la carta del día

No recuperemos la presa, que el Arga siga su camino

Por Daniel García Mina - Miércoles, 1 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Últimamente se ha afirmado que se va a reconstruir la presa de Santa Engracia en el río Arga a su paso por la Rotxapea. Una presa en desuso que reventó durante el invierno y que deja pasar el agua que antes estaba retenida. Para ello, parece que se ha tomado el movimiento de un único colectivo (relacionado con el remo), con intereses muy particulares, para considerar su punto de vista como justificación suficiente.

Es lamentable que el gran esfuerzo que se está haciendo para recuperar nuestros maltrechos ríos en toda Navarra se vea ahora entorpecido por la posible recuperación de una de las presas de la capital que ya no tiene utilidad alguna. Otra vez miramos intereses particulares y dejamos lo medioambiental a un lado, y es que hay que tener en cuenta que, medioambientalmente, la rotura de la presa es buena por varios motivos.

La desaparición de la presa permite el transporte de sedimentos, así como que el río divague erosionando y depositando, generando nuevos hábitats;es decir, deja hacer al río lo que tiene que hacer. Además, permite el remonte de peces río arriba, como por ejemplo la trucha, el barbo o la madrilla, muchas de ellas especies endémicas de la Cuenca del Ebro. También, las aguas estancadas y profundas son el hábitat perfecto para especies exóticas invasoras como carpas, peces gatos, alburnos o siluros, que han llegado de la mano del hombre desde otros continentes y que compiten con las anteriormente citadas, desplazándolas y haciéndolas desaparecer. Por ello, si desaparece la presa, estas especies exóticas se ven perjudicadas, ya que necesitan de remansos y aguas calmadas para su vida, y de la misma forma las autóctonas se verán beneficiadas.

Igualmente, al no haber retención de agua, el bosque de galería podría cerrarse y crear mas sombra, reduciendo así la insolación y superficie de absorción de luz que se traduce en menor calentamiento del agua, produciéndose así bosques de galería beneficiosos para la nutria y para el visón europeo, especie en gravísimo peligro de extinción.

Además el río presenta, especialmente en época estival, cuando el caudal está bajo mínimos, un gran problema de contaminación orgánica. Ello ocasiona la caída de la concentración de oxígeno del agua, y cuando aparecen estas situaciones de escasez de oxígeno fermentan gases a los que las comunidades dulceacuícolas son especialmente sensibles.

Y aunque en verano seguramente quede un hilo de agua y prácticamente se seque, es un proceso natural por el que no nos tenemos que preocupar. El río es un elemento vivo que fluctúa a lo largo del año y que funciona muy bien como ecosistema aunque a nosotros nos pueda parecer que no. Igual que un árbol seco es fuente de vida en un bosque (con cientos de insectos que viven en él y que se alimentan de madera, oquedades para que vivan pequeños mamíferos y aniden diferentes aves, es soporte de líquenes y hongos, e incluso pajarillos lo utilizan como fuente de alimento), un río seco sin apenas agua es naturaleza pura y dura y también está lleno de vida. Estéticamente puede llamarnos la atención, pero no siempre lo más bonito es ni lo mejor ni lo correcto. En el caso del río, que se seque es lo natural.

Así que, aunque choque con intereses de ocio o paisajístico, dejemos al río que siga su camino. Por una vez hagamos caso a la naturaleza, y dejemos que el Arga vaya por donde tiene que ir y como tiene que hacerlo. Una presa menos, mucha más vida.