la carta del día

Liberación

Por César Manzanos Bilbao - Lunes, 30 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:01h

mancos de actos y de sentido nos quieren ver quienes nos aplastan el cerebro con sucios mensajes cancerígenos que, poco a poco, y sin que podamos darnos cuenta, van absorbiendo nuestra energía y, como vampiros vehementes, se la apropian para convertirla en pesada materia inmóvil, en rutina invariable. Nos hemos revuelto, hemos golpeado nuestras cabezas contra el suelo, para tratar de vaciar nuestro hipocampo, el disco duro de nuestros sesos de todos los cortacircuitos que nos van convirtiendo en seres infectos. Hemos metido el puño en nuestra boca hasta vomitar sangre con el fin de sacar de nuestras entrañas su demonio, su ácido sulfúrico, la pestilente esencia de su puta propiedad, de su egolatría cabrona, de su aniquiladora maquinaria necrófila que consigue hacer que nos autodevoremos, que matemos por aburrimiento, que seamos seres ansiosos, seres angustiados buscando todo tipo de anti-ansiolíticos, de utopías, de falsas identidades para dar sentido al sinsentido.

Dejarnos de una jodida vez bailar con el vacío, con la esencia de la inexistencia, vivir en la misma calma y transparencia en la que nadábamos antes de nacer, dejarnos decidir cuándo nos abrazaremos a la muerte, enseñarnos si acaso los métodos de suicidio más bellos para morir sin sufrir, y así alargar la vida al tocar la dulce muerte como el gran remedio a sus males. Dejarnos estar, asesinar el tiempo, abrazarnos a la ternura, a la inocencia que nos arrebataron en la infancia y, sobre todo, si seguís revolcándoos en la mierda que cagan vuestros borbones, vuestras presentadoras favoritas, vuestros políticos iracundos, vuestros ídolos de la televisión, del cine o del deporte, que se enriquecen gracias a vuestra cochina manía de comeros sus excrementos… por lo menos no me obliguéis a escucharos hablar de ellos, simplemente ignorarme.

Venid a mí para mirarnos a los ojos, decidnos las verdades a la cara, acabar con el latrocinio, con el genocidio, con el ecocidio, cuando queráis que nos preguntemos qué hostias hacemos en este planeta de zombis mimetizados y empantallados. Venid a mí solo cuando queráis que nos reinventemos, que nos acariciemos y que nos cuidemos, que volemos con la imaginación hacia otros universos, que identifiquemos y asesinemos a ese puñado de hombres, blancos, ricos y viejos que caben en un autobús y deciden sobre la vida y la muerte de todo el planeta, venid a mí solo cuando decidáis anidar en la clandestinidad en la alegría del combate sin tregua, anidar en el espíritu libre y tranquilo de quienes en medio de su desesperación se ríen de nuestra esclava normalidad, venid a mí cuando queráis que iniciemos el viaje definitivo hacia el lugar donde anida la lucha por lo común.

El autor es doctor en Sociología