Cuerpos, estival negocio

Por Ilia Galán - Jueves, 2 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

aplastados bajo el calor, los cuerpos hispánicos, unidos a millones de extranjeros, se refugian a la sombra de los ventiladores, aires que vuelan frescos y acondicionados o sumergidos en las aguas de ríos, piscinas y océanos, a veces tan calientes como la sopa, para dejar su sabor con especias de bronceador. El verano muestra nuestras carnes al aire, buscando su refresco, en una moda contemporánea que con gusto comparto. Antaño nadie parecía sufrir tales ocurrencias de abrasarse voluntariamente en paños menores bajo el sol, salvo si trabajaba por obligación en alguna dura ocupación.

Lo moderno, desde poco después de la Segunda Guerra Mundial, es, de modo masivo, no solo ir a tomar el sol entre baños a playas o arroyos, sino cultivar el cuerpo como una escultura que los medios de comunicación, la moda, se encargan de modelar destrozando cánones y enloqueciendo a muchas personas que buscan adecuar su genética a ciertos prototipos inalcanzables. El resultado es que, según algunas encuestas, siete de cada diez españoles no solo cuida su cuerpo, lo que es digno de encomio, sino que con su máquina biológica está obsesionado para que esté morenito o estilizado, vigilando arrugas y supuestos daños. Esto, unido a la vida en la red, que los jóvenes y los no tan tiernos habitan en las pantallas de sus teléfonos enviándose imágenes, haciéndose a sí mismos retratos de uno y otro lado, muestra nuestra vida reducida a la superficie, a lo más material de la existencia, también dirigida por otros. Cáscara, fachada, vanidades...

Mientras, los asuntos importantes de la política, los que llevarían a un reparto más justo de los beneficios y a dotarnos de bienestar, buscando lo mejor para la mayoría de la población, quedan a un lado (¿Felicidad? ¿Quién habla de virtudes ya?). Solo las protestas en torno al abdomen, lo que con nuestro cuerpo hacemos o no, tienen grandes seguidores, según los órganos que Natura nos dio o escogimos con un quirófano. Así, cuando se debate un impuesto para la banca, esta, con enormes beneficios, se revuelve diciendo que es injusto. Así se considera la justicia, ahogándose en un mar de monedas que solamente algunos manejan, y luego se quejan... materia. Siempre hay un deseo mayor, detrás de cada objeto, pues nada sacia, como bien descubrió hace siglos Agustín de Hipona: diseñados fuimos para el infinito. La ambición y la avaricia no saben de límites y la bolsa a menudo se nos rompe tratándola de llenar de objetos que no podremos portar más allá de la tumba. Vivir en el corto horizonte de la materia es sufrir límites muy severos, aunque intentemos superarlos, inútilmente, acumulando.