la primera de paseo de Sarasate esquina con Yanguas y Miranda, es decir 7 manzanas, se construyeron 26 edificios de vecinos, como ya vimos. Lo que no vimos fue que todos ellos fueron ocupados por vecinos pertenecientes a la clase acomodada, sirva como dato que ningún piso, por orden municipal, podía medir menos de 160 m2. De ahí para arriba, un palacio comparado con los cuchitriles de 30 y 40 m2 que seguían menudeando en todo el Casco Viejo en unos edificios húmedos, fríos, con WC común o con media casa en la derecha de la escalera y la otra media en la izquierda y pésimas instalaciones sanitarias: la cuestión del hacinamiento seguía sin solucionarse con tan celebrado avance.

Pero bueno, veamos qué fue y cómo fue.

De firmar los planos se encargaron 8 maestros de la escuadra y el cartabón, los arquitectos Florencio Ansoleaga, Julián Arteaga, Manuel Martínez de Ubago, Máximo Goizueta y Ángel Goicoechea, y los maestros de obras , José Mª Villanueva, José Aramburu y Pedro Arrieta.

Casi todos ellos muy en la línea finisecular de esa arquitectura ecléctica, con guiños al clasicismo, con balcones enmarcados en molduras y mucha rocalla en escayola, muy en boga en todos los ensanches coetáneos al nuestro. Solo Martínez de Ubago se sale de esa línea y proyecta los dos edificios modernistas más bonitos de Pamplona, y casi los únicos, en José Alonso 4 y en General Chinchilla 6, su profusión de flores y ornamentación muy medidas pese a ser de un estilo tan dado a la exageración, los hacen ligeros y elegantes, sus portales muy bien podrían estar en la mejor casa de paseo de Gracia, eso sin exagerar. Otra casa que sale de la norma que el Ayuntamiento pedía para dar uniformidad al proyecto, es el número 7 de la calle General Chinchilla, obra de Ángel Goicoechea, la única casa de todo Pamplona de estilo neo-mudéjar. La casa es bonita pero el pedazo de magnolio que tiene en el jardincillo que hace esquina con Rozalejo está entre los cinco árboles más bonitos de Pamplona.

La obra cumbre de todas fue sin duda el Palacio de Justicia y la llevó a cabo Julian Artega, se acabó en 1897, el 2 de diciembre de 1898 el Ayuntamiento hizo entrega del mismo al estado y éste le entregó la propiedad de la cárcel y la vieja audiencia de la plaza de San Francisco.

Bien, este es, a grandes rasgos, el aspecto que tomó la Nueva Pamplona. Si alguien quiere conocer más sobre el tema recomiendo el libro del que yo he tomado “mucha sabidurencia”, Arquitectura y urbanismo en Pamplona a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, de Asunción Orbe Sivate, Ed. Gobierno de Navarra, Pamplona, 1985. Lo encontraréis en la librería foral en este mismo Ensanche, en Navas de Tolosa.

Mis recuerdos de ese barrio son muchos. Esas calles las recorrí mucho de niño, estaban a trasmano de casa pero eran muy céntricas, y en Marqués de Rozalejo vivía una prima de mi abuela a la que solíamos visitar. Quizá los dos recuerdos más lejanos que tengo son un caballito mecánico en el que me montaba mi padre y que estaba en la puerta de un taller de no sé qué, y el estanque con patos y cisnes que había donde hoy está el Hotel Tres Reyes. También recuerdo las salidas del cole de los Maristas y de las Ursulinas, se llenaban las calles de zangolotinos persiguiendo a las niñas del cole vecino que se hacían las ofendidas, ¡qué se habrá pensado ese mocoso! Recuerdo a las niñas que salían del colegio de las concepcionistas y que llevaban un fajín azulón y una especie de castoreño con una cinta del mismo color todo ello sobre un uniforme gris, eran las más elegantes de todos los colegios de Pamplona, el centro educativo ocupaba el palacete de indiano que mandó construir D. Bonifacio Erviti y que dirigió Ansoleaga, sin duda su mejor obra, en el número 7 de Navas de Tolosa.

De niño recuerdo haber ido alguna vez con mi madre al campo de deportes General Mola, conocido en Pamplona como las piscinas de Mola, se entraba por una construcción horrorosa que había en Padre Moret, donde hoy se abre la parte nueva de la calle Sandoval, era una mole de estilo fascista, como de Mussolini, formada por cuatro columnas bien tochas y un frontón recto con el nombre del recinto, al fondo y entre las murallas estaban los frontones y un poco más aquí las piscinas, desde luego el escenario que tenían era envidiable.

La calle Moret me daba miedo en su tramo inicial, era oscuro, a la derecha las tapias y traseras de las construcciones castrenses del cuartel General Moriones y a la izquierda la Audiencia que era gris y plomiza y tenía unas ventanas a ras de suelo en las que yo imaginaba mazmorras llenas de malos engrilletados y me rilaba de miedo.

Ya de mocito frecuentaba mucho el taller de Moto Iruña, donde todos llevábamos las motos a arreglar y que era punto de reunión de gentes variopintas. También la gastronomía tenía sus buenos representantes entre sus calles;dignos de recordar el tradicional Mendi, el más moderno D. Pablo, donde hoy está la hamburguesería Bambaluna, muy buena por cierto, y el recoleto y casero La Alacena, con poco sitio y mucha calidad.

Pasando el tiempo los cuarteles fueron desapareciendo y las armas dieron paso a las letras y la escena construyéndose en su lugar el Palacio de Baluarte, controvertido edificio de Patxi Mangado que a mí me gusta. El solar estuvo vacío durante años y recuerdo que a principios de los 70 se instaló una carpa enorme con una cosa que se llamaba Cinerama y que proyectaba cine con efecto 3D, y… lo conseguían, todo un avance para la época.

Con la cesión de la Ciudadela en el año 64 a la Ciudad, con la desaparición casi total del ejército, con la construcción del edificio Singular y la apertura de la avenida del Ejército como eje comunicador del centro con el barrio de San Juan, considerado tercer ensanche, la fisonomía y el espíritu de nuestro querido antiguo ensanche se vio alterada y modernizada tal y como exigen los tiempos. Hoy es una zona consolidada y de gran calidad de vida.

Y hasta aquí hemos llegado con la vida y milagros de esta pequeña zona de la ciudad que muchos conocéis y que ahora conocéis un poco más.

Hasta la próxima semana.

Besos pa tos.