Autopista al abismo

Por Ilia Galán - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

las ruedas daban veloces vueltas por las autopistas de la Costa Azul, recorriendo la belleza de las tierras galas, pero no contaban los ocupantes de la formidable máquina que el motor no importa, sino la afluencia. Varios atascos la llenaron, sin contar con las barreras que en cada peaje frenaban la carrera, pagando por ello, haciendo consumir a cientos, miles de ocupantes, mucho combustible contaminando el alma y el esfumado tiempo, mas no precisamente en lo eterno. Hay que pagar ahora por las bolsas de plástico pero los grandes gastos de esas autopistas no cuentan, como tampoco cuentan en el derroche los números de los políticos sobrantes, del aparato de unos partidos que se asemejan a los dinosaurios. Grandes extensiones de asfalto se extendían para cobrarnos;ya ni pagando era posible viajar cómodos;pobres y acomodados exprimidos por el afán de lucro esperábamos en cada recodo del camino. Lo mismo pasó cuando cruzando los Alpes llegamos a Italia. Absurdo son tales vías para frenarnos, pagando cada poco.

La clave de este movimiento retardado, el del desarrollo, el progreso europeo..., la encontramos en la Radio, la Radio Classique de Francia, la cultural nación que siempre fascinó por su cuidado en ciencias y artes, pero las cosas han cambiado demasiado, incluso en el país galo. Cada poco, en esta radio emblemática, unos anuncios hacían obligado bajar el volumen por la verborrea publicitaria, como también sucede en la televisión pública española. Suprimida la publicidad privada, comenzó la pública y sin cesar se muestran imágenes de series que reclaman la atención y cortan películas o documentales, diciendo lo “estupendos” que son. ¿A qué tanta interrupción? Es el espíritu de nuestro tiempo o, mejor, la materia que mata el espíritu: el afán de dinero, la publicidad, los anuncios, la disipación. Ni la cultura se libra, todo ha de venderse y cobrarse.

Leyendo a Montesquieu, Consideraciones sobre la grandeza y decadencia de los romanos, una constante se repite en el análisis de imperios y naciones. La vida flácida, dedicada al lujo y a las riquezas es lo que ablanda y derrumba las grandes naciones. Antes había en Europa ideales religiosos o políticos de progreso, de una sociedad en desarrollo que luchaba por un reparto más justo del beneficio engendrado en su seno, creciendo en cultura y ciencia, dando preeminencia al saber sobre lo económico, pero todo se ha invertido y hoy las gentes se pierden en disputas en torno al abdomen, la cabeza cada vez más turbia, a un lado, colgando, a medio decapitar, mientras las grandes multinacionales siguen creciendo a costa de los estados: ¿qué fue de la virtud? Ecos de antaño...

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