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HISTORIA DE LAS FIESTAS

85 años de carreras y encierros

En el año 1933 la ciudad de Tudela tras construir una plaza de toros estable (la Chata de Griseras) se propuso poner en marcha los encierros “al modo de Pamplona” que tanto éxito tenían en la capital. Su preparación costó 2.632 pesetas.

Un reportaje de Fermín Pérez-Nievas - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Encierro de los años 40 en la calle Soldevila, actual avenida de Zaragoza.

Encierro de los años 40 en la calle Soldevila, actual avenida de Zaragoza. (ARCHIVO)

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Encierro de los años 40 en la calle Soldevila, actual avenida de Zaragoza.Varios mozos en la cuesta de Capuchinos observan a la vaca.

Parece algo evidente, pero la construcción de una plaza estable en 1933, la Chata de Griseras, supuso también el nacimiento de los encierros “al modo de Pamplona”. Aquel imán para foráneos y una ciudad en crecimiento necesitaban la atracción de las carreras y la emoción de un evento que ganaba adeptos en la vecina capital. No en vano, ya en aquel año, a sólo tres de la Guerra Civil, un periódico tudelano se aventuraba a señalar a los fotógrafos como los culpables de la masificación que se veía en Pamplona. “El encierro debe su peligrosidad y su riada humana a los fotógrafos. El encierro se hizo temerario y copioso cuando los Galles y los Rupérez desarrugaron el acordeón de sus kodaks. Antes, un 5% de los mozos corrían por correr. El resto por correr y contarlo a los amigos. Hoy el 98% corren por la fotografía. Para poder decir que han corrido ante una cartulina de bromuro”. Aunque parezca mentira era en 1933.

El ambiente, pese a todo, no aventuraba mucho ánimo de fiestas máxime cuando los periódicos de derechas pedían a gritos la unión de los tudelanos para defender “vuestras creencias y vuestra familia”. La consigna era clara, “debemos ocupar cada uno nuestro puesto para salvar a España en todos los órdenes” (Navarra, julio 1933). Pese a todo, Tudela no quiso quedarse atrás en la moda, y ante el gasto que había supuesto la plaza se abrió una suscripción popular para conseguir el dinero, dado que había que amueblar las calles y buscar ganaderías. La comisión de Festejos tuvo que aceptar “los ofrecimientos particulares recibidos” y lanzarse a una suscripción popular para conseguir el dinero necesario de cara a realizar, por primera vez, este espectáculo “para mayor realce de nuestras fiestas y en beneficio de las clases más necesitadas” dado que la entrada a las vacas emboladas era gratuita. Las ayudas lo mismo podían ser “en metálico o prestando los materiales necesarios para la organización del encierro”.

primer encierroConseguido el dinero necesario, el programa de 1933 se lanzó a anunciar la celebración, a las siete de la mañana, del primer “grandioso encierro de reses bravas” con un recorrido que llama la atención “plaza de Los Fueros, calle Gaztambide y carretera de Zaragoza, seguido de festival taurino popular”. Las vaquillas salían entonces de un terreno preparado en la calle Eza para construir la Casa del Pueblo. Las crónicas ya anunciaban “un festejo nuevo cuyo anuncio ha causado excelente impresión entre la gente joven. Se trata de organizar encierros idénticos a los de Pamplona y, como es natural, dado el éxito que estos tienen en la capital de Navarra es de esperar una concurrencia jamás conocida en fiesta alguna” (El Eco del Distrito, 30-6-1933).

Aquel año los celebraron como pudieron y se pagaron con donaciones, pero ya en 1934 el Ayuntamiento invirtió 2.632 pesetas en su organización. Las notas de gastos reflejaban “815 pesetas a Teófilo Serrano por el cerramiento para los encierros;1.500 pesetas a Javiera y María Moneo por el servicio de vacas;300 pesetas para el médico Claudio Villar por sus servicios en los tres encierros;siete pesetas a Diego Aranaz por los medicamentos consumidos en los encierros y 10,30 pesetas a José Martínez por el agua en la plaza de toros durante los encierros”.

Los días 25, 26 y 28 de julio se celebraron los tres encierros de las fiestas de Santa Ana con un recorrido completamente diferente (“paseo de Pamplona, calle de Soldevila y carretera de Zaragoza”), y protagonizado por la ganadería de Javiera y María Moneo Alaiza. El corral se había trasladado ya al cuartel de Sementales. En 1935 se repitió el recorrido y el tudelano Luis Hidalgo reforzó el vallado, obra por la que cobró 500 pesetas. Los diarios, pese a llevar dos años de encierros no ahorraron en elogios. “Tuvo gran éxito el Ayuntamiento republicano-socialista con la iniciativa de celebrar el encierro de las vaquillas, que aunque sea un simulacro de encierro de los toros de Pamplona, es el espectáculo que ha sido recibido con más agrado por la parte del pueblo que, por carecer de medios, no puede desprenderse de unas cuantas pesetas para ver las funciones taurinas”, (El Eco del Distrito 26-7-1935).

El 18 de julio de 1936 estalló la Guerra Civil, por lo que todos los actos de celebración cívica se suspendieron. Durante tres años sólo se celebraron actos religiosos, hasta que en 1939 tres encierros volvieron a animar las fiestas de Santa Ana. Seis meses después, el 10 de enero de 1940, el Ayuntamiento encargó a Gil y Álava que realizaran un vallado para dar más seguridad a los corredores. El recorrido era el mismo, pero el paseo de Pamplona se llamaba ahora del General Mola. La temprana hora de las 7.00 poco duró en el programa y pronto se trasladó a las 7.30 horas para desde 1949 llevarlos definitivamente a las 8.00. En este horario cabe una salvedad ya que hasta 1975 todos los 26 de julio se corría a las 7.00 para que los mozos se arreglaran y fueran a la procesión de Santa Ana.

Capítulo aparte merecen los cambios de recorrido que ha sufrido el encierro tudelano. Han sido tres los lugares desde donde las vaquillas, novillos o toros han salido para cubrir la distancia que les separaba de los corrales de la Chata de Griseras. Desde 1935 hasta 1969, los animales pasaban la noche en el Cuartel de Sementales para, a la mañana siguiente correr cerca de 1.025 metros detrás de los mozos.

Las obras del cubrimiento del Queiles obligaron a adelantar la salida, convirtiendo el Garaje Tudelano en punto de inicio. La extensión se redujo hasta los 890 metros. Hubo que esperar hasta 1990 para que los corrales se trasladaran a la calle Frauca, desde donde había 776 metros. Las rotondas de la avenida de Zaragoza le dieron más emoción al aburrido recorrido que cambió definitivamente en 2006, al mismo tiempo que se introdujo el doble vallado en los 850 metros de trazado en el que hay cinco curvas, 2.440 tablones y 605 pilastras realizados en pino silvestre.

En lo que respecta a los protagonistas de las carreras, durante 40 años sólo se vieron vaquillas. El 25 de julio de 1973 se corrió el primer encierro con novillos de entre tres y cuatro años, cosa que no se repitió hasta el primero de 1978, aunque no pudo resultar más accidentado. Uno de ellos rompió las vallas y se escapó, siendo atado a un árbol a kilómetro y medio de Tudela. En 1994 se produjo otra innovación realizándose la carrera con toros, aunque no los de lidia, que no llegaron hasta 2006 cuando se puso doble vallado con nuevo recorrido.

Otros detalles

Canciones. Mediados los 80 fueron surgiendo canciones que se coreaban ante la puerta del Garaje Tudelano. Si bien las primeras se dirigían a Santa Ana, “a Santa Ana pedimos, nuestra patrona es, nos guíe en el encierro, la borrachera después” o “Santa Ana, Santa Anica, si a alguno han de coger, forastero ha de ser”, en años posteriores

surgieron derivaciones hacia las

autoridades, “Santa Ana, Santa Anica no nos hagas la putadica y si un toro se larga que pille a Labarga. Si las vacas salen sin bola que la hostia se la lleve Pérez Sola y si algo de esto no pasa mañana nos quedamos en casa”.

Una cita internacional. El 25-7-1966, un grupo de chinos aparecieron en el recorrido porque no llegaron a correr en Pamplona. Dos días más tarde un matrimonio norteamericano filmó el encierro y preguntaron a un periodista si se celebraba en todas partes de este país, “les informamos que tenía lugar en Navarra y en San Sebastián de los Reyes. Manifestaron que habían estado en San Sebastián que se habían bañado en la Concha y que no habían visto ningún encierro”.

Fallecidos. Alejandro Hernández, de 44 años, de Logroño, trabajador de las ferias que fue cogido y sufrió un shock traumático, traumatismo craneoencefálico y herida inciso contusa el 26-7-88. Falleció dos días después. El pastor murchantino Ernesto Aguado, 61 años, falleció al ser corneado en los corrales de la plaza el 25-7-91.

El último. En 2006 el Ayuntamiento cambió el recorrido y es el que se corre actualmente con 850 metros de longitud y casi 2.500 maderos que conforman el doble vallado obligatorio para toros de lidia.